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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Paridad, retos y pendientes
Los pendientes con la agenda de género no son menores. Las posibles soluciones a las problemáticas y violencias que las mujeres enfrentamos todos los días requieren pensar de manera sistémica y con una perspectiva interseccional, con acciones políticas conjuntas y comprometidas.
Por Friné Salguero
17 de octubre, 2021
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Hoy hace 68 años, las mujeres mexicanas ejercimos por primera vez nuestro derecho al voto. Ha pasado poco más de medio siglo y, desde que eso ocurrió, las mujeres no hemos cejado en la lucha para que nuestros derechos políticos sean una realidad. Algo que bien se podría considerar no sólo como una revolución, sino también como la única que ha transformado la realidad nacional por medios pacíficos y teniendo siempre a la razón de su parte.

Gracias al empuje del movimiento amplio de mujeres y en particular de los movimientos feministas, hemos podido atestiguar en los últimos 30 años de la vida nacional, una participación sin precedentes de mujeres en la política. Primero a través del sistema de cuotas y ahora con las reformas para hacer efectiva la paridad. Esto se evidenció en estas últimas elecciones al arrojar como resultado el que las mujeres hayamos alcanzado la mitad representativa al menos en algunos espacios de toma de decisiones como el congreso federal y en algunos locales.

Visto así, lo dijimos en su momento, lo ocurrido en las elecciones pasadas es algo histórico pues este 2021 alcanzamos la mayor participación de mujeres en espacios de toma de decisión dentro de la política nacional institucional.

Concretamente hoy tenemos:

  • Una Cámara de Diputados, que debería llamarse de Diputadas, Diputados y Diputades, con 50% de mujeres electas.
  • Un 45.2% de las candidaturas para gubernaturas fueron ocupadas por mujeres.
  • Más candidaturas de personas jóvenes a cargos de representación popular.
  • 11 congresos estatales con mayoría de mujeres (Baja California, Ciudad de México, Coahuila, Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Querétaro, Quintana Roo, Sinaloa y Yucatán).
  • Hoy tenemos 6 gobernadoras, aunque falta avanzar para que más mujeres ocupen los ejecutivos locales.

Sin duda estos avances son dignos de festejo, pero también de reflexión sobre lo que falta por hacer para alcanzar la paridad en todos los espacios y que esto se traduzca en la construcción de un Estado más justo, equitativo e igualitario para todas las personas.

De los avances a los retos

La entrada de un mayor número de mujeres en puestos de elección popular, ha tenido como consecuencia algunos avances legislativos tangibles que tienen impactos en la vida de las mujeres, tales como: La ratificación del Convenio 189, que establece una ruta para la formalización laboral de las trabajadoras del hogar; la Ley de Amnistía, que tenía como finalidad garantizar la justicia social a las personas que han sido más afectadas por una política punitivista, entre ellas las mujeres; la Ley Olimpia contra el acoso digital; las reformas a ocho leyes generales para definir, tipificar y atender la violencia política contra las mujeres en razón de género la reforma a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, con el fin de establecer menores tiempos de respuesta para otorgar a las víctimas medidas de protección, fundamentalmente precautorias y cautelares; la aprobación por la Cámara de Diputados de reformas constitucionales para garantizar el derecho al cuidado; los esfuerzos por eliminar el IVA de los productos de higiene menstrual, o los avances en materia de despenalización del aborto a nivel local, por mencionar algunas de las más relevantes.

Al avance de la paridad en los congresos estamos seguras que seguirán los avances por la igualdad de género, pero no podemos olvidar que esto no ocurrirá por simple inercia, ni pensar que solo corresponde a las mujeres empujar esta agenda. Asimismo debemos tener presente que no todas las mujeres políticas tendrán las mismas metas y objetivos, ni todas ellas serán feministas, al igual que la paridad no asegura un equilibrio en el poder o la participación sustantiva de las mujeres al interior de los congresos.

Tampoco podemos pasar por alto que en las estructuras hegemónicas de poder político, que son estrictamente patriarcales, hay una gran resistencia al cambio. Algo que podemos ver desde las cosas más sutiles (como quién se queda con la mejor infraestructura dentro de los recintos), hasta las más sustantivas (como la repartición de las comisiones de mayor envergadura), en donde las mujeres aún no tienen las mismas oportunidades para participar, y en donde se podrían gestar los cambios y las discusiones más relevantes para legislar en favor de las mujeres. Lo mismo ocurre en la composición de las Juntas de Coordinación Política de las cámaras presididas mayoritariamente por hombres.

Aunado a esto habría que reconocer también los retos estructurales que enfrentan las mujeres políticas para ejercer su cargo, como es la falta de conciliación entre la vida familiar y laboral, o el acoso o la violencia política en razón de género (que ha ido en aumento conforme aumenta su participación), un fenómeno que se complejiza cuando se trata de mujeres atravesadas por otras identidades como la etnicidad, la identidad de género, la preferencia sexual o bien  la falta de apoyo para impulsar sus carreras políticas al interior de sus propios partidos.

Nuestro sueño: un país más igualitario

Si bien el conjunto de reformas que promueven la paridad ha permitido la participación política de muchas mujeres, se sigue dejando atrás a aquellas que históricamente han estado subrepresentadas en los congresos. Debido a esto, el INE impulsó este año por primera vez  acciones afirmativas que dieron como resultado la llegada al congreso federal de 5 mujeres migrantes y residentes en el extranjero: 4 mujeres afromexicanas, 22 mujeres indígenas, 5 mujeres con alguna discapacidad y 4 mujeres de la diversidad sexual. La presencia de estas mujeres en el espacio político institucional implica el reconocimiento de sus derechos como ciudadanas que aportan a  la construcción de leyes que hagan frente a las violencias sistémicas que enfrentan, y que muchas veces son ejercidas por el propio Estado. En este sentido, necesitamos que los congresos estén dispuestos a reconfigurar el orden y las jerarquías que han establecido, así como impulsar transformaciones en las prácticas hegemónicas, de manera tal que en verdad estén capacitados para  asumir los grandes retos que presupone una participación horizontal, diversa e igualitaria.

Para lograr que  uno de los legados de la paridad y de las acciones afirmativas mencionadas siga siendo la construcción de un país más igualitario, además de la participación de las mujeres en igualdad numérica con los hombres y en condiciones que les permitan una participación sustantiva, necesitamos otras acciones radicalmente transformadoras.

Necesitamos, por ejemplo, que el Estado esté dispuesto a reconfigurar el orden y las jerarquías que ha establecido; a colocar discusiones que incomoden y que propicien cambios sistémicos; a no seguir replicando prácticas discriminatorias, racistas, transfóbicas u otras violencias que se han normalizado; a garantizar la participación sustantiva de las mujeres en la construcción de políticas públicas; a invertir en fortalecer su práctica legislativa, y a formar cuadros políticos con perspectiva de género que cuenten con herramientas y elementos conceptuales para avanzar la agenda de igualdad.

Será sustantivo también lograr tejer alianzas entre mujeres políticas y más allá de ellas, con organizaciones de la sociedad civil y académicas, para construir políticas que avancen la agenda de igualdad de género, y para monitorear y defender los derechos ya ganados.

Como se ve, los pendientes con la agenda de género no son menores. Las posibles soluciones a las problemáticas y violencias que las mujeres enfrentamos todos los días requieren pensar de manera sistémica y con una perspectiva interseccional, con acciones políticas conjuntas y comprometidas. Pues mientras el trabajo no remunerado de las mujeres que sostiene la vida y la economía no sea reconocido y redistribuido; mientras las mujeres no podamos acceder a un sistema de cuidados que nos  permita la inserción  en la vida económica y  que alcancemos  la  independencia con trabajos dignos; mientras no podamos  decidir sobre nuestros  propios cuerpos; mientras no podamos  vivir libres y seguras teniendo  acceso a los derechos mínimos como salud, educación y vivienda; mientras sigamos siendo discriminadas y marginalizadas, y mientras nos sigan matando no habrá ninguna transformación social posible.

¡La revolución es y será feminista o no será!

* Friné Salguero (@frine_salguero) es antropóloga, feminista y directora del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (@ISBeauvoir).

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