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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Trabajo sexual: ¿derecho, explotación o violencia?
La industria del comercio sexual es parte de la economía informal en donde la legalidad y la regulación son nulas. La falta de una regulación adecuada o la prohibición impide que quienes se dedican a esta actividad se organicen y puedan protegerse. En este plumaje revisamos el amplio debate en torno al trabajo sexual partiendo de la imprescindible diferenciación entre trata de personas (condenable siempre y en todo caso) y el trabajo sexual.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
9 de noviembre, 2016
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Por: Alexandra Garita (@alegaygrita) y Ximena Andión (@ximena_andion)

Hablar del comercio sexual siempre resulta difícil y lo que hemos visto en los medios de comunicación en últimas fechas son acusaciones de uno y otro lado que impiden entablar conversaciones productivas sobre el tema.

La académica Nanette Davis señala que no se podrá tener una política racional sobre el comercio sexual mientras no eliminemos la discriminación de género. Esto es cierto, pero no podemos esperar hasta que esto ocurra para entablar diálogos y reflexiones sobre el tema.

Quizás uno de los errores principales es no comenzar por señalar las cuestiones en las que quienes estamos de un lado o del otro del espectro (del abolicionismo a la regulación o de-criminalización) o en medio de este espectro, sí compartimos.

Una convicción que todas compartimos es la urgencia de combatir la trata y la explotación sexual, así como la prostitución de menores de edad. Sin duda la trata y la explotación sexual son problemáticas muy extendidas que violan primordialmente los derechos de niñas, niños y mujeres. Las políticas que se han desarrollado hasta el momento para combatir estos fenómenos han sido insuficientes y en parte ineficaces.

También todas estamos de acuerdo en la necesidad de erradicar la discriminación y las desigualdades que generan condicionantes en donde las personas se ven orilladas a realizar un trabajo que en muchas circunstancias puede ser sujeto a la explotación. Ahora bien, para quienes nos pronunciamos a favor de la regulación del comercio sexual, partimos de la perspectiva que éste no es el único tipo de actividad/trabajo informal que se presta a condiciones de explotación.

El comercio sexual es similar al de otros trabajos precarios en México, por ejemplo el de la maquila- en donde los salarios son paupérrimos y las mujeres trabajan largas horas con condiciones inestables. Otro ejemplo es el de las trabajadoras domésticas- en donde las mujeres en su mayoría están “a la disposición del patrón o patrona” las 24 horas al día porque viven en sus casas, en donde tienen que vivir situaciones de violencia y abuso por parte de sus empleadores, en donde se les paga a menudo sólo uno o dos salarios mínimos por un día laboral, no tienen aguinaldo, ni contrato, ni vacaciones, ni prestaciones laborales.

En este sentido creemos que deben haber estrategias de combate a todas las formas de explotación laboral, incluido pero no limitado, al comercio sexual que se da en condiciones de explotación. Dos preguntas quedan por resolver: ¿por qué el debate se da sólo en torno al tema del comercio sexual? y ¿por qué resulta imposible para muchas personas pensar que haya personas que decidan dedicarse a esta actividad?

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Regulaciones y prohibiciones  

La falta de una regulación del comercio sexual o su prohibición tiene un impacto negativo en quienes se dedican a esta actividad. Las víctimas son las sexoservidoras quienes enfrentan violencia por parte de autoridades públicas y de entes privados, así como discriminación por una sociedad que no tolera su trabajo porque no es considerado “digno” e incomoda.

La industria del comercio sexual es parte de la economía informal en donde la legalidad y la regulación son nulas. En la economía informal los derechos de las y los trabajadores son prácticamente inexistentes, por lo cual son más vulnerables a la explotación, la discriminación y la violencia. La falta de una regulación adecuada o la prohibición impide además que quienes se dedican a esta actividad se organicen y puedan protegerse.

Aunque las trabajadoras de las maquilas aún no tienen sindicatos propios (pero a veces pertenecen a otros conglomerados más grandes), las trabajadoras domésticas formaron el primer sindicato de trabajadoras del hogar (SINACTRHO) hace algunos meses. Las sexoservidoras no han podido formar sindicatos en México como sí sucede en Argentina, Colombia, Uruguay, Holanda, Alemania, Dinamarca, Bélgica, Canadá, India, Bangladesh, Indonesia, Nueva Zelanda y Australia entre muchos otros. Esto se debe, en nuestro parecer, a dos razones principales:

  1. Igualar al trabajo sexual con la explotación sexual y la trata

Este supuesto asume que todas las sexo-servidoras son mujeres en situación de trata que no pudieron ejercer ninguna autonomía o decisión propia en lucrar con el uso de su sexualidad (la lista es larga: por pobres, por que fueron abusadas sexualmente, porque las engañaron) o simplemente porque “¿quién haría eso por decisión propia?” Por lo tanto, las mujeres que trabajan en la industria del sexo seguramente necesitan ser “salvadas” de esta situación y “rehabilitadas”- es decir, sacarlas del comercio sexual y darles otro trabajo que no sea tan “moralmente repugnante” o “peligroso”.

Aclaremos este asunto de una vez. El tráfico de mujeres y niños y niñas en esclavitud sexual es indudablemente una violación grave a los derechos humanos. Como todo tipo de trata de personas, requiere de métodos de coerción y engaño o ambos. El tráfico sexual es un tipo de trata de personas pero no es el único. Hombres, mujeres, niños y niñas son a menudo traficados también para después ser explotados en trabajos forzados, retiro de órganos, servidumbre o cualquier otra forma de esclavitud. Sus vidas puede que sean menos llamativas a los medios de comunicación que aquellas que se encuentran forzadas a tener relaciones sexuales, pero no son de ninguna manera menos brutales, peligrosas y denigrantes.

Decir que todo trabajo sexual es trata de personas ignora las realidades de las personas trabajadoras sexuales y las pone en riesgo. Las personas trabajadoras sexuales son hombres, mujeres y personas trans que ofrecen servicios sexuales a cambio de dinero. Estos servicios incluyen la prostitución (relaciones sexuales) y otros servicios como el sexo por teléfono y la pornografía, entre otros. Las profesionales del sexo ejercen como tales por razones variadas, pero la diferencia es que lo hacen de manera voluntaria. No se encuentran necesariamente coaccionadas ni engañadas para seguir en el “negocio del sexo” sino que lo escogen dentro de otras opciones laborales que tienen a su alcance.

Mientras que las mujeres/niñas/personas en situación de trata no ejercen su consentimiento en el uso de su sexualidad y por lo tanto son explotadas. En esto todas y todos estamos de acuerdo: debe haber políticas públicas y acciones que prevengan, traten y sancionen todo tipo de violencia cometida en contra de mujeres y niñas que han sufrido coerción y son víctimas de trata. Hay que diferenciar el trabajo sexual de la trata de personas para propósitos de esclavitud sexual. Punto.

Hay iniciativas exitosas para combatir la trata sexual en muchas partes del mundo lideradas por trabajadoras sexuales. En la India, por ejemplo, un colectivo de sexoservidoras en el Bengal Occidente llamado DMSC tiene programas para acabar con la trata sexual en 30 localidades del Estado. En diez años pudieron asegurar un incremento en la edad de entrada al comercio de 22 a 28 años y disminuir la proporción de menores de edad en la industria de 25 % a 3 % en 2001. Este tipo de iniciativas, de personas dentro de la misma comunidad de la industria sexual, son las que realmente podrían hacer una diferencia en acabar con la explotación sexual de mujeres, niñas y niños.

  1. Sobre la autonomía, el capitalismo y las desigualdades

Hay para quienes es inconcebible que una mujer decida libremente dedicarse al comercio sexual. La primera pregunta que queda por responder es entonces cómo entendemos la autonomía de las mujeres. Es decir, por qué podemos defender que una mujer sí tiene autonomía para, por ejemplo, decidir sobre la interrupción de un embarazo pero no para decidir si dedicarse al comercio sexual. La respuesta a esta pregunta para quienes son abolicionistas del comercio sexual tiene que ver con el tipo de actividad, es decir con el sexo.

Quienes sostenemos la postura de la regulación, como Martha Nussbaum señala, pensamos que muchas de las personas “vendemos” parte de nuestro cuerpo para nuestro trabajo. Es cierto que el trabajo sexual es distinto y que puede en cierta medida reforzar estereotipos de género, pero en parte también los transgrede. Asimismo, la autonomía de las personas está siempre condicionada por los contextos, es decir, las decisiones que tomamos en ese sentido no son absolutamente libres. Obviamente no podemos perder de vista las condiciones socio-económicas y las desigualdades de poder y de género que forman parte del mercado del sexo, pero tampoco podemos anular por completo la decisión de una mujer de dedicarse al comercio sexual. Muchas trabajadoras sexuales en todo el mundo reivindican su actividad así como muchas otras señalan que fueron coaccionadas para realizar este trabajo. Una realidad no elimina la otra, co-existen.

En este debate tan complejo y apasionado, es importante escuchar todas las voces, especialmente las de aquellas personas que se dedican al comercio sexual. Esta no puede ser una conversación sólo de feministas (la mayoría de clase media y con ciertos privilegios) quienes no nos dedicamos a esta actividad.

Al menos para nosotras es una responsabilidad tener una postura sobre este tema que brinde la mayor protección a los derechos de las mujeres que se dedican al comercio sexual. Es fundamental condenar todas las formas de explotación laboral, incluida la que se realiza con fines sexuales y luchar contra la trata de personas. Ello implica sin duda, desafiar el sistema capitalista en el que vivimos y encontrar otros modelos económicos más justos e igualitarios.

Al mismo tiempo, trabajamos todos los días por erradicar las desigualdades de poder, de género y socio-económicas para que esos grises entre libertad y coerción sean menos nebulosos. Ese es nuestro compromiso, nuestra pasión y nuestra causa.

 

@ISBeauvoir

 

 

Davis, Nanette “Prostitution. An international handbook on trends, problems and policies”, Greenwood Press, London, 1993.

De la O, Maria Eugenia: Geografía del trabajo femenino en las maquiladoras de México. Papeles de Población, vol. 12 núm 49. Julio-septiembre, 2006, pp.91-126. UAEM, Toluca, México.

CONAPRED: Documento Informativo sobre Trabajadoras del Hogar, 2014

OSF Sex Work Report 2009:

Nussbaum, Martha. Whether from reason or prejudice: taking money from bodily services en “Sex and Social Justice”, Oxford University Press, 2009.

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