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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Hablemos de Cuba, de mujeres cubanas
Hace décadas que Cuba confirma la premisa de que, en situaciones de crisis, las mujeres se encuentran en mayor vulnerabilidad; sobre todo en una sociedad donde permanece arraigado el machismo, las prácticas discriminatorias, la sobrecarga doméstica y la idea de que, en cualquier espacio, la voz de las mujeres es la que menos cuenta.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
29 de julio, 2019
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Por: Daisy Paniagua

América Latina y el Caribe continúa siendo la región más desigual del mundo. Los contextos de la región, marcados por el aumento de la pobreza, la recesión económica y la reaparición del conservadurismo dibujan nuevos desafíos para avanzar en el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres.

La XIII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, organizada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), celebrada en 2016, consideró que las deudas para lograr la igualdad de género en Latinoamérica son vastas.

Aunque los problemas toman particularidad en cada país, existe una agenda común en toda la región y Cuba no es la excepción. Las afectaciones del embargo económico y comercial impuesto por Estados Unidos desde hace casi seis décadas, han dejado a la isla con un margen corto de maniobra en términos económicos y sociales.

Hoy, Cuba es un país lleno de contradicciones; es, por un lado, el país de la revolución de los ideales justos que prometieron hacer realidad el sueño de la igualdad; por otro, es un país donde se viven carencias básicas y donde se castiga la disidencia.

En el caso de las mujeres, hace décadas que Cuba confirma la premisa de que, en situaciones de crisis, ellas se encuentran en mayor vulnerabilidad; sobre todo en una sociedad donde permanece arraigado el machismo, las prácticas discriminatorias, la sobrecarga doméstica y la idea de que, en cualquier espacio, la voz de las mujeres es la que menos cuenta.

Lo necesario para vivir

En medio de lo que algunos vaticinan como una inminente recesión económica, tener un trabajo es un privilegio; pero en el caso de las mujeres la situación empeora debido a su responsabilidad como cuidadoras y a la discriminación para contratarlas. “Nos sentimos discriminadas; prefieren en los centros de trabajo, y en otros aspectos, al hombre que a la mujer”, sostiene Laura, ingeniera en telecomunicaciones.

Una opción es trabajar por cuenta propia. Janet, de 33 años, ha optado por ello porque los sueldos son muy bajos y no le alcanza para mantener a su hija de cinco años. Su título de licenciada en comunicación social está guardado; hace tiempo se gana la vida haciendo chiviricos, peluquería y manicura, debatiéndose entre los impuestos que, como cuentapropista, le cobra el gobierno.

Poder trabajar y que los salarios alcancen para vivir

“Que suban los salarios y bajen los precios” es una campaña liderada por la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales en Cuba (FLAMUR) ante la precariedad de los salarios en el país, una consigna que se ha vuelto reclamo común en varias provincias cubanas.

“En Cuba hay una situación pésima: no hay pasta de dientes, no hay desodorante en ninguna provincia, no hay huevo, la carne subió; personas desempleadas, el salario sigue siendo el mismo”, declara Mercedes, de 22 años, actualmente desempleada.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género, tanto hombres como mujeres coinciden en expresar que los bajos ingresos económicos (72.8 %), la escasez de viviendas (35.2 %) y los problemas de transporte (31.8 %) son los tres principales problemas para las mujeres en Cuba.

A la escuela a aprender  

Cuba cuenta con el porcentaje más alto de la región en cuanto a gasto en educación, con 12.8 % de su producto interno bruto (PIB), según datos de la CEPAL en 2017. En la isla, todas las personas tienen derecho a la educación universitaria gratuita. Pero, para muchas mujeres, estudiar una carrera universitaria no garantiza un trabajo ni un buen salario.

“Aquí hay cantidad de profesionales y personas inteligentes frustradas, porque los salarios no se corresponden con el nivel educacional que tú tienes… Por eso, muchos nos decidimos al trabajo por cuenta propia”, manifiesta Janet.

Con la salud ocurre algo similar. “Aunque supuestamente somos una potencia médica, pueden visitar los hospitales de Pinar del Río, que es donde yo vivo, y es crítica, es caótica, no hay agua, no hay higiene…, es crítico”, denuncia Yuliana P., especialista en informática.

Que no haya violencia, que tengamos una vida plena

El “Informe sobre la situación de derechos humanos de la población afrocubana. Negación, exclusión y represión”, de 2017, por el Comité de Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), confirma que en Cuba hay violencia doméstica y de género; sin embargo, estas violencias no han sido tipificadas como delitos en el código penal.

De acuerdo con Magda, la violencia contra las mujeres sí existe, aunque se hable poco de ella: “Hay situaciones que las mujeres cubanas han preferido callar durante años, porque no han tenido los mecanismos para denunciar o porque la han hecho normal, parte de la vida cotidiana”.

Que no vivamos con tanto odio ni con tanta represión

Yuliana es técnica media en informática, pero perdió su trabajo por cuestionar al partido. “En mi país, si tú no piensas como ellos, ya estás discriminada… Supuestamente hay libertad de expresión, nada más que si tú hablas o ves la vida desde tu punto de vista, ya eres discriminada, o si piensas de otra forma que no es la que ellos quieren, ya te discriminan”.

Human Rights Watch señala en su “Informe mundial 2019” que el gobierno cubano continúa reprimiendo y castigando el disenso y la crítica pública. Tan sólo entre enero y agosto de 2018 hubo más de 2 000 denuncias por detenciones arbitrarias de defensores de derechos humanos, periodistas independientes y otras personas.

La situación ha dibujado un panorama complicado para las defensoras de derechos humanos. Además, sin mucho espacio para la crítica al Estado, Cuba presenta un escenario poco propicio para el desarrollo de la sociedad civil organizada.

Pertenecer a la sociedad civil independiente es una afrenta para las mujeres cubanas, señala la activista juvenil Kirenia Núñez. En un contexto de hostigamiento y amenazas, “se les acusa de cosas que no han hecho, y se ataca directamente a su familia”.

Resistir es quedarse en Cuba

Hoy, muchas mujeres cubanas han optado por la organización independiente como vía y estímulo para cambiar su condición, y lo han hecho a pesar del contexto adverso, lo que para ellas mismas es una prueba del empoderamiento, la valentía y la creatividad de la mujer cubana.

Para la integrante de Plataforma Otro 18, María Elena Mir, “resistir es vivir en Cuba, así de sencillo, resistir es enfrentarte a lo desconocido. Resistir al gobierno, resistir al sistema, resistir a la educación, resistir a la salud…, resistir teniendo un corazón en medio del pecho… mostrando que estamos dispuestas a todo, cuando nuestro interior está desbaratado”.

La esperanza es el cambio

Ésta es la Cuba de las cubanas, las que resisten, las que esperan, porque hace ya tiempo que esperar se ha vuelto común, necesario, conveniente, resiliente… y como se han cansado de esperar se han levantado, se organizan, cuestionan, piensan. Y resuelven que la democracia no se espera, se construye.

Porque, entre la resistencia y la esperanza, ellas saben que despertarán un día, cuando el penetrante olor de la libertad haya inundado su mañana, la mañana de su Cuba tan amada.

Este texto es un extracto del documento “Un corazón en el pecho, mujeres cubanas, resistencia y esperanza” del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir; y es producto de más de 30 entrevistas realizadas en 2018 a mujeres cubanas defensoras de derechos humanos, quienes hablaron sobre la situación de las mujeres en Cuba, sus deseos, miedos y expectativas respecto al bienestar, el desarrollo y sus derechos.

 @ISBeauvoir 

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