Sin lugar a dudas esta crisis sanitaria llegó a destapar todas las carencias en un sistema de salud colapsado y sobrepasado que durante años aparentó funcionar, orillándonos a trabajar con los insumos mínimos con los que cuentan los hospitales, mejor conocido entre los trabajadores de la salud como “medicina basada en lo que hay”.

Las autoridades mencionan que la tasa de mortalidad en México es mayor que en otros países y es comprensible cuando en los hospitales te enfrentas a diversas situaciones, entre ellas:

1) No contamos con un equipo de protección personal adecuado, recalcando que la mayoría de nosotros lo ha comprado

2) No se cuenta con los fármacos básicos para la atención de pacientes, mucho menos con ventiladores de calidad y suficientes

3) Bajas en el personal de salud: cada día disminuye el número de médicos y enfermeras para la atención de pacientes, ya que tienen incapacidad por enfermedad COVID-19, permisos durante la contingencia por enfermedad o salen de vacaciones y en consecuencia al menos en el servicio de urgencias, solo se ha contado con uno o dos médicos a cargo de todo el servicio por turno (habitualmente el nocturno), por lo que no nos damos abasto para valorar a todos los pacientes y para tratar de resolver este problema. 

En el caso de los médicos, se contrataron médicos generales, quienes no están capacitados para la atención y realización de procedimientos a pacientes graves y de alguna forma su trabajo se limita a la consulta. Existe una mayor carga de trabajo, así como tensión laboral y vendrán semanas más difíciles por lo que la interrogante actual es: ¿quién valorará a los pacientes las próximas semanas si el personal capacitado estará enfermo o en el peor de los casos muerto y todo porque las autoridades jamás dieron ni dan la importancia debida al cuidado del personal de salud?

Urge personal médico especializado suficiente en los hospitales, con equipos de protección personal como lo dictan las normas internacionales, urgen insumos básicos para la atención de pacientes y urge que las autoridades protejan al personal de salud y a los pacientes.

Y ya ni hablar de los problemas personales y familiares que ha ocasionado esta crisis sanitaria, ya no puedes ni salir a la calle por temor a que te agredan, lo peor que te puede suceder es que se den cuenta de que eres médico. Desde mi perspectiva lo más doloroso y difícil de esta crisis es alejarte de tu familia por miedo a contagiarlos, por lo que nos hemos visto obligados a quedarnos aislados en un cuarto, patio o algún rincón de la casa donde no tengamos contacto con nadie.

A final de cuentas tenemos que vivir esta crisis laboral, personal y social sin nuestra familia y es entonces cuando te planteas la posibilidad de renunciar, ¿para qué pones en riesgo tu vida y la de tu familia?, si las condiciones de trabajo no son adecuadas y ni siquiera cuentas con lo mínimo necesario para desempeñarte.