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De-Generando
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Los 2,029 días que quedan por delante
Estos son y serán una carrera de resistencia, en la que tendremos que luchar por la incorporación de la perspectiva de género y la agenda feminista al gobierno.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
15 de marzo, 2019
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Por: Ximena Andión Ibáñez (@ximena_andion) y Ana Joaquina Ruiz Guerra  (@ana_joaca)

 

Los primeros cien días del gobierno de Andrés Manuel López Obrador han parecido una carrera de velocidad, ya que en el afán de materializar en tan sólo 100 días una nueva relación del Estado con la sociedad y la economía se han planteado cambios radicales en la forma de relación con el gobierno. Estos 100 días nos ha dejado exhaustas, por lo que en este artículo no sólo queremos analizar los últimos 100 días, sino los que vienen. Estos son y serán una carrera de resistencia, en la que tendremos que luchar por la incorporación de la perspectiva de género y la agenda feminista al gobierno. Por ello, trataremos de identificar, además de los obstáculos, las oportunidades en el camino.

Los primeros cien días de gobierno (más los de transición), han estado plagados de luces y sombras para la agenda de género. Luces como el aumento al salario mínimo –que beneficia particularmente a las mujeres en situación de mayor vulnerabilidad–, el nombramiento de una feminista al frente del Instituto Nacional de las Mujeres, el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras del hogar en un programa piloto del IMSS y un gabinete paritario nos dieron esperanza de que el género sería una agenda de este gobierno.

En contraste, otras decisiones sobre temas torales han generado mucha preocupación, porque sin un análisis previo se han puesto en riesgo avances fundamentales en materia de derechos humanos de las mujeres. Tal es el caso del cambio en las reglas de operación de los refugios y el cierre del programa de estancias infantiles. En ambos temas conviven un legítimo ánimo de combate a la corrupción por parte del Gobierno con una fundada preocupación de actores sociales por garantizar que las usuarias y usuarios de esos servicios reciban una atención de calidad y que los avances que éstos han representado en materia de igualdad de género se mantengan.

Estos ejemplos tan solo nos remiten a un debate central, del que queremos expresar nuestra más grande preocupación: las mujeres, su agenda y sus necesidades, han sido invisibles en la agenda presidencial. El presidente cuenta con el primer gabinete paritario de la historia, y en este hay muchas mujeres comprometidas con la igualdad de género. Sin embargo, preocupaciones como la brecha salarial, el presupuesto para las instancias de mujeres, la transversalización de la perspectiva de género, los programas para el combate a

la violencia, la generación de un sistema público de cuidados, la reducción de la tasa de embarazo en adolescentes, y los derechos sexuales y reproductivos no han estado presentes en la agenda prioritaria.

El presidente López Obrador ha decidido colocar como prioridad nacional el combate a la corrupción, y lo aplaudimos, ya que la corrupción vulnera más a las mujeres. Sin embargo, la realidad es que los objetivos de transformación planteados por este gobierno sólo serán posibles si en el centro se coloca al 51 % de la población que somos adultas mayores, mujeres jóvenes, niñas, mujeres en situación de pobreza, migrantes, mujeres indígenas, mujeres afrodescendientes, personas trans, trabajadoras del hogar y demás. La agenda de las mujeres no se resume en “iguales apoyos para las mujeres y los hombres”; implica reducir la desigualdad estructural que nos afecta en el ámbito público y privado. Así pues, 2029 días son todavía 2029 oportunidades para que este gobierno realmente haga una diferencia en materia de garantía de los derechos humanos de las mujeres.

En los próximos 2029 días que le quedan a este Gobierno, tiene la posibilidad de ser consistente con el bienestar de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Para ello, en el ámbito presidencial se debe comprender que la igualdad no significa dar los mismos apoyos, sino generar una verdadera política nacional de igualdad que sea transversal a todas las distintas áreas de gobierno: económica, social, educativa, cultural, de salud, por mencionar sólo algunas. Las desventajas que tanto preocupan a este país, no son sólo socioeconómicas, sino que atraviesan género y etnia.

De nada sirven las políticas rosas que siguen reforzando estereotipos sobre los roles de las mujeres en la sociedad a partir de apoyos condicionados a la permanencia en el rol de género. La reducción de las desigualdades no se resuelve así, sino combinando estos apoyos con acciones afirmativas y políticas estructurales que nos permitan poner el “piso parejo” para todos.

Por ejemplo, el cierre del Programa de Estancias Infantiles puede agudizar una crisis de cuidados, en donde esta labor está de por sí feminizada. Ante el cuidado, el gobierno debe responder con una política integral que más allá de transferencias monetarias, articulando y ampliando la oferta de servicios de cuidados para personas adultas mayores, niños y niñas, personas con discapacidad y personas enfermas. A la vez, se debe enfatizar en la redistribución del cuidado al interior de las familias de manera más equitativa entre hombres y mujeres, así como entre el Estado, el mercado y la sociedad.

El otro programa clave de la administración, Jóvenes Construyendo el Futuro, cuenta con una enorme oportunidad de incorporar de manera igualitaria a las mujeres jóvenes y de impulsar que se eliminen los obstáculos que impiden su incorporación al mercado laboral en condiciones de igualdad. Esta sería una gran oportunidad de aprender cómo incorporar a las mujeres en sus necesidades y experiencias a los diversos programas de la administración.

Este gobierno sin duda plantea la esperanza de renovar al país en un momento de crisis política, económica y social. Este es el sello de la cuarta transformación, priorizando el combate a la corrupción y la impunidad. Pero no debe olvidársele al presidente que la renovación necesariamente pasa por la reducción de las desigualdades más allá del ámbito socioeconómico; la igualdad de género es un paso necesario en la renovación nacional. Atender las causas estructurales de esta desigualdad, que nos afecta al 51 % de la población, le permitirá al presidente actuar como un estadista, garantizando éxito a su proyecto.

No nos basta con unos apoyos por aquí y por allá, queremos formar parte de la gran transformación nacional. Las marchas del 8 de marzo en todo el mundo nos recuerdan que la igualdad es imparable y que las mujerecs no queremos ni esperaremos más. Aún se puede rectificar, pues hay 2029 días de oportunidad.

 

@ISBeauvoir

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