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Maestras en comunidades rurales, su compromiso y múltiples roles en tiempos de pandemia
¿Cómo lidian las maestras con la presión y exigencia de las comunidades, de las madres y padres de familia para cumplir con los planes y programas estipulados? ¿Cómo mediar entre lo personal y lo laboral? ¿Qué hay de las expectativas personales?
Por Idolina Gallardo Martínez
15 de mayo, 2021
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Me aproximo ya a los 18 años de labor docente en la Región Ayuujk (Mixe) del estado de Oaxaca. Desde entonces y hasta el día de hoy me siguen sorprendiendo las maestras que laboran en la región, su capacidad de organizarse entre las tareas escolares y del hogar, el sortear las diferentes violencias y machismo que predomina en casa tanto para quienes radican en la ciudad como las que viven comunidades rurales.

La pandemia hizo más notorios los problemas del modelo educativo como la extrema pobreza, la inequidad entre maestras y maestros, entre laborar en un espacio urbano o rural. Estas mismas diferencias se han intensificado con el trabajo virtual en internet o con sistema televisado, más aún cuando las y los estudiantes tampoco tienen acceso a ello, reto que ha demandado nuevas dinámicas y tiempos laborales.

En México oficialmente desde 1917 se conmemora el 15 de mayo como Día de la Maestra/o. Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2019, del total de docentes trabajando en educación básica, 71 de cada 100 son mujeres.

Hablar del papel de las maestras y su rol en la pandemia hace preguntarme ¿de qué forma esto ha transformado los roles establecidos en la antigua normalidad? ¿Cómo lidian con la presión y exigencia de las comunidades, de las madres y padres de familia para cumplir con los planes y programas estipulados? ¿Cómo mediar entre lo personal y lo laboral? ¿Qué hay de las expectativas personales?

Para la maestra Reyna Ruiz Flores, radicada en Santiago Amatepec, Mixe, Oaxaca, quien al inicio de la pandemia se encontraba frente a un grupo de 2do grado de educación primaria bilingüe, el hecho de tener que resolver de manera inmediata la forma de abordar el trabajo a distancia la llenó de preocupación, ya que la cercanía con niñas y niños durante este proceso era de suma importancia. Debido a la falta de un televisor en casa y que solo un escaso número de padres y madres de familia tuvieran un celular para mantener la comunicación directa con ellos, esto propició que no se obtuvieran los resultados académicos deseados. Recordemos que en el mejor de los casos, el ingreso promedio trimestral en Oaxaca de hablantes de lengua indígena es de $6,741 pesos mensuales, los cuales resultan insuficientes para las necesidades de una familia1.

Hoy la maestra Reyna es Asesora Técnica Lingüística de la Zona 145 en Santa María Yacochi, Santa María Tlahuitoltepec, Mixe, Oaxaca, compuesta por 6 escuelas primarias bilingües, 7 preescolares, 4 de educación inicial y 3 albergues. Donde ha podido observar de manera más cercana los retrasos académicos, la desigualdad y la falta de recursos que la pandemia ha evidenciado aún más, así como la ardua labor y el sentir de abandono de sus compañeras docentes por parte de las autoridades estatales.

En esta zona escolar también labora la maestra Arcilia Guadalupe Ramírez Sanginés, Asesora Técnica Pedagógica, quien junto con la maestra Reyna determinaron que la mejor ruta para abordar los contenidos durante este ciclo escolar sería acudir de manera esporádica (semipresencial) a las comunidades. Esta ruta les permitió avanzar debido a las condiciones de precariedad y marginalidad tecnológica en las que se encuentra la mayoría de las comunidades en las que laboran, ya que no existe la posibilidad de tener a los alumnos conectados en línea por el alto costo de la renta del servicio y por no contar con un equipo de cómputo o celular en casa.

Tanto la maestra Reyna como la maestra Arcilia han tenido que organizar sus tiempos como madres de familia, ayudando a los hijos en las tareas propias de su escuela, asignando los tiempos en la mañana para la familia y en las tardes enfocarse en todo lo relacionado al trabajo pedagógico, puesto que el cargo requiere de la interacción con los docentes y generar propuestas de cómo trabajar en estas condiciones.

En palabras de la maestra Reina “Como mujeres hemos demostrado responsabilidad, le dedicamos tiempo a las cosas que queremos hacer, nos preocupamos más por hacer bien nuestro trabajo en las escuelas y en casa”. Resulta imposible estando en casa abstraerse del cuidado a las hijas e hijos porque el estatuto de madres es permanente.

Aunque pareciera que el asistir de manera esporádica a los espacios comunitarios permite tener mayores tiempos libres, esto no es así. Se tiene que seguir desarrollando la planeación de clases en medios que hasta hace poco para muchas resultaba ajeno y extraño, y que tampoco estaban a nuestro alcance por los altos costos que implica tener un equipo de cómputo y servicio de internet en el hogar; además conlleva a buscar espacios para la propia formación y capacitación, cumplir con las exigencias institucionales y administrativas como entrega de documentación y reportes de las evidencias semanales, selección de temas y aprendizajes esperados.

Lamentablemente se ha sabido de algunos casos de maestras que durante la pandemia han tenido que renunciar al trabajo docente al no poder enfrentar la violencia que el patriarcado ejerce sobre ellas, debido a que sigue permeando la cultura machista en sus hogares y al estar más tiempo en casa la presión por parte de hijos y pareja se vuelven imposibles de aguantar.

La violencia de la que han sido víctimas las mujeres, en especial las indígenas, a veces ha quedado invisible en los medios y también archivados en espacios de procuración de justicia.

Según datos de la ENDIREH 2016 alrededor del 59.5% de las mujeres indígenas ha experimentado algún tipo de violencia, de estas el 45.5% declaró haber vivido violencia emocional, 25.6% violencia escolar, 16.0% violencia laboral, 26.6% de violencia comunitaria y 33.2% vivieron violencia obstétrica en su último parto.

Las manifestaciones de estrés, angustia y cansancio son más comunes en las maestras, el sentimiento de no rendir de la misma forma como lo hacían en las clases presenciales, aunado al temor de no contagiarse o contagiar de COVID-19 a quienes les rodean.

Valorar y reconocer el trabajo de las maestras no solo en la pandemia sino en todo momento, implica conocer todos los esfuerzos que llevan a cabo para organizarse de manera individual y colectiva para salir adelante en lo laboral y lo personal/familiar.

@ISBeauvoir

 

1 INEGI. Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2018.

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