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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Mujeres rurales en la eterna crisis del campo mexicano
Entre los rubros afectados por los recortes al Presupuesto de Egresos 2017, no extraña encontrar una disminución de 16.7 % para el campo mexicano.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
18 de noviembre, 2016
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La semana pasada la cámara de Diputados anunció los cambios realizados al Presupuesto Oficial de la Federación para 2017. Entre los rubros afectados por los recortes, no extraña encontrar una disminución de 16.7 % para el campo mexicano. Aun cuando falta un largo camino que recorrer rumbo a la aprobación del POF2017, vale una reflexión; en este plumaje revisamos cómo se impactará la realidad de las mujeres rurales, motor del campo mexicano.

Por: Christian A. Mendoza (@chris_mendoz)

Teresa Ramírez es jornalera agrícola en San Quintín, Ensenada, Baja California. Como muchas mujeres que trabajan en el campo labora más de 9 o 10 horas todos los días. Así, de corrido, sin salir a comer. Nos dice que le gustaría tener un sueldo fijo, pero no, allá no es así, es un trabajo a destajo. Se paga por cosecha por canasta o por caja; se trabaja sin descanso porque “al patrón le urge se cierre”. Aquí se trabaja así. “Nos aguantamos, no queda de otra, somos jornaleras, tenemos que aguantar, a veces por los hijos, porque ellos estudian y necesitan pa’ sacarlos adelante. Nos aguantamos eso y más”. Así es la realidad de muchas mujeres en el campo mexicano.

El 23 % de la población mexicana vive en localidades oficialmente clasificadas como rurales, lo que equivale a más de 27 millones de personas. Como en todo, las mujeres somos la mitad: 14 millones de mexicanas viven en pequeñas localidades, el 11 % del total de las mujeres del país.

Se sabe que los índices de pobreza y marginación son mayores en estas regiones, y que se vinculan con los bajos ingresos y la falta de acceso o la mala calidad de servicios básicos. Según cifras de CONEVAL (2014) el 61 % de la población rural vive en pobreza y el 20 % en pobreza extrema. Desde hace más de treinta años, las políticas nacionales dirigidas al campo han profundizado esta situación, privilegiando el crecimiento de la agroexportación y rezagando a las y los pequeños productores al desincentivar la inversión en su trabajo y convertirlos en beneficiarios de política social.

Las mujeres rurales han enfrentado esta crisis de manera particular: mitigándola.

Mujeres rurales, desigualdades invisibles

La FAO reconoce que las mujeres rurales son las responsables de la producción de más de la mitad de alimentos en el mundo. Un importante porcentaje se genera a través de la siembra y cría de animales en sus traspatios y en las milpas familiares; con ello han disminuido la crisis alimentaria del campo, en un contexto en el que, al menos en México, se importa casi el 30 % de granos y otros alimentos básicos que pudiera generar para alimentar a su población más vulnerada.

El alto costo de recursos básicos es también un tema que empobrece. Ante los altos costos del gas como base para la preparación de alimentos, las familias recurren al uso de la leña para cocinar o calentarse, incrementando su tiempo de trabajo en su recolección. Lo mismo sucede con el agua, se invierte mucho tiempo en su recolección y saneamiento, dadas las graves condiciones de contaminación en las que se encuentra.

En la mayoría de los casos, estas actividades extra son realizadas por mujeres. La Encuesta Nacional de Uso de Tiempo (ENUT) documenta que las mujeres rurales trabajan semanalmente en promedio al menos 8 horas más que las mujeres de zonas urbanas haciendo labores de trabajo doméstico. Si este trabajo fuera pagado, se estima que las mujeres rurales estarían aportando más de 50 mil pesos anuales a sus hogares, sólo con su trabajo doméstico.

Esta sobrecarga de trabajo está estrechamente vinculada con la feminización de la pobreza en el ámbito rural, donde se estima que el 20 % de los hogares tienen jefatura femenina y que el 32 % de las mujeres rurales no tiene ingresos propios.

Ante este escenario de precariedad, la población rural y en particular las mujeres han recurrido a la multiactividad: migración laboral, empleos temporales, elaboración de productos para venta, prestación de servicios, ventas por catálogo, producción para autoconsumo, participación en proyectos productivos entre muchas otras opciones.

Esta complejidad estructural deja ver pocas alternativas reales para la revitalización de la economía del campo y del empoderamiento de las mujeres rurales, si es que el Estado no actúa con decisión, apostando a la pequeña producción campesina y reorientando ahí su presupuesto.

Durante los últimos años se han diseñado programas dirigidos a mujeres rurales principalmente bajo el esquema de proyectos productivos y microfinanciamientos; si bien, son programas que continúan bajo una óptica muy limitada de lo que significa el campo mexicano y la aportación de las mujeres del campo al país, traen a la visibilidad la necesidad de contar con políticas específicas para enfrentar sus situaciones particulares.

En este contexto, preocupa que en el presupuesto de egresos de la federación propuesto para 2017, no quede claro qué programas están dirigidos particularmente hacia pequeños productores del campo y dentro de ellos, cuál es el presupuesto específico asignado a programas para mujeres rurales.

Es preciso tener presente que en la recomendación No. 34 (2016) de la Comisión sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) se exhorta a los Estados a garantizar los derechos de las mujeres rurales desarrollando medidas temporales especiales para mejorar sus condiciones sociales y económicas, así como a adoptar políticas públicas y estructuras institucionales para promover su desarrollo.

Si son las mujeres rurales las que con su trabajo y creatividad sostienen al campo en crisis, ¿qué no lograrían con más recursos? , qué tal si dejamos de ver a la población rural en general y a las mujeres en particular como beneficiarias de política social y vemos mejor su capacidad histórica de tomar la tierra en sus manos, producir alimentos y permitirnos vivir de ella.

@ISBeauvoir

 

 

INEGI (2015), Estadísticas a propósito del día internacional de la mujer. Disponible aquí.

INMUJERES (2016) Día Internacional de las Mujeres Rurales. Disponible aquí.

Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio Fiscal 2016. Disponible aquí.

Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio Fiscal 2017. Disponible aquí.

 

 

La clasificación oficial indica que las localidades con menos de 2500 habitantes serán consideradas rurales. Se trata de una clasificación sumamente acotada que entre otras cosas no considera dinámicas sociales vinculadas a lo rural que están presentes en comunidades con mayor número de población, incluso dentro de núcleos urbanos.

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