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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Mujeres y trabajo: grandes retos de frente
La heterogeneidad de condiciones en el trabajo, gozar de derechos laborales ¿es una cuestión de suerte?, ¿depende de quién me emplee?, Y si me dedico a las actividades del hogar ¿nunca podré acceder a las prestaciones del trabajo?
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
29 de mayo, 2019
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Por: Christian Aurora Mendoza (@chris_mendoz)

Antes de que acabe mayo, el mes del trabajo, queremos hacer un alto en este blog para hablar del trabajo desde un punto de vista feminista. ¿Cuál es este? Aquel que se mira desde las necesidades y dificultades que enfrentan las mujeres. El 1 de mayo conmemoramos la larga lucha que a lo largo de la historia han dado grupos de obreras y obreros organizados por el reconocimiento de derechos laborales: Jornada de 8 horas, descanso obligatorio, vacaciones pagadas, indemnización por accidentes de trabajo, licencias pagadas, pensión por retiro, entre otros; derechos que se conquistaron hace más de un siglo pero que aún hoy, no son una realidad para un gran número de personas trabajadoras.

El mundo del trabajo es cambiante por múltiples factores, pero el acceso a derechos de quienes producen bienes y servicios que mueven a la economía no debería estar sujeto a modificaciones. El concepto mismo de trabajo se ha ido transformando y las feministas hemos dado la batalla para que las actividades que se realizan dentro de los hogares -para satisfacer las necesidades de las personas-, se entiendan también como trabajo. En esta heterogeneidad de condiciones en el trabajo, gozar de derechos laborales ¿es una cuestión de suerte?, ¿depende de quién me emplee?, Y si me dedico a las actividades del hogar ¿nunca podré acceder a las prestaciones del trabajo?

Informalidad laboral y trabajo no reconocido

Según datos del INEGI, en México más de la mitad de las personas trabajadoras laboran en la informalidad, esto quiere decir que no cuentan con prestaciones de trabajo ni tampoco acceden a los seguros vinculados a la seguridad social, las razones son muchas: los modelos de empleo flexible y descentralizado, el crecimiento de la posibilidad de autoemplearse, la poca responsabilidad social de algunos sectores empleadores, los rígidos esquemas laborales y de seguridad social, entre otras.

Como hemos insistido en ocasiones anteriores, existe una tendencia a que las mujeres –sobre todo aquellas que son madres- busquen empleos flexibles como medida para conciliar su vida laboral o necesidades de ingreso con las responsabilidades del hogar que socialmente se les ha asignado por su género, quién no ha escuchado comentarios como: “mejor busco un trabajo que pueda hacer desde casa para cuidar a mi hija”. Es así que dos terceras partes de las mujeres que tienen un trabajo remunerado, laboran en la informalidad.

Otra medida de conciliación frecuente entre las madres es dejar el empleo temporalmente para dedicarse de manera exclusiva a los cuidados familiares. La necesidad de conciliar el trabajo remunerado con los cuidados es la razón por la cual las mujeres participan en menor cantidad que los hombres en el empleo formal, y cuando lo hacen, tienen mayores dificultades para permanecer y desarrollarse profesional y económicamente, además de menos tiempo para organizarse con otras y exigir derechos; en suma: las mujeres enfrentan más obstáculos que los hombres para beneficiarse de los derechos vinculados al trabajo formal.

El problema es que los empleos informales carecen de derechos laborales y seguridad social. Es así que las y los trabajadores informales resuelven día a día asuntos de salud, cuidado de infantes, vacaciones y otros sin poder usar los servicios públicos a los que pudieran acceder a través de la seguridad social. En el largo plazo se corre un gran riesgo al no tener asegurados servicios de salud o pensión; la dedicación exclusiva a tareas del hogar y la inestabilidad en empleos formales a lo largo de la vida son las causas principales por las que las adultas mayores tienen más probabilidades de caer en situación de pobreza que sus pares hombres. Hay pues un problema en que los derechos laborales estén vinculados al empleo formal y no hayan sido diseñados con perspectiva de género.

Derechos laborales para todas las personas

Recientemente conocimos la resolución del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Comité DESC de Naciones Unidas) frente al Caso Trujillo Calero vs. Ecuador.  Para resumir, el caso trata de una mujer de 63 años que solicitó al Estado ecuatoriano su pensión para el retiro a la que estuvo abonando de manera continua desde 1981, primero de manera voluntaria mientras se dedicaba al hogar, y posteriormente como empleada remunerada. El Estado le negó la pensión dado que detectó el pago de 8 cuotas retroactivas, al mismo tiempo que declaró inválidas sus aportaciones voluntarias de 6 años mientras fue “ama de casa”.

El Comité DESC resolvió que negarle su pensión de retiro era una violación a su derecho a la seguridad social y recomendó al Ecuador: “Tomar medidas legislativas y/o administrativas para asegurar que en la práctica hombres y mujeres disfruten del derecho a la seguridad social (…) incluyendo medidas para eliminar los factores que impiden a las mujeres ocupadas en el trabajo doméstico no remunerado, trabajar para contribuir a los sistemas de seguridad social”. Es así como el Comité encontró que esta situación constituye una discriminación de género principalmente para las mujeres que se dedican al trabajo del hogar no remunerado, teniendo un impacto desproporcionado en sus posibilidades de disfrutar un adecuado estándar de vida durante la edad adulta mayor.

La resolución del Comité invita a comprender que el dedicarse al trabajo de cuidados no remunerado no debe ser obstáculo para el disfrute del derecho a la seguridad social. Ello implica ampliar el entendimiento de que el trabajo no remunerado es trabajo, que tiene una contribución social y económica, y que por tanto las mujeres hacen contribuciones económicas todo el tiempo con su trabajo, por ello las economistas feministas han insistido en medir el aporte económico que todo ese tiempo y trabajo significa para la economía nacional. Al final, las mujeres que se dedican al trabajo doméstico y de cuidados en sus hogares están aportando en grandes cantidades pero no tienen garantizado el disfrute de derechos a cambio. Aportan para que otros puedan disfrutar mientras ellas son marginalizadas de los propios beneficios que generan.

Además del aporte económico que conlleva una vida dedicada al trabajo no remunerado, el Caso Trujillo Calero vs. Ecuador muestra que las mujeres están dispuestas a hacer aportaciones contributivas para beneficiarse de derechos como el de pensión (la peticionaria por años realizó aportaciones contributivas a la seguridad social a través de los mecanismos de aportación voluntaria).

En México el mejor ejemplo nos lo están dando las empleadas del hogar organizadas quienes entre otros múltiples derechos demandan tener salarios dignos que les permita pagar cuotas al sistema de seguridad social.

El acceso a la seguridad social y los derechos laborales son un reto mayúsculo que actualmente enfrentan los Estados para ampliar la vida digna de su población en este cambiante mundo del trabajo. El reto de proveer el disfrute de derechos a trabajadoras independientemente de la modalidad de su trabajo es una fuerte medida de redistribución económica que tenemos que dar para reducir las brechas de desigualdad, acción urgente en un país como el nuestro. ¿Cómo puede el Estado garantizar el acceso a derechos laborales, de seguridad social y sus beneficios a las mujeres independientemente de la manera en la que se integren al trabajo? Nos toca dar un amplio debate al respecto y borrar la idea errónea de que estos derechos son hoy un privilegio.

 

@ISBeauvoir

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