De los dichos a los hechos: 12 de octubre y la digna exigencia indígena
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De los dichos a los hechos: 12 de octubre y la digna exigencia indígena
La fecha nos convoca a la reflexión sobre los avances y pendientes en la relación gobierno-pueblos indígenas. Queremos un reconocimiento sí en el discurso, sí en los símbolos, pero sobre todo en la práctica.
Por Zenaida Pérez
12 de octubre, 2021
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La más sangrienta invasión a nuestros territorios ancestrales, colectivos e individuales (particularmente en el caso de las mujeres indígenas), fue la “Conquista”. Su significado y violencia ha quedado en nuestra memoria. Hoy 12 de octubre, la conmemoración nos llama a la resignificación, dejar de llamarle así o el día de la raza para renombrarlo como día de la reconstitución, oficialmente hoy se ha declarado el Día de la Nación Pluricultural. La fecha nos convoca a la reflexión sobre los avances y pendientes en la relación gobierno-pueblos indígenas.

Mujeres que luchan, mujeres que deciden

Las mujeres indígenas estamos dónde siempre hemos estado, desde el origen de la humanidad: estamos luchando, peleando por el reconocimiento de nuestras personas, nuestros aportes y nuestros derechos. En medio de una narrativa pública dividida, de la polarización de opiniones que parecieran simplificar toda opinión a un simple a favor o en contra del presidente, las mujeres indígenas con autonomía y agencia hemos decidido hablar de derechos y de nuestra propia agenda.

Un poco de nuestra historia reciente, en 2014 surgió la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas (ANPMI), conformada por redes nacionales y regionales de mujeres indígenas articuladas, antes de la gestión del gobierno actual, motivada por hacer el balance a 20 años del levantamiento de las mujeres zapatistas. En ese primer Congreso se expresó con claridad que el Estado tiene una deuda pendiente con nosotras las mujeres indígenas y con los pueblos a los que pertenecemos.

Han pasado 7 años desde nuestro encuentro. Cambió el régimen, y hoy desde nuestro balance, reconocemos que en este gobierno se han abierto algunas grietas, esto quiere decir, algunas oportunidades para que algunas personas indígenas ocupen cargos, con los propios desafíos que ello  implica. En el discurso público hoy más que nunca se han nombrado conceptos como pueblo, racismo, excluidos, y en últimas fechas, mujeres indígenas, este  cambio en la narrativa gubernamental puede parecer esperanzado, pero también utilitario, hará falta desmenuzar la imagen que se tiene de lo que se nombra.

De manera particular, en el caso de las mujeres indígenas, como ANPMI celebramos sin duda el reconocimiento oficial del 5 de septiembre, Día Nacional de la Mujer Indígena, publicado en octubre del 2020. Esta fecha había sido una demanda desde años para homenajear a las mujeres anónimas y visibles que han contribuido a la permanencia de los pueblos, al cuidado de la sociedad, al crecimiento y prosperidad del país. Ejemplo de lucha que es preciso mencionar, por más que se quiera negar, son las defensoras del territorio, guardianas de las semillas nativas, las curanderas y muchas trabajadoras del hogar que se quedan a cargo de las labores del cuidado para que otras y otros puedan prosperar y así en esa tarea algunas más han empezado a incursionar en otros ámbitos tradicionalmente negados, como el académico, la participación política, la participación en los asuntos públicos, la escritura, entre otros.

Reforma en ciernes, exigencias claras

En el caso de los pueblos indígenas, desde 2019 se ha trabajado una propuesta de reforma a 15 artículos de la Constitución Política mexicana, en materia de derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos, construida a través de foros regionales en dos etapas, que ha concluido en este 2021. Este proceso ha sido acompañado por un Comité Técnico que fortaleció la iniciativa con su experiencia temática, organizacional e histórica en las luchas reivindicativas de los pueblos y de las mujeres indígenas y afromexicanas. Al cierre del pasado mes de septiembre esta iniciativa se entregó al Presidente de la República demandando que sea revisada y enviada por el ejecutivo a la Cámara de Diputados para su aprobación.

Lo que sucederá con la iniciativa es incierto, porque depende de la correlación de fuerzas en el Legislativo, pero está claro que si el Presidente dice que va ya hay terreno ganado. Quienes participamos en este proceso  preguntamos si realmente pasará una iniciativa que demanda el reconocimiento de los pueblos indígenas como sujetos de derecho que demanda respeto al territorio y los recursos naturales; el derecho a la autonomía y libre determinación; que fortalece los derechos de las mujeres; que demanda el reconocimiento de saberes, prácticas y sistemas de conocimientos tradicionales, entre otros. En la aprobación o no de esta propuesta de reforma sabremos si el discurso de reconocimiento al pueblo se transformará en una realidad.

Mientras este asunto se define, es lamentable ver que por un lado parece haber avances, pero por otro los discursos de odio y prácticas racistas no cesan; el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) sigue sin cabeza, a pesar de que se dijo que podría ser encabezado por una mujer indígena, tal vez por eso no ha sucedido. El pasado 5 de septiembre, en el marco del Día Nacional de la Mujer Indígena, el diputado Quadri “representante popular” afirmó en twitter que poner a una mujer indígena en sustitución de la estatua de Colón en Paseo de la Reforma, es una “depravación sectaria”, una “perversión de la historia”. Luego fue del dominio público que se pensó en un hombre blanco para diseñar una estatua (cabeza) que busca “reconocer a la mujer indígena”.

Para nosotras, las mujeres indígenas, la exigencia más clara es un reconocimiento real que empiece por la transformación de políticas monoculturales a interculturales que tomen en cuenta la diversidad social, política, económica y cultural de México, que transforme las reglas, los estatutos y criterios de creación y funcionamiento de instituciones para la atención con pertinencia cultural a las usuarias que no tienen como su primera lengua el español o no viven en las lógicas urbanas o del centro del país.

Para nosotras, un reconocimiento real de nuestros derechos y existencia es la implementación de políticas transversales que vean en la diversidad un valor, una riqueza a la que hay que abonar para que siga creciendo, en lugar de vivirla como desventaja a la que se busca suprimir y desaparecer.

Queremos un reconocimiento sí en el discurso, sí en los símbolos, pero sobre todo en la práctica que mejore las condiciones de vida de quienes siempre han estado en desventaja y subrepresentadas de espacios de decisión.

Sin nuestra participación México nunca será un país realmente democrático e incluyente.

* Zenaida Pérez (@nayiten) Mujer ayuujk, coordinadora del Programa de Mujeres Indígenas del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir e integrante y fundadora de la Asamblea Nacional Política de Mujeres Indígenas.

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