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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Otras maternidades son posibles
En Argentina tenemos desde 2012 una ley nacional de fertilización humana médicamente asistida, que regula el acceso a tecnologías reproductivas. La ley es despatologizante, porque no exige diagnóstico de infertilidad, y no es heterosexista ni cisexista: abarca a todas las personas adultas, sin importar su género, orientación sexual, ni estado civil.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
10 de mayo, 2019
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Por: María Luisa Peralta (@ISBeauvoir)

El embarazo es un proceso significativo, que compromete a quien gesta, para bien y para mal, por eso abogamos al mismo tiempo por el acceso a tecnologías reproductivas, anticonceptivas y abortivas, porque la maternidad debe ser elegida para que no sea condena.

Soy lesbiana, madre, activista, en Buenos Aires (Argentina). Tengo un hijo de 12 años que gesté luego de embarazarme usando inseminación artificial, en comaternidad con mi expareja lesbiana.

Como tantas otras, no esperé que una ley me habilitara a concretar mi deseo de ser madre siendo lesbiana. Recurrí a una tecnología que no fue pensada para nosotras sino para las parejas heterosexuales, a quienes igual se les cargaba un gran estigma y por eso solían mantener en secreto su uso. En ese sentido, hicimos una reapropiación de esas tecnologías, a pesar de que buena parte del feminismo siguen pensándolas sólo en clave de encarnizamiento terapéutico, y tenemos orgullo de habernos animado a eso.

En Argentina tenemos desde 2012 una ley nacional de fertilización humana médicamente asistida, que regula el acceso a tecnologías reproductivas. La ley es despatologizante, porque no exige diagnóstico de infertilidad, y no es heterosexista ni cisexista: abarca a todas las personas adultas, sin importar su género, orientación sexual, ni estado civil. Se complementó en 2015 con lo dispuesto en el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, que establece que la filiación surge de la naturaleza (relaciones sexuales), la adopción o la voluntad procreacional cuando se han utilizado tecnologías reproductivas. Se registran lxs niñxs con dos madres por trámite administrativo ordinario.

El concepto de voluntad procreacional es un desarrollo clave aportado por el activismo LGTB y sus aliadxs juristas feministas. Desde que empezamos a recurrir a las tecnologías reproductivas abiertamente como parejas de lesbianas, allá por 2000-2001, mucho antes de cualquier ley (la de Matrimonio Igualitario es de 2010), las lesbianas madres en Argentina sostuvimos firmemente que ambas somos madres por igual, independientemente de que una hubiera gestado y la otra no, que lo importante que nos constituía como madres no era ni el óvulo ni el embarazo, sino el deseo de hijx, el deseo compartido de tener un hijx, concebido como tal por ambas.

Por un lado, sin dudas que la biología tiene un papel: el embarazo es un proceso significativo, que compromete a quien gesta de muchas maneras, para bien y para mal, por eso abogamos al mismo tiempo por el acceso a tecnologías reproductivas, anticonceptivas y abortivas, porque la maternidad debe ser elegida para no ser condena, y porque las tecnologías son algo que todas tenemos derecho a usar, modificar, reapropiar, en nuestros términos y de acuerdo a nuestro proyecto de vida.

La maternidad no es natural

A lo que apostamos es a descentrar la maternidad como determinante de vínculos que tienen cargas, condicionamientos y valoraciones culturales inmensas. Ninguna humana es madre en un sentido natural, sino siempre dentro de un contexto cultural.

Para nosotras, lesbianas, el contexto patriarcal siempre ha dicho, y lo sigue haciendo, que no podemos ser “buenas” madres o que no merecemos ser madres. Por eso, insistir en la paridad entre las madres lesbianas no es un interés personal de las que no gestaron, sino que debería ser una línea de política lésbica en sentido amplio: defender nuestro deseo y nuestra libertad, en tanto lesbianas, de ser nosotras quienes determinemos qué queremos para nuestras vidas en vez de acatar prohibiciones prejuiciosas, heterosexistas, biologicistas y cisexistas.

Las lesbianas trans también pueden ser madres con las capacidades, limitaciones y conflictos que tenemos todas. Por esto discutimos con las compañeras feministas heterosexuales que nos increpan diciendo que nos sometemos a un mandato patriarcal por buscar ser madres: para nosotras el mandato fue otro, fue que teníamos que resignarnos a que la maternidad no pudiera ir junto con el lesbianismo.

Hablamos siempre de la importancia de la visibilidad lésbica: lo hicimos también con nuestras maternidades, con los medios que usamos para concretarlas y con los variados arreglos relacionales con los que constituimos nuestras familias en términos de cuántas personas adultas son madres y/o padres, si hay o no convivencia, quién se embaraza (cada vez) y cómo se toma esa decisión, cómo se distribuyen las tareas de crianza. Hablamos de esto, nos hacemos visibles en la escuela, en el sistema de salud, en la reforma legal, ante nuestras familias de origen. Y ese es un regalo importante que les damos a nuestrxs hijxs: contar nuestras historias completas, con orgullo y sin pedir permiso.

* María Luisa Peralta es activista lesbiana argentina, trabaja en Akahatá- Equipo de trabajo en sexualidades y género; integrante de Sexo y Revolución. Blog acá.

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