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Afromexicanas en primera persona
Las mujeres afromexicanas viven cotidianamente la invisibilidad, además estas comunidades siguen siendo sinónimo de pobreza.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
28 de octubre, 2016
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Por: Patricia Ramírez Bazán y Beatriz Amaro Clemente (@Bety_AC)

Las mujeres afromexicanas viven cotidianamente la invisibilidad. La falta de reconocimiento, la discriminación, la negación de ciudadanía y distintos tipos violencia son algunas situaciones que enfrentan por ser  mujeres afrodescendientes. Patricia Ramírez (Guerrero) y Beatriz Amaro (Oaxaca), dos mujeres de la Costa Chica, hablan en este plumaje sobre la situación de las mujeres Afro, las exclusiones, avances y los retos pendientes para el Estado Mexicano. Sus palabras resonaron fuertes y claras en el I Foro de Mujeres Afromexicanas de la Costa chica, organizado conjuntamente por el ILSB y Fondo Semillas. Aquí su voz, en primera persona.

Patricia 

¡Neeegraaa! Desde que tengo memoria así me llamaban mis hermanos y la gente que me ha querido. Mi tía decía que mi bisabuela venía de un lugar que se llamaba El Charco, que estaba por allá por el rumbo de Cuaji y que ella era negra…

Cuando salí a estudiar a Chilpancingo tenía 19 años. Y las preguntas no se hicieron esperar. ¿Qué de dónde soy? ¿Qué de dónde vengo? Digo yo: de la Costa Chica. ¡Ah! De donde las mujeres son arrechas. Eso dicen, que somos accesibles sexualmente. En el Mezón, el pueblo de donde vengo yo, esos temas ni se tocan. En la capital me juzgaban porque me gusta bailar de cierta manera o hablo diferente. En este caminar, fortuna fue encontrar a otras mujeres a las que les pasaba lo mismo. Nos identificamos. Primero por ser costeñas, luego por vivir los prejuicios y discriminaciones que vivimos las mujeres negras.  Me acuerdo que la primera vez que escuché el término afromexicana se lo oí a una amiga de la universidad, pero me dijo que yo no era afro. Me negué a aceptarlo, porque ser negra va más allá del color de piel y de los rizos.  Yo así he vivido, como negra. Sí negra, porque es lo que soy. Ese término que muchos ocupan para discriminar a mí me enorgullece, me llena. Afromexicana soy por mi ascendencia africana, por aquellos y aquellas que fueron arrancados de su territorio. Somos nosotros sus descendientes ya por muchas generaciones nacidos en México.

Beatriz

Durante los últimos años en distintos espacios se me ha cuestionado el porqué hablar del reconocimiento del pueblo afromexicano, ¿quiénes son? ¿Acaso hay negros en México? A pesar de estar documentada la entrada de personas esclavizadas de origen africano en tiempos de la Colonia, a partir de la independencia, los descendientes de aquellos hemos sido sistemáticamente negados como consecuencia de la exaltación del pasado indígena y el mestizaje en la construcción de la identidad nacional.

Hoy nos afirmamos como las y los descendientes de personas arrancadas de la madre África y traídas en condición de esclavitud en nombre del progreso y desarrollo de la recién invadida América. Hoy reivindicamos nuestra historia y nuestras aportaciones a la construcción de esta nación. No podemos negar las raíces afro de héroes como Morelos, Guerrero o Guadalupe Victoria. Ni tampoco los aportes culturales de nuestro pueblo.

Hoy nos reafirmamos con orgullo como negras, como afromexicanas, puesto que la invisibilidad histórica no ha sido obstáculo para que nuestra cultura se cree, y se recree, permitiendo nuestra sobrevivencia y resistencia a los más de 300 años de esclavización y a los 200 años de negación y blanqueamiento.

De acuerdo con el INEGI (2015), la población afromexicana representa el 1.2 % de la población total, aproximadamente 1.4 millones de personas, de las cuales 705,000 somos mujeres.

La Declaración de Santiago y la “Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación racial, la Xenofobia y las formas conexas de Intolerancia” (2001), mejor conocida como Conferencia de Durban, nos otorgó la categoría política de  afrodescendientes y sentó precedente para exigir el pleno respeto de nuestros derechos. Sin embargo, en México los avances han sido pocos.

Los pueblos y comunidades afromexicanas siguen siendo sinónimo de pobreza. Basta decir que en Oaxaca el municipio de Santiago Tapextla, cuya población se autodetermina afromexicana en un 84 %, tiene niveles de pobreza de 89.7 %.  El 51.7 % de sus habitantes viven en pobreza extrema. Esta es solo una parte de la realidad, derivada del no reconocimiento de las poblaciones afromexicanas y  de la ausencia de políticas públicas específicas dirigidas a esas comunidades.

Sin reconocimiento constitucional

A pesar de las recomendaciones internacionales para el reconocimiento constitucional y de las acciones necesarias para cumplir con los objetivos del Decenio Internacional para los afrodescendientes 2015- 2024, proclamado por la ONU, hemos encontrado poco eco en las instituciones que en concordancia con el artículo segundo constitucional deberían atender nuestras demandas.

En términos generales podríamos decir que sólo contamos con el apoyo de Conapred que nos ha proporcionado asesoría en diversos procesos. De este acompañamiento resultó la inclusión de la pregunta sobre afrodescendencia en la Encuesta Intercensal 2015, el Foro sobre los derechos colectivos de los pueblos y comunidades afromexicanas,  llevado a cabo el 22 de septiembre en el Senado, así como el conversatorio con INEGI dónde se discutieron los resultados de la encuesta y la ruta para incidir en el Censo 2020.

Como movimiento de mujeres afromexicanas sabemos que existen líneas de acción en el Programa Nacional por la Igualdad y la No discriminación, así como un Plan Nacional para lograr los Objetivos del Decenio, pero nunca fuimos consultadas, ni se dio a conocer manera institucional los contenidos de dichos planes.

Por ello señalamos que los procesos de desigualdad generados por el racismo institucional y la discriminación, hacen necesario el reconocimiento de los pueblos negros conceptualizándonos como sujetos de derechos colectivos, reivindicando nuestra diferencia cultural y reconociendo las aportaciones que los afromexicanos hemos hecho a la conformación de la nación mexicana.

Tal como ya lo establecen las constituciones de Guerrero y Oaxaca, que son los estados con mayor porcentaje de población afromexicana en nuestro país y que han sustentando este reconocimiento considerando que las comunidades afromexicanas poseen aspiraciones comunes y afirman libremente su existencia como pueblos culturalmente diferenciados.

El Estado Mexicano está obligado a ir más allá de solo cumplir con las recomendaciones internacionales en la materia. Es necesario construir un verdadero proceso en el que se privilegie la consulta, el diálogo directo con los pueblos y no solo la visión académica, institucional y/o de las organizaciones. Así, consultándonos se podrá lograr un mejor diagnóstico de nuestra realidad que redunde en el reconocimiento pleno, en el ejercicio de nuestros derechos individuales y colectivos. Asimismo, eso permitirá elaborar políticas públicas para abatir los graves rezagos en materia de desarrollo, salud y educación, teniendo en cuenta que el reconocimiento no traerá per se la justicia y el desarrollo.

El reconocimiento de la población afromexicana debe incluir discusiones sobre la igualdad étnico racial y lograr que legislaturas y gobiernos sean enriquecidos no sólo por la presencia de mujeres y hombres sino también por la cosmovisión de los pueblos indígenas y afromexicanos.

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La voz de las mujeres afro

Todas las voces somos necesarias en el proceso de construcción de la agenda nacional afromexicana que nos permita cumplir con los Objetivos del Decenio Internacional para los Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo. Se debe reconocer el papel de las organizaciones sociales afros, que estamos iniciando un nuevo proceso de construcción en unidad, buscando consensos a partir de las coincidencias, para formar un frente común de lucha e incidencia política social. Como parte de las acciones a favor del reconocimiento constitucional del pueblo afromexicano tanto en los niveles estatal como federal, se han realizado una serie de foros y coloquios diversos dónde se han planteado las realidades y necesidades que, como pueblo afromexicano tenemos, sin embargo la mayoría de estos espacios dejan de lado la visión de las mujeres negras.

Es por ello que a partir de 2014 se empezó a gestar un importante movimiento de mujeres afromexicanas, pertenecientes a diversas instituciones, organizaciones y corrientes políticas. Tenemos como principal acuerdo trabajar a partir de nuestras coincidencias y dejar de lado nuestras diferencias. Hoy soy portavoz de las compañeras lideresas comunitarias y de muchas otras que por diversas circunstancias no tienen este espacio. Hemos realizado procesos organizativos comunitarios como la escuela itinerante, la cátedra itinerante, el programa de fortalecimiento de liderazgos de mujeres afromexicanas. Hemos generado alianzas importantes para lograr que nuestra voz sea escuchada. Nos hemos encontrado con muchos obstáculos en el camino, y no solo de compañeros hombres, también de mujeres. Hoy podemos afirmar que dentro del movimiento afromexicano las mujeres hemos ido conquistando día a día, mayores espacios en la toma de decisiones.

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Nosotras podemos cambiar este sistema que nos relega, minimiza, violenta y sexualiza. Un sistema que nos coloca en una situación de subordinación y vulnerabilidad frente a los hombres y nos limita en el ejercicio de nuestros derechos.

Hemos aprendido a amarnos y nuestro reto es que cada vez un mayor número de mujeres podamos decir “soy orgullosamente negra” o “soy orgullosamente afromexicana”. Pero que este auto reconocimiento se dé con plena conciencia de la historia e identidad. Somos fuertes y valiosas, con un origen común pero con diversas historias, quizá fenotípicamente diferentes pero sobre todo somos únicas y hermosas. Estamos ciertas de que el reconocimiento efectivo solo se logrará con el compromiso y la voluntad política.

En estos momentos se encuentra una iniciativa para el reconocimiento constitucional del pueblo afromexicano en la cámara de senadores, creemos que es impostergable y que esta legislatura tiene la oportunidad y alta responsabilidad de saldar la deuda histórica que México tiene con sus pueblos negros. Logrando así un México más incluyente, más justo. Un México verdaderamente pluricultural.

 

@ISBeauvoir

 

 

Cuajinicuilapa, Guerrero.

INEGI, Encuesta Intercensal 2015

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