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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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¡Madres! Realidades varias entre lo público y lo privado
Mientras se siga creyendo que la maternidad es algo que solamente corresponde a las mujeres y no se logre ver como una función simbólica y social, no habrá solución a los conflictos que presenta el maternaje y la crianza de las niñas y los niños.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
10 de mayo, 2016
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Por: Arabella Jiménez (@mekare_76)

La avalancha publicitaria ha comenzado. Desde antes que finalice abril, las televisoras anuncian programaciones especiales, los espectaculares muestran mujeres sonrientes, con dientes blancos y collares de perlas acompañadas con niños o niñas felices en actitudes amorosas. El epíteto de la maternidad está en los anuncios de las tiendas departamentales.

Este bombardeo publicitario poco o nada tiene que ver con la cotidianidad de la maternidad y sus avatares, o con saber que vas a ser madre y no lo habías planeado, como muchas mujeres adolescentes y adultas. O con la compleja experiencia inscrita en nuestros cuerpos. La maternidad puede ser gratificante pero también absorbente y no alejada de tensiones. En este #plumaje ofrecemos una reflexión sobre las maternidades que elegimos, la construcción de nuestra autonomía y de cómo el maternaje es, además de una decisión personalísima, una responsabilidad de las sociedades.

¿Maternidad y destino?

Cuando pasó, me pasó como a muchas mujeres: me tomó desprevenida. Me pregunté ¿realmente es el mejor momento? A esta siguió otra pregunta: ¿cuándo puede ser el mejor momento en un país donde la inestabilidad laboral es una constante?

Como muchas mujeres, en aquel entonces no tenía acceso a seguridad social (era freelance y activista haciendo la revolución en una organización de comunicación) eso suponía un camino bastante pedregoso. Como quiera, me dispuse a tomar una decisión y me dije: es ahora o nunca, porque el tiempo corre y seguirá corriendo, hasta que el reloj biológico me alcance.

Me encontré concluyendo: ¡No! Maternidad no es destino. Es, debería ser siempre una libre elección. Y decidí que sí, que iba.

El feminismo ha aportado mucho para desnaturalizar la maternidad. Ha trabajado para desmontar los discursos biologicistas y esencialistas que la sustentan. Ha repensado, revisado y cuestionado la maternidad. Las teóricas feministas han puesto de relieve que “la capacidad de dar a luz es algo biológico; la necesidad de convertirlo en un papel primordial para la mujer es cultural”.

Hablar sobre maternidad es hablar de subjetividad, de un relato personal sobre lo que se enfrenta con el cuerpo, se vive con la mente y a veces no se alcanza a dimensionar con las emociones. Es también su contexto y circunstancia. Un universo de experiencias particulares y únicas.

Abrir las posibilidades de elección de las mujeres implica ir más allá de lo personal. Va de la mano con lo que debe proveer el estado: la salud sexual y reproductiva, el acceso a métodos anticonceptivos, a educación sexual integral, a los servicios de salud dignos y libres de violencia obstétrica. Garantizar la vida y salud de las mujeres que deciden ser madres y de las que deciden no hacerlo, (aunque parezca anticlimático hablar de interrupción del embarazo en el contexto del 10 de mayo) tiene también que ver con garantizar que podamos tomar decisiones sobre nuestro cuerpo y llevar esas decisiones a buen puerto sin que pongamos en riesgo nuestras vidas. Que las mujeres podamos tomar decisiones desde el lugar más íntimo de nuestras conciencias implica fortalecer la autonomía de las mujeres, un ejercicio lejos de la violencia y la coersión.

¿Cómo estás? Exhausta

Madres muy distintas entre sí, formas muy diversas de asumirse madre. Desde quienes la asumimos con gozo, quienes tenemos que trabajar, quienes tienen alguna diversidad funcional, madres lesbianas, madres que pierden a sus hijos, otras que los abandonan. Todas un ramillete de circunstancias. Ninguna se refleja en el espectacular de tienda departamental de que hablábamos al inicio.

La maternidad como experiencia intensa subjetiva, implica distintos proceso: embarazo, parto y crianza que en todo momento marca la vida de las mujeres.

No es un secreto lo evidente: “existe una multiplicación de necesidades económicas a raíz del nacimiento de un hijo/a así como la vulnerabilidad que supone en términos de capacidades” y para muchas, circunstancias de precariedad. Luego entonces hay que trabajar y armonizar y …

Al final del día, te hallas exhausta.

Las mujeres seguimos asumiendo las responsabilidades familiares y a ellas se suman las nuevas cargas laborales. Según la CEPAL, “la división familiar de las tareas no se ha acompañado integralmente por un cambio en las políticas encaminadas a favorecer la igualdad de género” en el trabajo, por ejemplo.

Los horarios son incompatibles con la crianza. Un estudio en España del club de malas madres asevera que las mujeres que trabajan en aquel país dedican aproximadamente 54 minutos al día en promedio para estar con sus hijos.

Imagine usted lo que pasa con quienes ejercemos la maternidad en solitario. Sí, es decir, quienes encabezamos un hogar. Aquellas mujeres como quien esto escribe, según el INEGI en 2015, somos 29% del total de los hogares en México. De 2010 a 2015 según este Instituto, los hogares con jefatura femenina se han incrementado en un 4%. Y claro, son los hogares que tienen condiciones económicas más adversas.

Un problema común a las mujeres que trabajamos es justo la falta de conciliación entre nuestro trabajo y la familia, esto provoca estrés a la larga y un sentimiento de culpa velada del que no hablamos por no ingresar al grupo de las “malas madres”… sabe usted querida lectora de lo que estoy hablando, ¿verdad?

A la larga esta situación nos lleva a una sociedad sin futuro, donde los chicos y chicas crecen solas/os. Donde las mujeres somos penalizadas laboralmente por ser madres, porque los altos puestos ejecutivos no necesariamente nos llegarán trabajando “poco”. Estas y otras situaciones nos llevan a concluir que efectivamente ésta es una sociedad desigual en donde somos las mujeres las que absorbemos el trabajo NO remunerado en casa y el remunerado (con todo y brecha salarial que en México está entre el 22 y 17% según el sector de la economía en el que nos movamos).

Y pensé que había llegado a Holanda…

Las políticas laborales a favor de la conciliación tienen impacto en la productividad de las empresas e instituciones. La flexibilidad horaria por ejemplo hace que todo se vea de otra forma. Al llegar al ILSB pensé que había llegado a Holanda, es lo bueno de trabajar en una organización congruente con su filiación feminista. El horario compacto que tiene por política laboral permite que las colaboradoras madres pasemos tiempo con nuestras familias.

En efecto es aún la excepción de la regla.

La maternidad es una cuestión que tiene que ver con el género, si no lo vemos así no exigimos políticas públicas realmente efectivas para la atención de las mujeres y la infancia.

Tanto en el plano de la salud y los derechos reproductivos como en el plano laboral y de los soportes institucionales para una saludable atención a la reproducción social.

Mientras se siga creyendo que la maternidad es algo que solamente corresponde a las mujeres y no se logre ver como una función simbólica y social, no habrá solución a los conflictos que presenta el maternaje y la crianza de las niñas y los niños.

Lo personal es político… una vez más

Siguen haciendo falta las políticas públicas que ayuden a la conciliación, pero también todo un sistema de cuidado que incluya a la infancia y a los adultos mayores. Es necesario que las sociedades tomemos conciencia de que los cambios reales deben estar en casa, pero también desde el estado se debe hacer un cambio de perspectiva encaminado a liberar la sobrecarga de tensiones que pesan sobre las mujeres, particularmente las de bajos recursos económicos que no tienen acceso a seguridad social, por ende a una sola guardería.

Personalmente puedo decir que me hace muy feliz ver en los ojos de mi hija las distintas facetas del día. Sostengo que la maternidad es gozosa al menos para mí.

Sin embargo, para hacer que todas las mujeres podamos asumirla de forma placentera es necesario un gran cambio que vaya de lo privado a lo público, desde la casa y la democratización de los hogares hasta las políticas que tomen en cuenta las necesidades de las mujeres y las madres.

Otra vuelta a la tuerca, tal y como decía, Carol Hanisch en 1960 lo personal es político, y en el caso de las maternidades esto es muy evidente.

 

 

CAPORALE BIZZINI (coord.), Discursos teóricos en torno a la(s) maternidad(es): una visión integradora, Madrid, Etinema, 2004, pp. 19-61.

Palomar Verea, Cristina, Malas madres, la construcción social de la maternidad, en Debate Feminista Num. 09. México 2006.

Batthyány, Carolina coord., Construyendo Autonomía Compromisos e indicadores de género, Ed. UN/ Cepal, AECID, 2011.

INEGI, Encuesta Intercensal 2015. Señala que en México hasta el año pasado existían 9 millones 266 mil 211 hogares con jefatura femenina. 4 puntos porcentuales más que la encuesta de 2010.

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