Desde que empezó esto, a mediados de marzo, me quedé en casa de la señora donde trabajo. No voy a poder salir hasta este 1 de junio. No salimos para nada, la compra y todo nos la traen.

En parte estoy bien porque tengo trabajo y puedo mandarle a mi familia, para que coman. Por otro lado, pues mal porque no puedo ver a mi familia.

Yo tengo a dos hijas y mi esposo, que se quedaron ahí en el pueblo, en Ixtlahuaca. Antes cada ocho días descansaba domingo y lunes. Ahora llevo desde mediados de marzo sin poder ir a mi casa.

Espero poder volver en la primera semana de junio. Pero, como se dice que es un virus que tenemos que aprender a vivir con él, a veces pienso que cuál es el chiste de que estemos guardados, si va a estar un buen tiempo. En realidad, no creo mucho en el virus. Me preocupa enfermar, pues como a todos. Pero yo soy de las personas que siempre tiene fe, y todos sabemos que un día nos vamos a morir. Ahora sí, creo que estamos todos expuestos a todo.

La señora es muy consciente y ella siempre dijo que trabajemos menos aunque estemos aquí todo el tiempo. Es muy buena la señora, no me puedo quejar. Estamos yo y una compañerita.

Me despierto a las 6.30, bajo a las 7.30 y tengo que limpiar, barrer, los jardines, hacer cocina, la recámara de la señora, los baños. De la cocina se encarga la otra señora, pero yo le ayudo. Ella también se ha tenido que quedar.

El resto del tiempo, pues la paso en mi recámara.

En realidad, estoy mejor que otras compañeras. Varias se tuvieron que ir para el pueblo, ahora si que no les dieron más que lo de 15 días o 20 días. Y no las han llamado. Les dijeron que regresarían, pero no, no las han regresado.

Mi esposo se dedica al campo y ahora no hay empleo, así que yo soy la que saca adelante la familia.

Tengo dos hijas, una de 17 y otra de 16. Lo primero que voy a hacer va a ser abrazarlas. Y a lo mejor, pues valorar más la familia.