Definitivamente esta pandemia nos rebasó a todos, pero creo que los más vulnerables volvemos a ser nosotros: la población con un hijo o un familiar con discapacidad.

Mi hijo tiene 6 años y Síndrome de Down. Estaba en una escuela regular en kínder, esperando que, además de ser integrado, fuera incluido en las actividades y, si bien es cierto ya era complicada esta lucha con la escuela, ahora lo es más porque nos quedamos solos. Los contenidos en TV o internet no cuentan con las adecuaciones para nuestros hijos, y entonces nos vemos en la disyuntiva de dejar pasar el ciclo escolar y buscar alternativas en casa con terapeutas o maestras que puedan darle la atención y el seguimiento; yo me siento en un túnel sin salida sin saber si estoy haciendo lo correcto.

Mi hijo no entiende por qué no puede abrazar a nadie, por qué ya no va a la escuela, por qué ya no va a jugar a un lugar lúdico, por qué ya no sale de su casa.

Definitivamente la educación inclusiva no existe y, aunque en casa hacemos el esfuerzo por buscarle alternativas, sí creemos que más allá del aprendizaje, necesita el contacto social con sus pares.

Ahora que inició el ciclo escolar, intenté ponerle la TV a mi hijo para ver si llamaba su atención y, por el contrario, se enojó y se fue a otro lugar, porque ¡si no logra la atención sostenida 10 minutos con un maestro presencial, menos ante la TV o la computadora!

Me siento triste al saber que esta situación tal vez nos traiga un retroceso, puesto que yo no tengo las herramientas ni el conocimiento para ayudarlo.

Gracias por este foro en el que por lo menos nos sentimos leídas.

Este testimonio fue entregado al equipo de YoTambién.