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Y aquí seguimos las infancias y adolescencias trans*
Me llena el corazón pensar en todas esas caritas que saben que no volverán a ser invisibles; que el Estado reconoce su existencia. Pero también es un llamado a continuar nuestra lucha: nos faltan las infancias no binarias, lxs niñxs que aún no llegan a los doce, nos faltan los otros 30 estados.
Por Luis Tirado Morales
30 de agosto, 2021
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El 27 de agosto del 2021, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México emitió un decreto para que las personas mayores de 12 años puedan tener su acta de nacimiento sin tener que ir a juicio: el mayor avance de derechos que han tenido las infancias trans* desde el decreto de Jalisco en octubre pasado. En 2019 Luis Tirado Morales, a los 16 años, gracias a un largo juicio de amparo, obtuvo la modificación de su acta de nacimiento concordante con su género autopercibido. Hoy comparte con nosotras su sentir de aquel momento y los pendientes de la lucha para que las infancias trans* en México sean reconocidas.

“Señor Juez:

“Existe algo que siempre me ha fascinado de la música, y éstas son las emociones que puede evocar en los individuos; tristeza, euforia, nostalgia. Se puede transformar en viento helado, causando que los vellos de la nuca se ericen. Puede girar la perilla del grifo de sentimientos que habían permanecido olvidados en un recoveco de la conciencia. Pero en realidad, la música es solo un conjunto de sonidos que fueron ordenados de la manera correcta. Y más complejo aún, ésta causa una emoción diferente en cada uno de nosotros. Puede pasar que, mientras a mí la canción de Yesterday me haga llorar, a usted le parezca banal. La música conlleva una complejidad única pues, aunque los sonidos son exactamente iguales, nadie escucha la misma canción.

“Me parece, sucede lo mismo en el lenguaje. En la literatura, por ejemplo, la única diferencia entre un texto que fluye y uno que se convierte en un tortuoso camino de baches es, en el concepto más simple, la composición de las letras, su orden.

“Mi nombre, por elección, es Luis. Sí, en efecto, un nombre muy común. Pero como yo lo veo, no existe otro como el mío. Cada vez que alguien se refiere a mí pronunciando esa monosílaba, de dos vocales y un siseo al final, me llega una tranquilidad embriagadora. Es la emoción de saber que soy capaz de plantarme frente al mundo y narrarme, de saber que por más compleja que sea la situación en la que me encuentre, yo sigo siendo Luis. Luis, una persona que ama el arte, y que no deja de tararear su canción. Una persona que se apasiona por las matemáticas y que, cuando el momento llegue, espera poder dejarle algo al mundo, por más pequeño que sea. Alguien con expectativas y sueños, muchos sueños. Para mí, a eso suena Luis; pero si se pone a pensarlo, solo son cuatro letras en el orden correcto”.

Un Luis un poco más joven, y con manos rutinariamente sudorosas, releyó una vez más la carta. Le asaltaba un miedo terrible a volverse un número de expediente más; un “No” de memoria corta, intrascendente; pedacitos de papel olvidados dentro de la trituradora de un juez de amparo. Envió la carta con una chispa de esperanza: quizás con ésta podría tomar al juez de la mano y enseñarle su mundo; uno lleno de posibilidades… solo esperaba poder mantener su agarre a pesar del sudor. El amparo duró 9 meses.

Cuatro años más tarde me asomo a estos días de incertidumbre y no puedo evitar maravillarme con lo lejos que hemos llegado. Me encantaría poder visitar al Luis de esa noche y contarle que finalmente me encontré con nuestra historia; que la sigo armando con las miradas de ternura, las sonrisas cómplices, y las consignas de protesta que nuestra cada vez más grande familia nos regala; que mi nombre ha sido solo el primero de muchos otros que ahora resuenan en las oficinas del Registro Civil con voces firmes y cantarinas. Quiero decirle que cada día soy más el Luis que soñamos hace tantas noches: un Luis que no pide disculpas ni permiso; un Luis con la misma terquedad de siempre, pero ahora con un propósito que nos ha dejado ver más allá del yo; un Luis feliz. Pequeño, ya no nos sudan las manos…

El 27 de agosto del 2021, la jefa de Gobierno de la CDMX emitió un decreto para que las personas mayores de 12 años puedan tener su acta de nacimiento sin tener que ir a juicio: el mayor avance de derechos que han tenido las infancias trans* desde el decreto de Jalisco el octubre pasado. Me llena el corazón pensar en todas esas caritas que saben que no volverán a ser invisibles; que el Estado reconoce su existencia. Pero también es un llamado a continuar nuestra lucha: nos faltan las infancias no binarias, lxs niñxs que aún no llegan a los doce, nos faltan los otros 30 estados. Y aquí seguimos; las infancias, adolescencias, juventudes y adulteces trans*, las familias de sangre y elegidas. Porque esta lucha es sumamente compleja y llena de intersecciones, pero si nos ponemos a pensarlo, somos solo nosotrxs y la visión de un futuro posible.

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