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Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
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Votar y ser votadas ¡pero también ser electas!
Pese a lo avances, la paridad no termina de ser digerida y sus limitantes son arraigadas formas patriarcales de hacer política, que no entienden que la paridad va más allá de una cuestión de cuotas y que se trata de un avance en el ejercicio de derechos que construye y fortalece una democracia.
Por Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir
23 de octubre, 2015
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Por: Denisse Medina Ortega (@kamideny) y Rubén López

El pasado 17 de Octubre celebramos el 62 aniversario del Voto de las Mujeres en México, conmemoración que representa una lucha por la apropiación de los espacios públicos y la ciudadanía de las mujeres.

Este proceso en el que las mujeres han exigido su ciudadanía, ha sido una contienda por sus derechos políticos y sociales para alcanzar la igualdad sustantiva, impulsada por ellas mismas y acompañadas por cada vez más aliados.

No obstante, esta conmemoración resulta propicia para revisar los avances que la paridad ha traído no sólo en lo cuantificable, sino en la calidad de su aplicación y en su cumplimiento cabal por parte de nuestras instituciones.

Recordemos que este proceso inició en 1911, cuando un grupo feminista de la Ciudad de México exigió el derecho al voto al presidente provisional, Francisco León de la Barra, y posteriormente en el Congreso Constituyente de 1917, la periodista Hermila Galindo solicitó que se otorgara el voto universal a las mujeres.

Sin embargo, fue hasta 1923 cuando Elvira Carrillo Puerto fue electa como la primera diputada del Congreso de Yucatán. Durante las décadas subsecuente, 30’s y 40’s, se desataron procesos similares en distintas entidades del país.

Pero sería hasta el 6 de Octubre de 1953 cuando la Cámara de Diputados declaró reformados los artículos 34 y 115, fracción I, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Y fue el 17 de Octubre que se publicó en el Diario Oficial de la Federación lo siguiente: “Son ciudadanos de la república los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan además los siguientes requisitos: haber cumplidos 18 años de edad, siendo casados, o 21 si no lo son y tener un modo honesto de vivir”.

Pero eso no fue ni remotamente suficiente, ya que las mujeres de este país tuvieron la convicción de impulsar más acciones para que el tener derecho al voto y ser votadas se hiciera una realidad.

El día de hoy, luego de 20 años de debate, la paridad de género se convirtió en un mandato jurídico establecido en la Constitución a partir de una reforma político electoral en 2014, que trae consigo las armonizaciones de 26 marcos jurídicos estatales, hecho que, sin lugar a dudas es un avance en la reivindicación de derechos políticos de las mujeres.

Los frutos de estas reformas son logros contundentes en espacios clave como la Cámara de Diputados, donde vemos que del 2003 al 2015, el porcentaje de paridad ha ido en ascenso pues actualmente 42.4% de las curules están ocupadas por mujeres.

Para 2014, el porcentaje de participación de mujeres con un rol de Presidentas Municipales iba del 0% en estados como Quintana Roo y Baja California, hasta el 30% que se reflejaba en el Distrito Federal al frente de los gobiernos delegacionales, antes de las elecciones de 2015.

Fuente: Mujeres y hombres en México, INMUJERES, 2014.

Pese a lo avances, la paridad no termina de ser digerida y sus limitantes son arraigadas formas patriarcales de hacer política, que no entienden que la paridad va más allá de una cuestión de cuotas y que se trata de un avance en el ejercicio de derechos que construye y fortalece una democracia.

Dentro de las acciones pendientes para garantizar la consolidación de la paridad se encuentra la garantía en los órganos directivos de los partidos políticos. La participación política que ejercen las mujeres en lo cotidiano debe verse reflejados en términos de igualdad en espacios de toma de decisión al interior los partidos políticos, ya que al observar las militancias femeninas, éstas superan en número a las militancias masculinas.

Si bien se ha logrado avanzar en el Legislativo Federal como en Congresos Locales, el reto es que esto se refleje también en los poderes Ejecutivo y Judicial.

Hoy en día sólo hay tres Secretarías de Estado en el Gobierno Federal, es decir, sólo 17% de los espacios a ese nivel.

En el poder Judicial sólo hay una Ministra en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, espacio en el que estamos muy lejos de llegar a un 50/50 por lo que aquí el reto es que en la próxima terna que presente el Ejecutivo existan perfiles de mujeres, pues este espacio es el menos paritario de todos los poderes.

Adicionalmente están los actos de violencia política hacia las mujeres candidatas y sus equipos, que se hizo presente en el último proceso electoral, lo cual es un obstáculo estructural y sociocultural para el ejercicio pleno de la mujeres en la política.

Para el proceso electoral reciente, la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales (FEPADE) anunció hace unos días que buscará la tipificación del delito de violencia política, y señaló que se registraron apenas 35 denuncias para 2015, ninguna de estas con resultados concluyentes o líneas que deriven en los nombres de las o los posibles agresores.

Las mujeres han sido detonadoras de las transformaciones más grandes que ha tenido este país en el último siglo, y es justo ahora, que para el ejercicio de una ciudadanía plena por parte de las mujeres, es urgente hacer un llamado para que las y los tomadores de decisión y quienes gobiernan refuercen mecanismos que permitan la conciliación del trabajo y familia.

La conquista por los derechos de las mujeres es uno de los eventos políticos más importantes para la democracia mexicana, es también una reivindicación histórica de este sector de la población para ser parte de las esferas públicas y sin duda, existe todavía un largo camino por recorrer hacia la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres.

 

@ISBeauvoir

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