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De amor y otras hierbas
Por Maricela Rosales
Maricela Rosales Camacho es Licenciada en Publicidad, visionaria de la vida a través de la sonri... Maricela Rosales Camacho es Licenciada en Publicidad, visionaria de la vida a través de la sonrisa, esperando siempre ver el lado del cuál masca la iguana, una chica con suerte, escritora de historias románticas desde un punto de vista humorístico y cruel, del amor hacia la vida y lo cotidiano. Personaje principal del cual siempre se burla, ella misma. En proceso siempre de morfosis y fotosíntesis. Convive con sus amigos imaginarios a cada paso. Síguela en Twitter: @maricelarosales (Leer más)
Desabasto de empatía
Hay gente que, al igual que cuando conduce, se transforma al navegar por la red. Cuando nos comunicamos en el mundo digital escribimos cosas que no somos capaces de decir cara a cara.
Por Maricela Rosales
14 de enero, 2019
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La vida humana es vida social. La evolución supone un paso de lo simple a lo complejo. Aristóteles definió al hombre como un animal político por naturaleza.

Hoy las estructuras sociales implican distintas formas estandarizadas de relaciones de ordenamiento, de distancias sociales de jerarquías y de dependencia de unos individuos a otros.

El fenómeno de las redes sociales ha revolucionado nuestro concepto de relación social clásica y nuestra  inversión en tiempo libre. En ellas buscamos contactos con aquellos con los que perdimos trato, mantenemos amistades, o las hacemos nuevas.

Las relaciones sociales han sufrido una transformación progresiva y se han reforzado, en el caso de las amistades a distancia, y renovadas, en el caso de las  amistades tradicionales o las relaciones entre compañeros de clase o profesionales.

Pero también han contribuido al distanciamiento y reagrupamiento por pensamientos y preferencias de ideas políticas.

Hay gente que, al igual que cuando conduce, se transforma al navegar por la red. Cuando nos comunicamos en el mundo digital escribimos cosas que no somos capaces de decir cara a cara.

Todos sentimos odio hacia algo o alguien en algún momento de nuestra vida.  Odiar es un sentimiento, no un delito, pero sí lo es incitar a la violencia y discriminación. Información, educación, activismo pero sobre todo empatía son herramientas para combatir el acoso y el discurso de odio en Internet.

Facebook, twitter, YouTube, WhatsApp, Instagram, se convirtieron en un ring político virtual donde el gobierno actúa, la oposición crítica, los analistas opinan, los ciudadanos se quejan, y los insultos y mentiras se esparcen rápidamente.

¿Son las redes sociales el lugar donde cualquier usuario puede interpelar a sus gobernantes sin intermediarios o la cloaca donde tienen eco los odios y los prejuicios más intensos de la sociedad?

Sería muy osada en dar una respuesta rápida, sin embargo sí puedo afirmar que a veces parece un mundo paralelo, ese donde “no estamos de acuerdo con nadie” y hasta los propios haters se odian entre sí.

Como dirían por ahí “haters gonna hate”.

¿Quién no pertenece a algún grupo de Facebook que es monopolizado por unos pocos, que lo saturan repetitivamente imponiendo sus posiciones. ¿Quién no ha escrito su opinión en su muro o línea de tiempo de twitter sobre algún tema controvertido, siendo a continuación atacado e insultado por un grupo de personas (casualmente las mismas de la vez pasada)? ¿Quién no ha hablado de cualquier tema y casualmente (los mismos) tratan de crear una discusión para hablar del tema que les interesa, aunque no tenga nada que ver con el origen de ese tema?

Quien practica este uso de las redes sociales cree que su causa es legítima, noble y justa, creen ser héroes que deben vigilar la verdad para que nadie la manche con sus opiniones. Quizás quienes se dedican a actuar de esta forma olvidan que no pueden negar el derecho de las personas en su ámbito privado: a tener su propio juicio y punto de vista, a no tener que dar explicaciones, razones o excusas para justificar sus comportamientos; tienen derecho a cometer errores o a cambiar de parecer, decir «no lo sé», no depender de la «buena voluntad de los demás», tomar decisiones ajenas a la lógica común, decir «no lo entiendo» y «no me importa».

Toda esta reflexión por supuesto sin contar que muchas de las tendencias de comunicación son impulsadas y organizadas por grupos con intereses bien definidos, pero eso es tema para otra ocasión.

Ya no odien oingans.

 

@maricelarosales

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