Pero claro. Allá en La Casa del Pavo se hizo la película de Roma. Estuve yo ahí, pero sólo seleccionaron a algunos compañeros del personal del restorán y yo no tuve la suerte de salir, nada más anduve viendo; como quien dice: de mirón, de lejos. Eran tiempos felices, porque afortunadamente no podíamos quejarnos: poco o mucho, había trabajo; podía uno salir con sus broncas adelante, pero, pues, ahora sí que eso era pasajero, ¿verdad?

Ahí me la vivía yo, en el restorán… Vivía, tiempo pasado, porque ahora estoy en mi casa, la casa de usted. Y tuvo usted suerte de encontrarme aquí, porque yo allá me la vivía; ahora ya llevo cinco o seis semanas aquí, en la casa de usted, desde finales de marzo.

En el restorán estuvimos un rato con ventas a domicilio, pero llegó el momento en que ya era insostenible: vieron los dueños que no había nada de ventas, entonces dijeron que no tenía caso que estuviera abierto y estuviéramos exponiéndonos a infectarnos e infectar a otras personas. Tuvieron que cerrar el restorán y nos quedamos sin empleo 10 trabajadores, todos parejo, sin goce de sueldo. No firmé ninguna renuncia, nada más nos dijeron que iban a cerrar temporalmente mientras pasaba esto. Estamos esperando cuando se pueda regresar, pero, como lo veo, está muy complicado, ¿verdad? Y, la verdad, estamos pasando una situación muy difícil.

Estoy sobreviviendo con lo que pude alcanzar a guardar, pero ya se me acabó. Ya ve que nosotros dependíamos, más que nada, de las propinas y del pequeño sueldo que nos dan, y desgraciadamente ya ni de eso disponemos. Ahorita la que me está haciendo el favor es mi hija, porque ella trabaja, pero tiene una estética y ya pasaron a decirle que tiene que cerrar. Entonces, yo me pregunto: ¿qué vamos a hacer ahora que ya ni ella ni yo podamos trabajar? De mi hija también dependen sus dos hijos y la veo ya preocupada, ya desesperada, porque también a ella ya le quieren cerrar su negocito. ¿Qué vamos a hacer todos aquí, sin dinero?, ¿qué vamos a hacer, qué vamos a comer? Es una situación muy dura, muy difícil.

Yo he querido conseguir trabajo por otro lado, pero definitivamente no lo hay. Mire, yo, en base a lo que he aprendido, en mi experiencia, fui a buscar a algunas taquerías, restoranes y eso, pero no hay, no hay, señor, no hay chamba; al contrario, por la situación, ellos están aguantando a sus gentes, y ahí es cuando viene lo difícil, porque uno dice: caray, aquí están aguantando a sus trabajadores. ¿Y uno? Uno aguantando solo.

Mis patrones quedaron de comunicarse con nosotros, pero hasta ahorita no hemos recibido ni una llamada. Yo, de hecho, le llamé a mi patrón y me dijo que había que aguantar a ver qué pasaba, pero, pues, para ellos es fácil aguantar, ¿pero nosotros, que vivimos al día? Es por eso que yo le marqué. Ya ve que había ofrecido el gobierno unos préstamos; yo le dije: “oye, ¿no habrá modo de que ustedes hagan una solicitud para que les hagan el préstamo y así nos puedan ayudar a nosotros?”. Dijo que iban a ver eso, pero sigo esperando. Le hablé hace 8 o 15 días. Y mire: siguen “viendo”.

Aparentemente conocemos a nuestros patrones, pero ya ve que uno no sabe: en las circunstancias difíciles se ve cuando de veras uno conoce o no conoce a la gente, y ahorita como que ya me estoy sintiendo como desilusionado y defraudado, porque uno con las ganas de chambear y echándole ganas y todo, para que ellos, en estos momentos, no nos apoyen. Es triste, ¿no?, y difícil de aceptar. Yo tengo 24 años ahí trabajando, matándome, como quien dice, señor, yo ahí les hacía desde lavar trastes hasta estar en la plancha, de lonchero, de todo le hago ahí.

Y no entiendo por qué dicen las autoridades que están dando apoyos, yo no he sabido de ningún apoyo, intenté arrimarme a la alcaldía de Iztapalapa a solicitar un apoyo, y pues que no, que ahorita no había servicio, que ahorita no había nada, que estaban apoyando a las gentes mayores que yo, entonces yo, que tengo 58 años, estoy entre los mayores y los menores, y de todos modos no alcanzo nada.

Dicen que a mi edad estoy más en riesgo por la enfermedad, pero yo, con todo ese riesgo, tengo que buscar la forma, y la he buscado, pero no he tenido suerte. Oiga, tiene uno que arriesgarse, ¿no? Dice el gobierno que se quede uno en casa, ¿y qué voy a comer?, ¿qué vamos a comer?

Ojalá Dios quiera que esto mejore. Es la esperanza de todos nosotros: que esto se pase lo más pronto posible y poder regresar cada uno a sus labores normales, porque la situación es muy dura, muy difícil.

Nosotros vamos a seguir sobreviviendo, a ver cómo nos va, y seguiremos buscando la forma.

Mi plan es el mismo: seguir empeñado en lo mismo: buscar el modo.