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De-Generando
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Ser joven en México, una transformación en espera
Es preocupante que un país con un sector poblacional tan grande de jóvenes no impulse acciones que reconozcan sus derechos humanos y dé soluciones a los problemas multifactoriales que enfrentan.
Por Ana Cortés y Guillermina Juárez
29 de agosto, 2019
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México es un país joven. Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), hay más de 37 millones de personas jóvenes entre los 12 y los 29 años, es uno de los grupos etarios más grandes del país y representa una gran fuerza en México. Sin embargo, las juventudes de hoy enfrentamos un panorama complejo en materia de reconocimiento a derechos humanos; aún vivimos discriminación en una sociedad adultocéntrica basada en prejuicios y estereotipos sobre la juventud. Somos una generación que vive con amplia incertidumbre y preocupación por la seguridad social y el futuro que nos espera. Hay altos índices de desempleo y somos la generación que ya no se jubilará. A esto se le suman las condiciones de inseguridad, violencia y discriminación, que acentúan las brechas de desigualdad diferenciadas por el hecho de ser mujer, indígena, afrodescendiente o de la diversidad sexual.

Las jóvenes empujamos y brillanteamos

Aún con todas las vicisitudes del contexto mexicano en el que confluyen las juventudes actuales, las y los jóvenes estamos presentes, hoy más que nunca. Alzando la voz, tomando espacios, organizándonos en colectivas, en sociedad civil organizada, tomando en nuestras manos el legado de nuestros tejidos sociales y comunitarios, y es ahí donde radica el poder de nosotras, las juventudes.

Nos vamos moviendo entre nuestras identidades, jugando con ellas en tiempos actuales de globalización y mundos virtuales. Hablamos de juventudes porque somos diversas: hay migrantes, afromexicanos, indígenas habitando otros territorios, haciendo uso de las tecnologías. Las y los jóvenes no somos personas estáticas, somos críticas de nuestro entorno y sabemos qué queremos cambiar de nuestra realidad actual.

Una muestra de esta fuerza fue la “brillanteada”, acción que desató controversia en la opinión pública y redes sociales recientemente. Las marchas del lunes 12 de agosto y viernes 16 fueron convocadas en su mayoría por mujeres jóvenes de la Ciudad de México y varios estados del país. Fue un reclamo de justicia ante el caso de una adolescente violada por policías de la Ciudad de México.

Las protestas fueron criticadas, cuestionadas y señaladas, en muchos momentos la atención pública se desvió hacia la forma de la protesta y en más de una ocasión se perdió el foco: el legítimo reclamo de justicia ante la constante violencia machista que a diario viven niñas, jóvenes y mujeres en todo el país. Lo que logramos juntas a punta de graffittis fue colocar en el debate público la emergencia nacional en torno a la violencia contra las mujeres.

¿Jóvenes construyendo nuestro futuro?

Podemos hablar de la problemática actual que viven las y los jóvenes y quienes deben ser el parteaguas para enfocar políticas públicas que respondan a garantizar plena y efectivamente sus derechos. Es preocupante que un país con un sector poblacional tan grande de jóvenes no impulse acciones concretas que reconozcan en primer lugar, los derechos humanos de las juventudes y en segundo, que dé soluciones a los problemas multifactoriales que enfrentan.

Poner la mira en la ausencia de integración de las perspectivas de juventudes, género e intercultural que abonen al análisis de la situación de la juventud en México evidencia la falta de atención a las necesidades sociales de las y los jóvenes en la actualidad.

Jóvenes Construyendo el futuro es el programa estrella presentado por el gobierno federal para responder a la problemática del desempleo juvenil. Luego de unos meses de operación, Luisa María Alcalde, la joven titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) anunció que el programa ya no registrará a más becarios y becarias en los siguientes meses del año; que será hasta el 2020 cuando se retomen las inscripciones de nuevos jóvenes interesados en capacitarse. Así se durmió la esperanza, pues el programa se anunció con bombo y platillo. Es el segundo programa prioritario del gobierno federal con mayor presupuesto dentro del Plan Nacional de Desarrollo: con una asignación de 44.3 mil millones de pesos destinados a atender a 22% de jóvenes que no trabajan, no estudian, ni reciben capacitación.

Tres son los puntos que queremos resaltar de la política en cuestión:

1. Si hacemos un análisis de las “vacantes” para los beneficiarios de este programa se observa que, de las 900 mil vacantes, casi el 60% beneficia a mujeres con educación básica. Sin embargo, la mayoría de los centros de trabajo que vinculan a las jóvenes aprendices se encuentran en el sector de servicios del sector privado, los giros de estas empresas, casi todas pequeñas y medianas, son: abarrotes, cocinas económicas, cenadurías, estéticas, antojerías, cibercafés, estancias infantiles y tiendas.

Las vacantes en que se ocupan principalmente las mujeres en este programa, refuerzan estereotipos y roles de género. Las vinculan a los oficios que tienen que ver con el cuidado, de esta manera no se incentiva la participación de los hombres y se perpetuan las brechas históricas de desigualdad.

2. No se considera a las mujeres jóvenes, afros, pobres y migrantes en su especificidad. Se invisibilizan las diferencias, por lo que entendemos que existe una discriminación y racismo estructural. Estas juventudes siguen siendo excluidas de las políticas públicas, de esta forma no pueden aspirar a una vida digna y equitativa.

3. Preocupa que la política considera prioritariamente al sector privado. Solo un mínimo porcentaje de los beneficiarios/becarios son colocados en espacios de la administración pública o en organizaciones civiles, aún cuando gran parte de la base de trabajo de estas ultimas son las juventudes en todo el país y cuyo quehacer social está siendo relegado por el gobierno federal. Este gobierno debe considerar que no cabemos todas las juventudes en una sola categorización y una sola forma de actuar.

Alzar la voz, nuestro papel hoy

En el recién Encuentro Nacional de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, realizado en Tancanhuitz S.L.P, las jóvenes demandaron que el Estado Mexicano garantice políticas públicas pertinentes culturalmente dirigidas a las juventudes indígenas. A las organizaciones de mujeres y pueblos indígenas que integren en sus agendas políticas los temas sobre participación política de las jóvenes indígenas, diversidad sexual y legalización del aborto. Encuentros como estos evidencian la relevancia de seguir reconociéndonos como personas activas y sujetas de derecho, es necesario entonces seguir reuniéndonos, tomar los espacios desde la exigibilidad, lo que implica que nuestros derechos deben ser reconocidos, respetados y garantizados en todo momento, tanto por el gobierno, la sociedad y el sector privado.

Un ejercicio relevante también a nivel nacional ha sido el proyecto Lo Público es Nuestro que acompaña el ILSB, en donde juventudes de todo el país se han apropiado de herramientas de contraloría social para hacer exigibles sus derechos sobre salud sexual y reproductiva vigilando que se cumplan y garanticen los servicios de salud tanto a jóvenes urbanos como indígenas con pertinencia cultural y enfoque de género y derechos. Lo Público es Nuestro es un ejemplo claro de cómo las juventudes pueden participar e incidir para construir mejores condiciones para la sociedad.

Las y los jóvenes estamos aquí. Queremos que nos consulten sobre los programas y políticas, que nos consideren para su diseño y efectiva aplicación y que respondan a nuestras realidades diarias, formas de vida y lenguas.

Es necesario fortalecer los diálogos intergeneracionales, que los gobiernos, instituciones y organizaciones den voz a las y los jóvenes y nos consideren sujetos de derecho.

Hoy decimos alto a la discriminación estructural y adultocentrista que mantiene y perpetúa roles y estereotipos sobre qué somos y quiénes queremos ser. Somos el hoy y no el mañana.

* Ana Cortés (@_Ana_Cortes) es Oficial de inicidencia de REDefine, red de jóvenes liderazgos del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir y Guillermina Juárez (@edithleyv) es Oficial de incidencia del Programa de Mujeres Indígenas del ILSB (zapoteca).

 

1 Declaratoria de la coordinadora nacional de mujeres indígenas (CONAMI México) en el marco del encuentro nacional de mujeres indígenas y del 22 aniversario de su fundación, Tancanhuitz, S.L.P, Agosto, 2019.

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