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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
Organización feminista con 15 años en la formación de liderazgos con perspectiva de Género, D... Organización feminista con 15 años en la formación de liderazgos con perspectiva de Género, Derechos Humanos e Interculturalidad. (Leer más)
¿Y la ratificación del Convenio 189?
Las trabajadoras del hogar no tienen lo que todo trabajador tiene cuando está en el régimen obligatorio del Seguro Social. El régimen voluntario, que sólo cubre el servicio médico, no es una vía buena para las que tienen hijos, por ejemplo. ¿Dónde los dejan? Los cuida la vecina, los cuida la tía, se quedan encerrados.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
14 de julio, 2016
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Por: Christian Aurora Mendoza Galán (@chris_mendoz)

Desde los 14 años, Ana Laura Gaspar Aquino se dedica al trabajo del hogar. Fue mucho el tiempo que se tardó en encontrar una empleadora que respetara sus derechos laborales. Nos cuenta: “Al fin llegué a un lugar donde la empleadora me dijo: “aquí vas a tener vacaciones’, ‘te vamos a dar aguinaldo’, ‘te vamos a dar tus días de descanso, los que son, nada más no te puedo dar seguridad social porque no hay cómo afiliarte”. Fue así como descubrió que sólo podía acceder al régimen voluntario del Seguro Social. Un régimen que sólo permite el acceso al servicio médico. “No tenemos todo lo que todo trabajador tiene cuando está en régimen obligatorio. El régimen voluntario sólo cubre el servicio médico. No es una vía buena para las trabajadoras del hogar, pienso en las que tienen hijos, ¿dónde los dejan? Los cuida la vecina, los cuida la tía, se quedan encerrados. Esa prestación es muy indispensable para las trabajadoras del hogar, la seguridad social completa”.

El trabajo doméstico remunerado es una de las principales fuentes de empleo a nivel internacional. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) representa el 4 % de la fuerza laboral a nivel mundial y el 6 % en América Latina.

Es también un indicador de la desigualdad; la misma OIT ha identificado que los países más desiguales tienen un mayor porcentaje de personas empleadas en el trabajo doméstico. Mientras que en países desarrollados apenas el 1 % de las mujeres es trabajadora del hogar remunerada, en países como México es uno de los principales empleos para las mujeres: aproximadamente el 11 % de la Población Económicamente Activa (PEA) femenina se emplea en los hogares.

Las tendencias indican que es un área laboral que irá en aumento, debido a factores como la creciente inserción de las mujeres en trabajos remunerados fuera de sus hogares, y a la insuficiente participación de los hombres en el trabajo doméstico (sobre lo que hablaremos en la siguiente entrega).

Es un trabajo feminizado (realizado en su mayoría por mujeres) y que se caracteriza además de su precariedad, por tener condiciones discriminatorias que normalizan la exclusión de este sector a derechos laborales: no existe obligación de contrato, está excluido de prestaciones y seguridad social, no hay regulación de la jornada laboral ni del salario, entre otras. Por otro lado, su vínculo con los rancios imaginarios sociales que vinculan el trabajo doméstico con la servidumbre, mantiene el estereotipo sobre quiénes deben desempeñar esta labor y a qué derechos pueden o no acceder. Para muestra un botón: en el país, las mujeres indígenas migrantes encuentran en el trabajo doméstico una de sus principales fuentes de empleo.

Estamos frente a una construcción cultural que entrevera elementos añejos como la desvaloración del trabajo doméstico, de las mujeres y de la población indígena, y la complejiza con las condiciones de precariedad laboral que caracterizan la dinámica económica de estos días. Tremendo reto salir de ahí.

Para dar un poco de luz al respecto, la OIT adoptó en 2011 el Convenio sobre las Trabajadoras y Trabajadores domésticos (Convenio 189) y la Recomendación que lo acompaña (Recomendación 201). Ambos documentos contienen una serie de normas y directrices que de ser puestas en operación por los países que se adhieran, contribuirán a restituir derechos y a mejorar las condiciones laborales y de vida de los y las trabajadoras domésticas.

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Hasta 2015, 22 países habían ratificado el Convenio; más de la mitad son países latinoamericanos. La ratificación implica que el país se compromete a aplicar el Convenio en su territorio y a ser susceptible de supervisión por la OIT.

México aún no lo ratifica. Aunque ha manifestado ya su intención de sumarse a él, aún no se toman acciones contundentes para eliminar los elementos de discriminación que obstaculizan que las trabajadoras del hogar puedan inscribirse dentro de la seguridad social y contar por ejemplo, con una base salarial estándar mínima o prestaciones de ley. La Ley Federal del Trabajo y la Ley del Seguro Social deben modificarse para armonizarse con los estándares de la OIT. En esto, algunos países nos llevan ventaja; por ejemplo, Brasil reformó su Constitución para igualar los derechos laborales de las trabajadoras domésticas y Filipinas promulgó una ley especial: la Ley de Trabajadores domésticos.

En este sentido, la OIT ha detectado otras barreras que impiden una mayor cobertura de derechos para trabajadoras del hogar: afiliación voluntaria de seguridad social en lugar de obligatoria, falta de estrategias para la inscripción de trabajadoras con varios empleadores, falta de incentivos contributivos para la afiliación, complejidad en los trámites administrativos para dar de alta a una trabajadora, entre otros.

¿Por dónde empezar? México es uno de los pocos países del continente que se aferra al régimen de seguridad social voluntario para las trabajadoras del hogar; prácticamente el resto de los países cuentan con cobertura obligatoria. El carácter obligatorio de la afiliación a la seguridad social permite identificar claramente una relación laboral entre empleadora-trabajadora y contempla seguros como el de riesgos de trabajo, maternidad, acceso a guarderías y otras prestaciones sociales. Dado que actualmente la ley contempla únicamente la afiliación voluntaria para las trabajadoras del hogar en México, la posibilidad de acceder al régimen obligatorio se ha convertido en una de las principales demandas de las organizaciones de trabajadoras y de las recomendaciones de la OIT, pues se relaciona directamente con estos otros ámbitos de protección social que no le deberían ser negados a nadie.

Si como se ha mencionado, el empleo doméstico tenderá a aumentar en los siguientes años, es urgente adelantarse a una posible profundización de la crisis de derechos laborales de millones de mujeres mexicanas y sus consiguientes efectos sociales: incremento en el número de trabajadoras mexicanas sin acceso a servicios de salud, guarderías y seguros básicos. Más mexicanas resolviendo por sí mismas dentro de sus hogares las carencias del sistema de protección social, con todas las implicaciones económicas y de sobrecarga de trabajo que esto conlleva.

En este sentido, ampliar la protección social al trabajo doméstico es indispensable para combatir la pobreza y avanzar la igualdad de género, como también afirma la OIT. ¿Por qué los beneficios que acompañan la cobertura obligatoria le están negados por ley a las trabajadoras del hogar?, ¿es este o no un elemento de discriminación protegido por las leyes mexicanas?, ¿por qué se conservan las explícitas negaciones de derechos principalmente hacia mujeres pobres e indígenas?

México debe retomar experiencias de otros países de la región para orientar su proceso de modificaciones legislativas y de concientización a la población en general. Hay que tomar en cuenta que la incorporación a la seguridad social trae implícito también un proceso de formalización del empleo en un país que tiene un importante porcentaje de población dentro de la llamada informalidad. Contar con seguridad social decanta en beneficios intergeneracionales: más niños, niñas y adultos mayores tienen posibilidad de acceder a estándares básicos de protección social.

Es cierto que se trata de un proceso complejo que implica una reingeniería institucional, así como esfuerzos y costos para todas las partes involucradas, pero no hay que perder de vista al menos dos elementos. Desde el punto de vista institucional, que el Estado se puede apoyar de los organismos internacionales para planear todo el proceso en términos de progresividad, y dentro del marco de derechos humanos, que estamos hablando de justicia, que es urgente revertir una de las más antiguas formas en que se materializa y reproduce la desigualdad, que si apostamos por un país más igualitario ¿no deberían ser los hogares los primeros espacios libres de discriminación?

 

@ISBeauvoir

 

 

Fuentes:

  • Convenio 189 y recomendación 201 de la Organización Internacional del Trabajo. Disponible aquí.
  • Organización Internacional del Trabajo (2016). Protección Social del trabajo doméstico, tendencias y estadísticas. Documento 16. Primera Edición. Ginebra, Suiza.
  • Organización Internacional del Trabajo (2013) Seguimiento a la resolución sobre medidas encaminadas a hacer realidad el trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos en todo el mundo: informe sobre los progresos realizados. Documento de Conferencia. Consejo de administración de la OIT.
  • Indicadores de ocupación y empleo (primer trimestre de 2016) Disponible aquí.
  • INEGI, Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 2013.

 

 

 Secretaria General Colegiada del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (SINACTRAHO).

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