Sí, protesto. Levanté la mano derecha y con mucho orgullo me convertí en licenciada en Derecho. Fue distinto, a distancia, sin los protocolos tradicionales de un examen profesional. Aún como que no me la creo: me titule en plena pandemia.

Un día antes de mi examen, en la casa se había ido la luz muchas veces, entonces tenía pánico de que también se fuera mientras hacía el examen y el internet dejara de funcionar.

Una hora y media antes de iniciar se fue la luz. Ufff, fue todo un caso y yo ya estaba bastante nerviosa. Por fortuna regresó 15 minutos antes de que comenzaran las pruebas de audio. Ya cuando estaba en la exposición hubo algunas trabajas por la señal pero afortunadamente nada grave.

No tuve al jurado frente a mi sentado en una mesa, tampoco tuve cerca a mis amigos, familiares y profesores. No al menos físicamente en el mismo espacio. Su apoyo siempre estuvo.

Además de mis sinodales, el director de la Facultad estuvo en la sesión virtual, viéndome y escuchándome. Eso fue un honor ya que no sucede en los exámenes profesionales.

Frente a mi estaba la computadora, una aula virtual en la que expuse y defendí mi tema de tesis. Los nervios y la emoción fue tanta. Fui la primera alumna de la Facultad de Derecho de la UNAM en titularse así, en línea.

Todo era nuevo para mí, y el nervio estaba ahí porque no sabía qué esperar o cómo se iba a hacer. Ya conocía el protocolo tradicional, el que se hace en persona en el aula de la Facultad, pero así no se había hecho.

El COVID-19 llegó a nuestra vida, se suspendieron las clases y estaba frente a dos opciones: presentar mi examen vía remota o esperar hasta octubre si bien me iba y el coronavirus nos daba tregua.

Al principio, no puedo negarlo, fue difícil tomar la decisión de presentar mi examen así. Yo quería que la gente escuchara mi tema, mis argumentos. Me emocionaba que fueran mis amigos, mi familia, mis maestros.

Creo que a veces es muy bueno cambiar lo que llamamos “normalidad” y atrevernos a hacerlo distinto. No me arrepiento. Volvería a tomar la misma decisión.

Estoy muy emocionada y orgullosa de mí, no esperaba lograr esto en medio de una emergencia sanitaria: titularme, y además, recibir mención honorífica. 

El examen fue en mi casa, en un área que ocupamos como estudio. Por protocolo tuve que estar sola en la habitación. Pero siempre me sentí apoyada, mis papás y hermanas −con quien paso la cuarentena −estaban afuera, igual, nerviosos y súper emocionados.

El festejo fue pequeño, familiar, y un poco cibernético, el resto de mi familia y amigos se conectaron por zoom.

No hubo un grito de goya con los sinodales, pero sí en mi familia cuando todo acabó. Mi abuelo estudió en la UNAM, igual que mis padres y hermanas, entonces fue algo muy especial para todos que gritáramos tras un ¡México!, ¡Pumas!, ¡Universidad!

Todos estábamos muy emocionados. La familia no podía estar en el examen ni virtualmente mientras hablaba de mi tema, fue algo extraño pero a la vez muy lindo sentir su apoyo y cariño como si estuvieran muy cerca de mí.

Los planes fueron cambiados por completo. Desde que terminé la tesis y estaba esperando la fecha del examen, ya teníamos planeada la celebración. Un desayuno saliendo del examen con mis abuelos y más tarde una comida/fiesta con toda mi familia y mis amigos de la Facultad.

No tenía ropa lista para el día del examen, por el confinamiento no pude salir a comprar. Vivo en Ciudad de México, pero me vine a pasar la cuarentena en casa de mis papás, a Querétaro, entonces tampoco tengo toda mi ropa.

Antes de que me dijeran lo del examen mi mamá me había regalado un vestido y ese fue el que usé. Todo fue muy apresurado en cuanto a tiempos, entonces tampoco pude comprar uno por internet, pero todo se fue acomodando.

Espero que cuando esto acabe, mi titulación sea un pretexto para poder ver a toda la gente que quiero y que me hubiera gustado que estuvieran ahí conmigo en ese día tan importante.

El tema de mi tesis me apasiona mucho y habla sobre las obligaciones que el Estado mexicano no ha cumplido en cuanto a regular sobre la protección del patrimonio cultural de los pueblos indígenas. Sí, toda aquella creación que no tiene un cuerpo físico, −no solo las artesanías−, sino todo ese proceso artístico de tradición que hay: música, baile, por ejemplo.

Esto me interesó muchísimo antes que todo ese boom de Carolina Herrera que utilizó los bordados mexicanos. Cuando se hablaba mucho de eso ya estaba escribiendo la tesis.

Mi tesis se llama:“Responsabilidad del Estado mexicano de proveer mecanismos de protección efectiva al patrimonio cultural inmaterial de los pueblos indígenas”.La trabajé con la doctora María Elena Mansilla, una de las juristas más reconocidas en derecho internacional. A finales de enero de este año falleció y de esta forma la universidad también le rindió un homenaje. Yo siempre estaré muy agradecida por todo el tiempo que dedicó a mi trabajo.

Ufff, ahora que lo pienso, pasó de todo.

El examen y la pandemia fue algo inesperado, pero hubo otra posibilidad y se tomó. Creo que debemos estar listos para cambiar un poco lo que antes era “normal”, atrevernos un poco al cambio. No tener miedo al cambio.

Antes lo normal era presentar el examen profesional en un auditorio de la Facultad, pero creo que “mi nuevo normal” es bastante satisfactorio para mí.

Yo creo que lo que sigue en mis planes es aplicar una beca para una maestría o buscar un posgrado. Vienen momentos complicados pero no podemos darnos por vencidos.

El coronavirus no me frenó y eso para mí es una gran lección.

La pandemia permite cuestionarnos muchas cosas que hemos normalizado. Al menos así fue conmigo.