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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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¿Ni estudian ni trabajan? Pero… nos cuidan
De acuerdo con un estudio de la OCDE, las mujeres jóvenes en México tienen casi cuatro veces más probabilidades de no estudiar ni trabajar que los hombres jóvenes, y casi dos terceras partes de las jóvenes en esta situación son madres y dedican una gran cantidad de tiempo a las tareas domésticas.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
22 de julio, 2019
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Por: Christian Aurora Mendoza (@chris_mendoz)

En México, dos de cada 10 jóvenes de 15 a 29 años no estudian ni trabajan. En promedio, según la OCDE, cada uno de ellas y ellos pierde 3.3 años de sus vidas en esa situación. Lo que pocas veces se preguntan los/as funcionarias es: si no estudian ni trabajan, entonces ¿qué hacen con su tiempo? Si pensamos en las mujeres jóvenes de nuevo encontramos desigualdad: muchas de ellas se dedican al cuidado y al trabajo doméstico.

Para muestra un botón: según la Encuesta Nacional de Hogares (2017), el 21% de las mujeres menores de 30 años indicó que no estudia por motivo de matrimonio o unión, embarazo, o nacimiento de un hijo; el porcentaje para los hombres con estas mismas razones es de 6.3%.

La educación es un derecho fundamental que está garantizado en instrumentos de derechos humanos y por supuesto en la Constitución, históricamente ha sido bandera de demandas de movimientos sociales y elemento de disputa entre agendas progresistas y conservadoras. Los gobiernos entienden que deben de garantizar este derecho con infraestructura y personal suficiente, así como con el desarrollo de contenidos y materiales accesibles a las características de las distintas regiones del territorio nacional. Sin embargo, aún y con tanta atención puesta sobre este eje fundamental que determina en muchos sentidos la desigualdad social, todavía hay una amplia brecha diferenciada por género -sobre todo en el periodo posterior a la educación inicial- a la que poco se le pone atención.

Por el lado del empleo, los motivos de exclusión y expulsión de la dinámica laboral son muchos y siempre tienen impactos diferenciados por género; a veces se relacionan con factores externos del contexto macroeconómico, como crisis económicas y malas rachas en las industrias que empujan a los sectores a tomar decisiones de recorte de personal, otras tienen que ver con las etapas del ciclo de la vida de las personas trabajadoras, por ejemplo, por tu edad tienes poca experiencia o demasiada que no se ajusta a las demandas actuales del mercado. Otras muchas tienen que ver con dinámicas de los hogares que no se escapan de los roles de género: una nueva situación conyugal o la llegada de nuevos o nuevas integrantes a las familias son cambios importantes que requieren disponibilidad de tiempo para atenderse, que encuentran incompatibilidad con las demandas de tiempo del empleo, y que terminan siendo atendidas por las mujeres.

¿Jóvenes que ni estudian ni trabajan?

En nuestro país el 7.7 %1 de las mujeres económicamente activas dejaron de buscar empleo porque piensan que no tienen posibilidades de integrarse al mercado de trabajo dado que no cuentan con las herramientas que se demandan, esto principalmente por dedicarse de tiempo completo a las tareas del hogar. Al mismo tiempo, la tasa de personas que no tienen trabajo, pero que están buscando es más alta entre las mujeres en edad reproductiva (20 a 39 años)2 muchas de ellas madres, y entre quienes cuentan con un empleo, el 77.4 % de las trabajadoras no dispone de acceso a guarderías o cuidados maternos.3 Todo juega para que atender las tareas domésticas y de cuidados siga siendo la opción para las mexicanas expulsadas del mercado laboral.

La situación conyugal y las tareas asociadas a la maternidad, los cuidados y al trabajo doméstico juegan un papel determinante dentro de las posibilidades de las mujeres mexicanas de avanzar estudios o incorporarse al mercado de trabajo, en sí, en definirse como estudiantes o trabajadoras. Sin embargo, como hemos visto, hay barreras estructurales que impiden a las mujeres avanzar esos caminos, lo que empuja a muchas de ellas a mantenerse atendiendo las tareas del hogar.

Un estudio de la OCDE4 indica que las mujeres jóvenes en México tienen casi cuatro veces más probabilidades de no estudiar ni trabajar que los hombres jóvenes: 35% de las mexicanas entre 15 y 29 años no estudian ni tienen empleo remunerado, es la segunda tasa más alta de los países de la OCDE. Casi dos terceras partes de las jóvenes en esta situación son madres y dedican una gran cantidad de tiempo a las tareas domésticas.

Comúnmente escuchamos cómo a las personas que no están activamente asistiendo a la escuela o a un empleo se les denomina ninis, haciendo referencia al fenómeno de un sector poblacional que ni estudia ni trabaja. Esta conceptualización además de despectiva, tiene la gran falencia que no considera como trabajo a las actividades domésticas y de cuidados que se vuelven en la principal ocupación de estas personas, sobretodo de las mujeres que son excluidas o expulsadas del sistema educativo o del mercado laboral por razones estructurales de género.

En el marco de la conmemoración del día del trabajo no remunerado hay que recordar cómo todas las actividades domésticas y de cuidados son trabajo, son el sustento principal de la reproducción de nuestras vidas cotidianas y generan valor para la economía de nuestros hogares y para la economía nacional. Por un lado es buen momento para reconsiderar el aporte valioso que quienes no salen ni a la escuela ni al trabajo contribuyen desde lo más privado de los hogares, y por otro lado igualmente es buen momento para recordar las acciones sensibles al género que se pueden hacer para motivar su incorporación a los sistemas educativos y laborales.

Más igualdad, menos ninis

Las acciones que permitan aumentar la igualdad de género en las actividades de cuidado se pueden realizar desde las familias e impulsar desde los gobiernos; es bien sabido que cuando hay mayor igualdad en la repartición de tareas domésticas y de cuidados no sólo las mujeres tienen mayores oportunidades de desarrollarse económica y políticamente, sino que disminuyen los índices de violencias de género. Por supuesto que al mismo tiempo se deben reforzar acciones institucionales para contrarrestar las barreras estructurales que reafirman los roles de género y que tienen como consecuencia la expulsión de las mujeres de los espacios educativos y laborales. La mejora de las licencias de maternidad, paternidad y la creación de licencias parentales, así como la ampliación de la cobertura de servicios de atención, educación y cuidado en la primera infancia, son acciones ejemplares que han demostrado éxito en otros países. Articular acciones como estas deben ser consideradas parte de una política integral para incrementar oportunidades de estudio y trabajo para las mujeres.

En los primeros meses de la reciente administración federal se lanzó el programa Jóvenes construyendo el futuro, con el respaldo oficial de ser una de las líneas de acción prioritarias del sexenio. Si bien el programa tiene como objetivo la capacitación de jóvenes en habilidades para el trabajo y con ello tener mejores condiciones de integrarse al mercado laboral –y dejar de ser ninis, lo cierto es que tanto el programa en particular como las empresas empleadoras necesitan comprender cómo los roles de género asociados a la maternidad, a los cuidados y al trabajo doméstico, afectan la permanencia de las mujeres en los espacios laborales y preguntarse cómo pueden atender esta realidad para no contribuir a perpetuar las brechas de género en el ámbito laboral.

En este sentido, es primordial la articulación del programa con otros que fomenten la igualdad de género y primordial será también comprender que si nos parece que hay un potencial subutilizado en las y los ninis y que queremos disminuir el número, es condición necesaria avanzar en la igualdad de la distribución de las tareas domésticas y de cuidados, así como combatir en serio los roles de género.

@ISBeauvoir

 

1 ENOE, 2018. Indicadores de género

2 ENOE, 2018

3 ENOE, 2018

4 Construir un México Inclusivo, políticas y buena gobernanza para la igualdad de género. OCDE e INMUJERES.

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