La zona rosa está muerta. Es un desierto ahora mismo: los restaurantes, las plazas comerciales, las tiendas, todo está cerrado. Y, claro, las estéticas y las peluquerías también cerraron, o corrieron a la gente porque no hay clientes a los que atender. 

Yo perdí mi empleo hace algo más de un mes, cuando empezó fuerte la pandemia del coronavirus en la ciudad. Desde entonces, la situación ha sido muy complicada para todos. Aunque para los que dependemos de la clientela, de la gente, creo que ha sido un poco más. 

En mi caso, muchas oficinistas de Reforma iban al salón a peinarse muy temprano. Ya era una rutina de trabajo y un ingreso casi seguro. Pero, ahora, la mayoría de la gente que trabaja en oficinas lo hace desde casa. En jom-ofis. Así que ya perdí esas clientas y ese ingreso. Además, mucha gente prefiere no cortarse el pelo hasta que pase esto del virus. Porque, ahorita mismo, para qué quieren arreglarse si no pueden salir de casa. 

La mera verdad, sí me ha cambiado mucho la vida en poco más de un mes por el mentado virus. Apenas me alcanza para comer y lo justo para ir tirando. Se acabaron los lujos, las ropas, los tenis nuevos. Aunque, pensándolo bien, para qué quieres ropa nueva si tampoco puedes salir a lucirla a ningún sitio, ¿no? 

Ahora sobrevivo con el poco trabajo que me sale para ir a domicilio. Yo me desplazo a donde me digan, no me importa la distancia. Los costos los voy disminuyendo como puedo. Por ejemplo, viajo siempre en metro, en camiones, o hasta en los peseros. Me da igual. Ahí veo cómo le hago. Pero no me puedo dar el lujo en este momento de perder ni un servicio, aunque esté lejos de la chingada. 

¿Miedo? Sí, claro que tengo miedo. Me da mucho temor contagiarme. Por eso siempre llevo puesto el cubrebocas, guantes, y me lavo las manos antes y después de cortar el pelo al cliente. Siempre.

Aunque casi me da más miedo que, en una de esas que voy en el metro o en combi, me asalten. Dicen que ahora, por la misma falta de trabajo y la desesperación de la gente, están robando mucho en el transporte público y en la calle. Eso me preocupa mucho, porque yo voy con mi maleta llena de herramientas de trabajo y de productos químicos de belleza que son muy caros. ¿Te imaginas si me asaltan? Entonces si que no sabría qué hacer.

Cuando esta pesadilla acabe mi idea es volver a trabajar en un salón de belleza. Recuperar mi vida, pues. Espero que todo se restablezca poco a poco, aunque va a estar difícil que todo sea normal, como era antes.  

Pero me gusta pensar que sí. Que cuando por fin volvamos a las calles, va a ser un gran momento para todos, un gran alivio. 

Esta pandemia también nos ha dejado una gran enseñanza y es que los mexicanos, como pasó con el temblor de 2017, no nos quedamos con los brazos cruzados y a ver qué pasa. Nosotros siempre tratamos de buscar alternativas por dónde sea, y sobrevivir. Porque no hay de otra. Tenemos que sobrevivir, levantarnos. Y aunque no será de inmediato, creo que sí lo vamos a lograr.