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De pandemias, escuelas y cuidados
La pandemia del Coronavirus nos pone ante una situación extrema, que evidencia un fenómeno cotidiano pero poco visibilizado, que es al mismo tiempo origen y consecuencia de muchas desigualdades: la conciliación entre el cuidado de personas dependientes y el trabajo remunerado.
Por Valentina Zendejas
20 de marzo, 2020
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Ante la llegada inminente del Coronavirus a nuestro país, una de las primeras medidas tomadas por el gobierno fue la suspensión de clases por dos semanas, antes de la Semana Santa. Si bien la salud de la niñez debe siempre ser prioridad, esta medida tiene un impacto importantísimo para las familias de los más de 30 millones de niños y niñas que dejarán de ir a la escuela. ¿Quién cuidará de ellos? ¿Cómo conciliarán las familias el cuidado de las y los menores con sus responsabilidades laborales?

La pandemia del Coronavirus nos pone ante una situación extrema, que evidencia un fenómeno cotidiano pero poco visibilizado, que es al mismo tiempo origen y consecuencia de muchas desigualdades: la conciliación entre el cuidado de personas dependientes y el trabajo remunerado.

Incompatibilidades horarias

La división tradicional al interior de las familias de “hombre-proveedor / mujer-ama de casa” se ha modificado radicalmente y hoy casi la mitad de las mujeres realiza un trabajo remunerado. No obstante, ellas no han reducido el tiempo que dedican al cuidado de las personas dependientes en sus hogares, y aunque algunos hombres han comenzado a realizar estas tareas, dedican hasta tres veces menos tiempo que las mujeres.

Por su parte, los horarios y periodos escolares para la educación básica no se modificaron para adaptarse a las nuevas realidades laborales de la población, así las primarias públicas en nuestro país, a las que asisten el 90% de las niñas y niños de entre 6 y 12 años1 siguen funcionando en jornadas de entre 4 y 5 horas diarias de clases, horarios incompatibles con las jornadas de trabajo promedio de entre 9 y 10 horas diarias, donde además, la mitad de la población destina hasta dos horas diarias en desplazarse de la casa al trabajo2. La incompatibilidad de horarios escolares y laborales pone una presión muy grande en las familias y tiene serias consecuencias:

  • El cuidado que reciben las personas es uno de los principales indicadores de desigualdad, las familias con mayores ingresos pueden subcontratar servicios de cuidados de calidad para las personas dependientes en sus familias, mientras que las personas con menos ingresos no pueden hacerlo, por lo que reciben en general menos cuidados y de menor calidad.
  • En México, no hay cifras de cuantas niñas y niños se quedan solos en casa tras la salida de la escuela, pero es sabido que es un recurso frecuente de padres y madres para cumplir con sus horarios laborales.
  • La sobrecarga de trabajo de cuidado que realizan las mujeres les dificulta tener un trabajo remunerado y quienes lo tienen, suelen ser en jornadas reducidas o en autoempleo, con menores ingresos y condiciones más precarias, por ejemplo menor acceso a pensiones, licencias de maternidad, o servicios médicos.

El trabajo de cuidado y doméstico no remunerado es imprescindible para las personas que lo reciben, pero lo es también para la vida en sociedad y para la economía nacional: su valor económico se calcula en más de 5 billones de pesos, equivalente al 23% del PIB en México3, lo que equivale a más de lo que aportan el comercio o las industrias manufactureras.

El Estado debe asumir el cuidado como un problema público, implementando acciones que favorezcan un reparto más corresponsable, además de promover que el sector privado y los hombres al interior de las familias, participen del cuidado en proporciones más justas.

Algunas soluciones desde el Estado

Una primera respuesta está en la ampliación de las jornadas escolares, lo que tiene impactos positivos en la conciliación, incrementando la participación de las madres en el mercado de trabajo remunerado, favoreciendo su autonomía económica y el bienestar de sus familias, y adicionalmente mejora el aprovechamiento escolar de niñas y niños. Por ello es fundamental no solo revertir el recorte presupuestal del 50% aprobado en la actual legislatura para las escuelas de tiempo completo, sino incrementar los recursos asignados al programa, con el objetivo de avanzar hacia la universalización de este servicio en todas las escuelas públicas del país, priorizando las localizadas en zonas de menores ingresos en el corto plazo.

Por otro lado, se deben encontrar alternativas a la suspensión de clases en primarias públicas durante las vacaciones de julio y agosto, ofreciendo programas de verano gratuitos para la población escolar, así como la realización de las sesiones de Consejo Técnico Escolar en fin de semana, o con actividades que no impliquen a la totalidad del personal, de forma que el alumnado pueda seguir asistiendo a la escuela4.

Es necesario también flexibilizar y adaptar el mundo laboral a las nuevas realidades, establecer medidas que permitan conciliar la vida familiar con la laboral y promover la corresponsabilidad en el cuidado entre hombres y mujeres equiparando los derechos, por ejemplo extender las licencias de paternidad a las mismas semanas que las de maternidad y ofrecer la prestación de estancias infantiles también a los padres.

Muchas empresas, principalmente transnacionales, ya han avanzado en establecer políticas laborales que posibiliten la conciliación, como teletrabajo, horarios flexibles y jornadas más cortas, no solo para madres, sino también para padres, de forma que se promueva lo corresponsabilidad. Numerosos estudios han evidenciado que el acortar las jornadas laborales, sin afectar los salarios, incrementa además la productividad y reduce el ausentismo.

Finalmente, es imprescindible que SIEMPRE que el gobierno tome la decisión de suspender clases, como en contingencias de grandes dimensiones como la actual, establezca medidas paralelas y complementarias que posibiliten el cuidado de las niñas y niños que se quedarán sin clases.

Un buen ejemplo de buena práctica es la decisión del gobierno de la CDMX5 de permitir a padres y madres hacer teletrabajo durante el tiempo que las escuelas primarias permanezcan cerradas. Una determinación muy acertada que debería sentar el precedente de actuación para toda la administración pública y para el sector privado en este tipo de contingencias.

Muchos centros de trabajo están ideando cómo posibilitar el teletrabajo y muchas personas estamos aprendiendo a hacerlo, pasada la emergencia, este será un aprendizaje que nos permita conciliar de mejor manera la vida laboral con la familiar y los cuidados.

La emergencia del Coronavirus nos enfrenta a una situación nunca antes vista, pero es una oportunidad para visibilizar y revalorar el cuidado, no como una responsabilidad exclusiva de las familias, menos aún como una responsabilidad especifica de las mujeres al interior de las familias, sino como un bien común y una responsabilidad social en la que los gobiernos y el sector privado tienen la capacidad de hacer un gran cambio.

* Valentina Zendejas (@Valentinazen) es Subdirectora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (@ISBeauvoir).

 

1 El 9.3% asiste a escuelas privadas de educación básica que suelen tener jornadas escolares más largas.

2 Dato para la CDMX.

3 INEGI (2018). Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México, 2018

4 Estas medidas implican recursos públicos, para alternativas al respecto ver acá.

5 Gaceta Oficial de la CDMX, 19 de marzo del 2020.

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