close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
De-Generando
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
Organización feminista con 15 años en la formación de liderazgos con perspectiva de Género, D... Organización feminista con 15 años en la formación de liderazgos con perspectiva de Género, Derechos Humanos e Interculturalidad. (Leer más)
El impuesto oculto que pagamos las mujeres
El valor económico de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado representó en 2013 el 20.5% del PIB nacional, del cual las mujeres aportan 15 puntos porcentuales y los hombres 5. Este aporte, imprescindible para el desarrollo del país y para el bienestar de las personas dependientes, es como un impuesto no visible que se aplica de manera desproporcionada a las mujeres y que limita su desarrollo personal, trayectorias profesionales y está en la base de otras desigualdades.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
3 de noviembre, 2015
Comparte

Por: Valentina Zendejas (@Valentinazen) y Lucía Barragán.

“#Yo no renuncio a ver crecer a mi hijo” es la campaña que ha lanzado El Club de las Malas Madres pidiendo a la clase política española medidas para favorecer la conciliación familiar de padres y madres. La conciliación implica lograr un balance razonable entre el tiempo destinado a la vida laboral, con el tiempo dedicado a la vida personal y familiar, incluyendo las tareas domésticas y las necesarias para cuidar de hijas, hijos, personas adultas mayores dependientes y personas con enfermedad temporal o crónica.

En México las mujeres dedican 24 horas a la semana más que los hombres a cuidar de otras personas y a labores domésticas de manera no remunerada; al interior de las familias son las madres, las abuelas, las hermanas, las hijas, las nietas, las tías, quienes se encargan de estas actividades, con una enorme dedicación de tiempo y casi siempre sin una remuneración de por medio.

Esta situación es más acentuada para las mujeres con menos recursos, puesto que en hogares con mayores ingresos las necesidades de cuidado de personas dependientes pueden resolverse contratando servicios privados: trabajadoras del hogar, guarderías, asilos, enfermeras, etc.

A pesar de que en la mayor parte de los hogares las mujeres continúan jugando el rol tradicional de ama de casa, hace décadas que participan de manera masiva en el mercado de trabajo remunerado: el 41% de las personas empleadas de manera remunerada son mujeres y sus ingresos aportan entre el 30% y hasta el 60% de los ingresos totales en los hogares de América Latina según datos del Banco Interamericano de Desarrollo. En total, las mujeres dedican 16 horas más a la semana que los hombres al trabajo -remunerado y no remunerado.

Las mujeres aportan significativamente al bienestar de las familias, de la sociedad en general y a la economía de los países a través del trabajo no remunerado que realizan. Según cálculos del INEGI el valor económico de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado representó en 2013 el 20.5% del PIB nacional, del cual las mujeres aportan 15 puntos porcentuales y los hombres 5. Este aporte, imprescindible para el desarrollo del país y para el bienestar de las personas dependientes, es como los impuestos: una contribución que debe darse al Estado para que éste pueda funcionar. El trabajo doméstico y de cuidado no remunerado es como un impuesto no visible que se aplica de manera desproporcionada a las mujeres.

La gran cantidad de tiempo que las mujeres (particularmente las de hogares de menores ingresos) dedican a cuidar de otros de manera no remunerada limita su desarrollo personal, trayectorias profesionales y está en la base de otras desigualdades.

Las mujeres encuentran más dificultades para insertarse laboralmente y suelen verse en la necesidad de interrumpir sus carreras por las responsabilidades familiares con las que cargan, suelen tener trabajos en el sector informal, sin seguridad social ni prestaciones: solamente 15 millones de mujeres frente a 27 millones de hombres cotizan en la seguridad social y sólo 26.8% de las personas jubiladas son mujeres aun cuando la mayoría dedicó gran parte de su vida adulta a realizar trabajo no remunerado. Las mujeres suelen vivir discriminación laboral por embarazo y ganar salarios más bajos que los hombres por el mismo trabajo realizado.

Adicionalmente la sobrecarga de trabajo genera pobreza de tiempo que repercute en un deficiente cuidado de la salud y niveles de participación política más bajos.

Una distribución más equitativa de las tareas domésticas y del cuidado contribuiría a que las mujeres y los hombres tuvieran igualdad de oportunidades y de trato en el trabajo. Sin duda el que los padres continúen y aceleren la tendencia a ir asumiendo la corresponsabilidad del cuidado de hijos e hijas, es fundamental para ello, sin embargo no es suficiente.

La responsabilidad de proveer cuidados debe trasladarse también del ámbito familiar al ámbito público: el Estado debe asumir un papel central al respecto, financiando y prestando servicios de cuidado de calidad y de cobertura universal, diseñados considerando las responsabilidades laborales de padres y madres; debe también regular los servicios privados e incentivar a las empresas a implementar medidas de conciliación con corresponsabilidad social similares a las que propone la iniciativa del Club de las Malas Madres en España.

En México la necesidad de conciliar el cuidado con corresponsabilidad ha comenzado a ganar visibilidad en la agenda pública, en buena medida gracias a las demandas de los movimientos de mujeres organizadas. Un estudio realizado por el Programa de Investigación del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir en el que se analizaron las plataformas de los partidos políticos durante el proceso electoral del 2015 desde una perspectiva de género encontró que los tres partidos mayoritarios incluyeron propuestas dirigidas a facilitar la conciliación. Queda por verse si es que alguna de estas propuestas llega a realizarse y de qué forma, pero el que la clase política comience a incluirlo en la agenda es un paso fundamental para que lleguen a concretarse a través de políticas públicas.

Las medidas para favorecer la conciliación entre la vida familiar y laboral deben de dejar de dirigirse a las mujeres exclusivamente para impulsar en cambio la corresponsabilidad en el reparto de las tareas del cuidado, favoreciendo una redistribución más equitativa entre los hombres y las mujeres, pero también entre las familias, el Estado y el sector privado. Esto implicará una transformación profunda tanto de conciencias, como de prácticas sociales e institucionales que no será sencilla, pero sí necesaria para avanzar hacia esquemas de sociedad más equitativos, en los que los hombres y las mujeres tengan igualdad de oportunidades y recursos, y en los que ni los padres ni las madres deban renunciar a ver crecer a sus hijos e hijas.

 

@ISBeauvoir

 

INEGI, Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares de México (CSTNRHM), 2013

 INEGI (2009). Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2009, México.

INEGI, Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares de México (CSTNRHM) 2013

Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social 2013.

INEGI 2013.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.