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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Mujeres e informalidad laboral, un reto de cuidado
¿Debería estar el destino de las trabajadoras y sus familias anclada a la fortuna de tener o no empleo formal?
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
24 de mayo, 2017
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Por: Christian Aurora Mendoza (@chris_mendoz)

Aprovechemos que en este mes de mayo conmemoramos a las y los trabajadores y el día de las madres; y para hablar de madres trabajadoras le invito a imaginar esta:

Usted es mamá trabajadora, entra a su trabajo a las ocho de la mañana. Se levanta a las cinco, se arregla, despierta a sus hijos (as), les ayuda a alistarse, les hace desayuno, una vez que comieron les ayuda a lavarse los dientes, a quitarse las morusas de la ropa y a guardar su lonche y cualquier otra cosa que necesiten durante su estancia en la guardería o escuela. Lava los trastes del desayuno mientras los entretiene viendo alguna cosa en la televisión, le echa agua a las plantas y aprovecha para sacar la basura. Después de sortear el tráfico infernal y a los apresurados peatones, llega al lugar donde estarán sus hijas (os) las siguientes cinco o seis horas, llega a su trabajo cansada. Después de su jornada laboral vuelve a hacer todo el recorrido pero ahora al revés, hasta dormirse, obviamente después de haber lavado los trastes de la cena, acostado a los chiquillos (as) y avanzado con pendientes de su trabajo.

Si por algo alguna razón se desfasa en esta cadena de eventos cuidadosamente calculados y ensayados, usted puede llegar tarde a su empleo, incumplir con el tiempo de una entrega o de una reunión: la culpa por doquier, por no poder darse abasto para cuidar como se supone que debe ser, ni para estar al 100% en las sobreexigencias de su empleo.

Ahora, imagine la misma escena pero sin guardería o sin escuela. ¿Qué hace con sus hijos o hijas?, ¿se los lleva al trabajo?, ¿se los lleva su pareja al suyo?, ¿le pide ayuda a su mamá, hermana, cuñada u otro pariente?, ¿paga a alguien para que venga a casa a cuidarles o busca quién les cuide en otro lugar?

En el reciente estudio que presentó la OCDE en colaboración con INMUJERES sobre políticas de género en México, se señala a la maternidad como uno de los más grandes retos para el empoderamiento económico de las mujeres. Veamos por qué.

Si usted es mamá tiene menos probabilidades de ser contratada en un empleo formal, en comparación con perfiles de mujeres que no son madres y de hombres en situación o no de paternidad. De hecho, desde esta perspectiva de análisis, los hombres que son padres son quienes mayores posibilidades tienen de emplearse. Además de ello, la OCDE reconoce que las mujeres tienen mayores cargas de trabajo, que existe desigualdad en los salarios y prestaciones, y que las mujeres suelen insertarse más en empleos informales.

Pero, ¿por qué las estadísticas indican que las mujeres tienen mayores tasas de participación en el empleo informal? La respuesta es simple, porque las mujeres disputan el tiempo permanentemente para sacar adelante la jornada diaria de las personas que dependen de ellas y de sus cuidados, y los empleos informales son los que más facilitan horarios flexibles. Si es usted una madre freelancera, puede estar trabajando desde su computadora personal y suspender un rato sus actividades para poner una carga de ropa en la lavadora o cuidar a su bebé; o si es usted trabajadora del hogar, tiene la posibilidad de llevar a sus hijas a la casa donde trabaja para poder estarlas supervisando mientras cumple con las actividades de su jornada.

El empleo formal permite acceso a los beneficios de la seguridad social como: atención médica, guarderías, crédito para la vivienda y pensión para el retiro; de la misma manera proporciona prestaciones laborales y cierta estabilidad para la persona empleada y su familia. Si bien los servicios asociados a la seguridad social y las prestaciones laborales son insuficientes para la satisfacción de las complejas necesidades de las familias, sí amplían las alternativas para hacer los malabares que conlleva la distribución de los recursos más escasos: el tiempo y el dinero.

Todo eso se pierde con la informalidad. Así, cada hogar se organiza en función de su acceso o no a servicios y recursos para regenerar su vida cotidiana. Generalmente esa básica organización y el trabajo que implica llevarla a cabo recaen en la responsabilidad de las mujeres. Estamos así en un círculo que parece no tener fin: las madres trabajadoras son las menos preferidas del sector empleador formal. Ellas buscan empleos con horarios flexibles para atender las necesidades de cuidado de sus familias, muchas veces estos empleos son informales y no les proporcionan seguridad social ni todas las prestaciones, por lo que invierten la mayor parte de sus escasos recursos en arreglar los asuntos del cuidado, empobreciendo su patrimonio y comprometiendo su futuro, y así, hasta el día que nadie dependa de ellas, si algún día eso sucede…

Urgentes soluciones de Estado

Pero ¿debería estar el destino de las trabajadoras y sus familias anclada a la fortuna de tener o no empleo formal?

En este contexto de precariedad laboral es urgente incrementar la exigibilidad de los derechos laborales y de seguridad social valorando todo su potencial para disminuir las desigualdades sociales. Siguiendo esta línea, habría que trabajar en el incremento de la formalización del empleo. Sin embargo, desde una perspectiva de género, el aumento de dicha formalización es insuficiente al menos en dos sentidos.

El primero apunta a la necesidad de actualizar la seguridad social y las presentaciones laborales desde un enfoque de género que contribuya a transformar las relaciones de desigualdad que se reproducen dentro de los hogares (sí, ¡oh, sorpresa!, al interior de las familias también hay relaciones desiguales: a las mamás se les carga más el trabajo y esto tiene consecuencias negativas para ellas). Un ejemplo: la precondición de que sólo las madres –y no los padres- pueden acceder a servicios de guarderías es por decir lo menos: obsoleta, refuerza los roles de las mujeres como cuidadoras y no fortalece la responsabilidad masculina del cuidado.

En un segundo plano, asumiendo que el destino de las trabajadoras(es) no debería depender del tipo de ente empleador para el que trabaje, se necesita una solución de Estado para garantizar el derecho de las personas para acceder a los medios para satisfacer sus necesidades de cuidado, tanto para quién necesita los cuidados como para quien los provee. Un ejemplo: un niño o niña de dos años tiene derecho a que le cuiden, la madre o el padre tienen derecho a acceder a recursos para poderle cuidar. A esta complejidad le llamamos derecho al cuidado.

En vista de que los índices de informalidad laboral, embarazo adolescente y jefaturas femeninas de hogares van a la alza, algo nos debería al menos estar preocupando al respecto de cómo garantizar la sostenibilidad del futuro de los hogares mexicanos: más madres solas y menos recursos para cuidar.

Un salario rosa podría reconocer el trabajo de las madres dentro de los hogares, pero de ninguna manera contribuye a modificar la injusta redistribución de las cargas de cuidado que impiden a las madres trabajadoras insertarse en el mercado laboral, como bien lo apunta la OCDE. No solventa la insuficiencia de servicios públicos de cuidado, ni las malas condiciones laborales en las que particularmente se insertan las mujeres en el mercado de trabajo.

Es tiempo de que las instituciones comiencen vislumbrar que el dar y recibir cuidado en este contexto de precarias condiciones de tiempo, servicios y recursos es un problema público, y que profundiza la desigualdad particularmente entre las mujeres que son quienes llevan las mayores cargas de trabajo.

Las autoridades argumentarán que incrementar la formalidad laboral, los servicios asociados a la seguridad social o diseñar políticas de cuidado tendrán un enorme impacto presupuestal que colapsaría a las instituciones del país; como si las instituciones no estuvieran ya colapsadas y necesitaran ser refundadas con enfoques transformadores. Nosotras preferimos pensar en la refundación, porque en medio de tanta muerte, no nos queda alternativa para pensar en el futuro.

 

@ISBeauvoir

 

El trabajo se titula: “Building an Inclusive México: Policies and good governance for gender equality” y puede consultarse completo en este vínculo.

Los datos oficiales de informalidad laboral indican que el 49% de los hombres están empleados en la informalidad mientras que la cifra es de 57% entre las mujeres.

Según los recientes resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI. Disponible aquí.

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