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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Diversidades sexo-genéricas y familias
Cada vez más voces y posiciones conservadoras tienen una tribuna considerable y generan movimiento en torno a ellas. La polémica en torno al uniforme neutro y el rechazo del Congreso de Sinaloa al matrimonio igualitario, son algunos ejemplos.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
21 de junio, 2019
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Por: Nadia Cortés (@quesodeoaxaca) 

En la coyuntura política actual y en pleno cambio hacia una posibilidad de transformación importante en nuestro país, las voces diversas que conforman nuestra sociedad han puesto sobre la mesa diferentes temas cruciales para el porvenir de México con los avances hacia la configuración de una sociedad más plural y diversa que de lugar a las diferencias. El derecho a una vida digna, justa y donde existan políticas públicas que respondan a estas diversidades, se ha tejido desde resistencias históricas que han permitido empezar a empujar la redistribución de la esfera pública.

Sin embargo, cada vez más voces y posiciones conservadoras tienen una tribuna considerable, toman el espacio público y generan movimiento en torno a ellas. La polémica en torno al uniforme neutro propuesto por el gobierno de la Ciudad de México y el rechazo del Congreso de Sinaloa al dictamen para legalizar el matrimonio igualitario en esa entidad, son dos ejemplos de cómo las posturas conservadoras continúan teniendo peso en la opinión pública pero no solo eso sino que inciden en la creación, puesta en práctica o no de las políticas públicas.

La familia, las familias

En estos momentos se vuelve crucial retomar y hacer memoria de cómo hemos llegado a un terreno en donde, aunque lejano a la justicia, está en proceso de otras posibilidades políticas que reconozcan a lxs cuerpxs diversxs. Uno de estos cuerpos sociales, cuyo modelo tradicional ha sido transformado en virtud de las realidades socio-económicas de nuestros contextos, es aquel que hemos llamado nuestro círculo primario social y político: la familia.

En el terreno de lo público, la familia no sólo ha sido la base social bajo la cual se ha construido nuestra sociedad, sino el fundamento político de nuestras sociedades occidentales. La familia es una de las formas de agrupación social a partir de las cuales se establece una especie de territorio que puede tener como base vinculante la herencia biológica, es decir, la sangre; pero también la leche como en el caso de las familias y madres adoptivas, e incluso vínculos ideológicos y afectivos. Es por ello que podemos hablar, por ejemplo, de hermandad política o políticas fraternales, o desde el discurso de los derechos humanos de una gran familia universal de seres diversos.

La familia implica pertenencia a un espacio y, con ello, supone la delimitación de territorios los cuales podrán ocupar únicamente los que conforman dichas familias. Esta pertenencia también se ve contorneada por reglas específicas al interior de las familias, una serie de relaciones de poder y cuidado son entabladas ahí. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la lucha por los derechos y el desafío de los grupos conservadores, antiderechos y las asociaciones que conforman el Frente por la Familia? Lo que tiene que ver es la pregunta inmediata que siempre llega se escuchan las consignas en pro a la defensa de LA familia. Primero, ¿a qué familia se refieren? ¿quiénes son los sujetos de derechos de esas familias?.

La familia a la que defienden estos grupos, es el modelo hegemónico occidental..Una familia nuclear compuesta por madre-mujer-cisgénero(1)-heterosexual y padre-hombre-heterosexual-cisgénero que procrean hijxs de acuerdo a esas mismas normas. A este modelo de familia se le ha naturalizado y se ha considerado como el mejor modelo dentro de nuestras sociedades capitalistas porque ha sido considerado funcional para la organización del trabajo en el pleno auge de la modernización de las sociedades. Los grupos conservadores apelan siempre a que su defensa por la familia está basada en la afirmación de la declaración de los derechos humanos acerca de que «la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado». Y efectivamente, el hecho de que las personas formemos grupo para sostenernos, cuidarnos, protegernos y sobrevivir es una forma natural de organización social. Esto no significa que el derecho a una familia y a su protección por parte de la sociedad y el Estado se encuentre limitado a una forma específica de entender el hogar.

Afortunadamente a lo largo de los años han existido cambios en la forma en la que se han estudiado y pensado las familias en materia de políticas públicas. Si el Estado y la sociedad deben garantizar la preservación segura y digna de este derecho vital, éstos tienen que considerar la realidad de las relaciones y formas de agrupamiento familiar. Como ha analizado el Instituto Latinoamericano de Estudios la Familia A.C., la realidad mexicana es mucho más diversa y dista de aquel modelo defendido por el conservadurismo. Los hechos familiares frente a los modelos ideales que responden a perspectivas ideológicas no universales no puede ni deben ser el factor determinante en una discusión sobre las familias en términos de políticas públicas, y es justo empezar desde ahora a hablar en plural. Son nuestras realidades diversas las que deben regir dichas implementaciones.

¿Justicia e igualdad en casa?

El avance del reconocimiento político de la pluralidad de familias en el Estado Mexicano ha sido un derecho ganado por la apertura de diversos frentes y por un cuestionamiento crítico de las realidades y la justicia al interior del modelo de familia nuclear, biparental y preponderante en la defensa por esa única familia. No podemos dejar de nombrar las cosas que de verdad importan cuando se habla de familia, es decir, la posibilidad de cada uno de sus miembros tengan un espacio de seguridad, de cuidado, de comunicación y de dignidad en ese territorio.

La familia nuclear y tradicional además de ser una realidad condicionada por nuestros sistemas de producción y como vimos ligada a ellos, no sólo no es la única realidad existente, sino que su constitución de base está fundamentada en una relación inequitativa de género que permitió mantener durante mucho tiempo la división sexual del trabajo, así como la negación de derechos a las mujeres y su acceso a los mismos, tales como educación, salud, trabajo remunerado y sobre todo participación política y la posibilidad de decidir sobre su cuerpo en virtud no sólo de la institución familiar sino de sus propios deseos, lo que implica no sólo la reproducción, sino la sexualidad y el patrimonio.

Esta idealización de la familia, y su defensa, omite todos los casos de violencia familiar al interior de las mismas, dado por una definición jerárquica a su interior, donde el padre juega el papel dominante bajo el cual se rigen las relaciones de poder. Los casos de violencia de género y abuso infantil, no olvidemos que México es el primer lugar en el mundo sobre este último delito, han ocurrido en el seno de muchas de estas familias nucleares.

¿Qué familia es la que se pretende defender y cómo borra años de historia de un camino hacia la justicia y la pluralidad?. Un camino que ha dado cuenta de todos los hogares que conforman el paisaje mexicano: madres y padres solterxs; familias extendidas que incluyen tías, abuelos, primos; familias adoptivas heterosexuales y homosexuales; las familias comunales de los pueblos indígenas que no se manejan por nuestras mismas economías; así como mujeres y hombres con identidades de género, preferencias sexuales, racialidades y clases diferentes que se congregan a vivir juntxs en las grandes urbes. Y todxs y cada una con el derecho natural de poder congregarse para ayudarse a vivir de maneras más dignas, con respeto, con escucha abierta, sin violencias ni relaciones de poder nocivas al interior. Esta es la lucha que se debe exigir y garantizar.

@ISBeauvoir

 

(1) Cisgénero: aquellas personas cuya identidad de género se identifica con su sexo biológico. Hacemos esta nota porque consideramos que podría haber familias configuradas por otro tipo de identidades de género.

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