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¡Hazme el paro! Para frenar el acoso en el transporte
Las cifras del acoso sexual en el transporte público reflejan por qué las mujeres tienen miedo de salir a las calles y subirse al metro, metrobús o camión: 7 de cada 10 mujeres de 18 años o más en México, perciben el transporte público como inseguro.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
21 de abril, 2016
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violencia contra la mujer

Por: Ximena Andión (@ximena_andion) y Brando Flores (@ciudadanobrando)

En las últimas semanas se ha debatido en el espacio público el tema de la violencia de género contra las mujeres a raíz de los sonados y terribles casos que se han dado a conocer por redes sociales. Frente a la barbarie es fácil caer en la desesperanza y pensar que ya nada puede hacerse para erradicar esta violencia o caer en la simplificación, pensando que sólo existe una respuesta correcta a este problema complejo.

En este contexto nos parece que lo fundamental es no quedarnos quietas, promover diálogos abiertos y buscar respuestas multidimensionales que empiecen a desmontar las causas estructurales de la violencia. No hay varita mágica para solucionarlo, ni el mago de Oz nos dará la respuesta, pero sí podemos empezar a pensar el problema desde otras ópticas y encontrar nuevas alternativas a viejos problemas. Hemos escuchado y leído en las últimas semanas sobre la falta de respuesta institucional frente a los actos de violencia pero muy poco sobre la urgente y necesaria respuesta comunitaria a este fenómeno.

Sobrevivir la calle, sobrevivir los traslados

Vivir la calle, subir y bajar, transitar y trasladarse puede ser un tortuoso camino para las mujeres. Del piropo sexista a la violencia sexual que incluye los tocamientos, es el transporte público uno de los espacios donde la respuesta comunitaria es necesaria, urgente pero también posible. Las cifras del acoso sexual en el transporte público reflejan por qué las mujeres tienen miedo de salir a las calles y subirse al metro, metrobús o camión: 7 de cada 10 mujeres de 18 años o más en México, perciben el transporte público como inseguro y el Reporte Nacional de Movilidad Urbana en México 2014-2015 es más drástico al asegurar que 9 de cada 10 mujeres han sido víctimas de alguna forma de violencia sexual en su traslado.

De hecho, de acuerdo con los resultados de una encuesta divulgada por Forbes y basada en un estudio de la Fundación Thomson Reuters, la Ciudad de México es la segunda ciudad, solo detrás de Bogotá, con mayor acoso en el transporte público del mundo.

Hazme el paro postal

La grave situación de acoso sexual en el transporte público y la necesidad de buscar otras respuestas fue lo que motivó al Banco Mundial, Embark y al ILSB a diseñar un proyecto piloto cuya campaña pública lleva el nombre juguetón y provocador de “Hazme el Paro”. El objetivo del proyecto es detonar una respuesta comunitaria al acoso. Se pretende que los conductores del transporte público se vuelvan agentes de cambio, que las personas en el transporte reaccionen frente a un acto de acoso y no callen frente a este y que las víctimas cuenten con herramientas para frenar y denunciar estos actos.

El diseño del proyecto incluyó la revisión de otras experiencias exitosas de combate al acoso sexual en el transporte público como la desarrollada en el metro de la ciudad de Washington en Estados Unidos. Se llevaron a cabo talleres de sensibilización con los operadores de las unidades de transporte y se diseñó junto con ellos un protocolo de actuación para los casos de acoso. Se lograron ordenar una serie de pasos a seguir entre los que podemos enunciar: aislar a la víctima del presunto acosador, inhibir el acto haciendo participe a la comunidad; denunciar para la atención inmediata con otras autoridades y por último canalizar a la víctima del acoso ante instancias pertinentes. También se diseñó una aplicación para celular que se puede utilizar en ese transporte con el wifi al que se tiene acceso en las unidades donde se puede denunciar de forma anónima el acto de acoso.

El diseño y la implementación de este proyecto ha sido el resultado de la suma de las capacidades y experiencias de varios actores: organizaciones de la sociedad civil, una experta en género y una en transporte, el Banco Mundial con una larga experiencia en proyectos innovadores sobre transporte; una empresa privada de transporte que es donde el proyecto está siendo actualmente piloteado y una universidad que ayudó al desarrollo de la línea de base para poder evaluar de forma adecuada el proyecto. Instituciones públicas de la Ciudad de México también participaron en el diseño de esta iniciativa conjunta.

Cuestionando prácticas machistas, choferes contra el acoso

Uno de los retos más importantes ha sido la capacitación a los operadores (46 hombres) de las unidades de transporte público, ellos han sido parte sustantiva y el proceso les ha significado todo un reto de transformación personal, de reapropiación de conceptos para comprender el problema y de asumir el liderazgo que significa estar al frente de una unidad.

7 de cada 10 mujeres de 18 años o más en México, perciben el transporte público como inseguro.

CDMX es la segunda ciudad, solo detrás de Bogotá, con mayor acoso en el transporte público del mundo.

Cambiar mentalidades y sumar voluntades, los choferes como actores de cambio.

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En los operadores y una parte del equipo central de la ruta recae buena parte del éxito de la intervención ya que tienen la responsabilidad de detectar el tipo de situación de acoso que se presenta y en consecuencia, actuar rápida y certeramente de acuerdo al protocolo acordado colectivamente.

Estos hombres tienen entre 20 y 60 años de edad o más, algunos con 20 años al frente de un volante, viven otro tipo de acercamiento a la violencia desde la labor que realizan, lo que les ha llevado a ejercerla y recibirla cotidianamente, normalizando el hecho.

choferes campaña hazme el paro

El desafío principal del equipo fue desarrollar un modelo de sensibilización para un público con el que (honestamente) muchas organizaciones pensarían que hay poco qué hacer y que sería mejor trabajar con las generaciones por venir. Cuando decidimos asumir el proyecto sabíamos que sin duda el involucramiento de los hombres con fuertes cargas de violencia en procesos de reapropiación de su masculinidad desde una base de igualdad y respeto, es una práctica urgente que podría tener resultados efectivos en el mediano plazo.

La primera tarea fue salir del círculo de la violencia y poco a poco se han abierto con sus compañeros, bajado la coraza y empezado a comprender que esos cambios llegaron para quedarse. Aunque también hay resistencias que quizá no rindan fruto, la mayoría del grupo se ha llevado como enseñanza que una vez asumidos como agentes de cambio no hay marcha atrás y si el compromiso con el proyecto fue real, la transformación se reflejará dentro y fuera de la unidad de transporte.

Varios de estos hombres comparten en cada nuevo taller cómo es que dentro de sus hogares, con sus familias, sus parejas, hijas, madres y con las mujeres de su comunidad, se han construido nuevas relaciones. Un cambio para toda la vida. Esa es la oportunidad más grande y al mismo tiempo el reto que más tiempo ha llevado superar al proyecto.

El proceso de capacitación inició hace más de un año y aún se realiza de manera periódica para reforzar conceptos y fortalecer la identidad de grupo en torno al proyecto. En este momento se encuentra en fase piloto y pronto arrojará información para saber si este tipo de intervenciones puede hacer una diferencia frente a otras políticas y acciones afirmativas.

Generar procesos de reflexión colectiva en torno a prácticas violentas y sexistas y detonar nuevas mentalidades en grupos que por su contexto, podría pensarse que no pueden modificar sus conductas, es una de las mayores oportunidades para quienes creemos que alcanzar la igualdad sustantiva, disminuir los niveles de violencia y de discriminación, es posible.

Es un proceso que lleva tiempo y dedicación pero los hombres pueden ser aliados efectivos para erradicar la violencia y quizá los 46 choferes parte de Hazme el paro! puedan ser ejemplo e inspiración para otros que como ellos ejercen la misma labor.

La separación de hombres y mujeres en el transporte público no puede ser una solución permanente y a pesar de su utilidad no podemos pasar de largo que refuerza los estereotipos de los hombres como depredadores y las mujeres como víctimas. Es imprescindible comenzar a detonar procesos y cambios culturales que nos permitan convivir de manera respetuosa, hay que imaginar más y conformarnos menos.

 

@ISBeauvoir

 

Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, INEGI, 2015.

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