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Maternidad pandémica
El contexto de la pandemia y el confinamiento al que nos enfrentamos hoy ha llevado a las madres a su límite con el incremento en la carga de trabajo del hogar y de cuidados, en un contexto en donde lo que está en juego es la vida y el futuro.  
Por Friné Salguero
9 de mayo, 2020
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Como cada año, ya se asoma a la vuelta de la esquina el famosísimo 10 de mayo o “día de las madres”, pero este año sin duda será especial y todas lo recordaremos, no solo porque será la primera vez que no tengamos que explicar por qué muchas de nosotras hemos decidido ignorar la existencia de este día, o porque nos saltaremos la discusión familiar del año para ver dónde o con quien lo pasaremos, sino porque el contexto de pandemia y confinamiento al que nos enfrentamos hoy ha llevado a las madres a su límite con el incremento en la carga de trabajo del hogar y de cuidados, en un contexto en donde lo que está en juego es la vida y el futuro.

La división sexual del trabajo siempre ha puesto la carga de los cuidados, el hogar y la crianza en manos de las mujeres de manera no remunerada; históricamente este trabajo tampoco ha sido considerado dentro de la economía formal, aun cuando es el sostén de la misma: se ha calculado que representa el 23% del Producto Interno Bruto en México1. Para hablar en cifras, las mujeres trabajan en promedio hasta 10 horas más que los hombres en estas tareas y esta desigualdad se traduce en la imposibilidad de tener tiempo que les permita el cuidarse a sí mismas, o bien en cómo se insertan o participan en otros ámbitos de la vida, como el de trabajo remunerado o el espacio político por mencionar algunos.

Así mismo, cuando ambos miembros de la pareja trabajan, el trabajo de las mujeres es considerado como de menor importancia o complementario en el ingreso familiar, pues impera el estereotipo de que el trabajo principal de las mujeres debería ser el cuidado de la casa y los hijxs. Todo esto, hace que las mujeres -que si bien se han incorporado a la vida laboral masivamente, comparado con el número de hombres que se han hecho coparticipes del trabajo del hogar- lo hagan de manera más precaria, pues de entrada se enfrentaran a una brecha salarial entre hombres y mujeres del 20%, que se va incrementando con el número de hijxs y llega a ser hasta del 68% para madres con 4 hijxs2, y porque tienen que encontrar algo que todas las madres buscamos: arreglos de conciliación laboral que nos permitan cumplir con la doble o triple jornada y la multiplicidad de roles que tenemos que asumir.

Por años, el movimiento feminista ha tratado de exponer estas desigualdades, ha propuesto alternativas para conciliar el trabajo familiar y laboral, ha empujado por un reparto de tareas más equitativo al interior de las familias, y ha evidenciado (e incluso medido) los impactos diferenciados que esto tiene en otras maternidades como las monoparentales, las trans, las rurales o las que se viven en la adolescencia.

Pero nada ha demostrado mas claramente lo que implica el trabajo al interior de los hogares y la importancia del trabajo de cuidados como las medidas de confinamiento implementadas en la crisis de la COVID-19. Si partimos de la premisa que todxs tenemos derecho a cuidar y ser cuidados, hoy tenemos por un lado a las madres que no pueden cuidarse ni cuidar porque no tienen el privilegio de parar o trabajar desde casa y las que dentro de su confinamiento están padeciendo una mayor carga física y emocional para cuidar a sus familias, o las que están poniendo en riesgo la vida por estar confinadas junto a sus violentadores.

Sin embargo, de cara al futuro, me gusta pensar que también estamos frente a una oportunidad única de reconocer estas desigualdades, en donde muchas familias han tenido que encontrar nuevas formas de organización y división del trabajo para salir a flote. Es momento de volver a las grandes reflexiones, para crear un nuevo pacto político y social que no nos evite regresar a esa “normalidad” en la que nuestra vida está puesta al servicio del capital, en donde las mujeres y sobre todo las madres no tengan que debatirse todos los días entre trabajar a medias y criar a medias, en donde el Estado reconozca la importancia del cuidado, de la crianza y asuma el rol que le toca, sin designar repetidamente a las madres o abuelas como responsables de encontrar las soluciones, donde exista una mayor conciliación entre el trabajo y la vida familiar, donde ninguna madre se quede atrás. Porque si bien las maternidades son tan diversas como las mujeres somos, todas tenemos algo en común, la necesidad de conciliar el cuidado de nuestras hijas e hijos con las otras actividades de nuestra vida, y ya no queremos hacerlo solas, sino colectivamente, con corresponsabilidad social.

* Friné Salguero (@frine_salguero) es directora del @ISBeauvoir.

 

1 INEGI. Encuesta Intercensal en Atlas de género: uso del tiempo (horas de trabajo no remunerado y horas en cuidado de menores). 2018.

2 INEGI. Presentación de resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos (ENIGH) 2018.

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