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México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo. Desde 2000 ... México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo. Desde 2000 a 2019, según las cifras más conservadoras, han asesinado 111 reporteros en el país. Ante esta crisis, los trabajos de los periodistas --en su mayoría de medios locales-- corrían el riesgo de desaparecer. Desde Defensores de la Democracia encontramos y resguardamos estos trabajos en un archivo viviente; también creamos Voces Silenciadas, un podcast documental donde contamos sus historias. Aquí ampliamos el análisis y el debate sobre la construcción de memoria y las fallas estructurales que amenazan la libertad de expresión en México. (Leer más)
#DeQuéEscribía Javier Valdez: Historias, calles y vidas. Un encuentro con lo cotidiano
Como un espectador consciente, Valdez hizo de su columna un recuento de esta ciudad y de sus habitantes, testimonios silenciosos de todo lo que acontecía.
Por Monserrat Narváez
13 de noviembre, 2020
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Caminar por las calles de una ciudad es encontrarse con cientos, tal vez miles de vidas. Es reconocer en cada esquina y en cada callejón un historia no contada y una transformación que espera ser reconocida. La ciudad entraña un sinfín de historias por descubrir, y esto bien lo sabía Javier Valdez, periodista asesinado en el ejercicio de su profesión en el 2017.

Con espíritu de cronista de la ciudad, Javier Valdez narraba allá en la década de los 90 en su columna Con sabor a asfalto del periódico El Noroeste las idas y venidas de los culichis, las transformaciones que vivieron estas calles de la ciudad y las historias de los habitantes que día a día transitaban por ellas, rápidamente, sin prestar atención a la escena urbana.

En esta columna que escribía Valdez podían encontrarse historias de nostalgia como aquella del vendedor de churros de la calle Andrade, que por más de 17 años mantuvo ese oficio con el cual buscaba el sustento de su familia mientras las calles a su alrededor se transformaban. Cerraron el estacionamiento del estadio Ángel Flores, y los locales a su alrededor, pero ahí permanecía el carrito de churros como un vago recuerdo de las tradiciones y del sabor que uno puede encontrar en las calles de Culiacán.

Pero no todas las historias narraban los mejores momentos de la historia de Culiacán. En su columna, encontramos también la vida del comercio sexual que aparece cuando llega la noche en la avenida Álvaro Obregón, donde los transeúntes pasan indiferentes y hacen de la vista gorda ante el espectáculo. Es en esa misma calle donde Valdez encontró al flaco de la Obregón, singular vagabundo que bailaba, fingía leer folletos y correteaba camionetas entre semáforo y semáforo. Personaje singular que parecía perdido en otro mundo, inconsciente de lo que acontecía a su alrededor “que para disfrutar la vida, el ruido, la calle se mueve y tiene colores que otros seres humanos sólo piensan en el reloj y en alcanzar el verde de los semáforos”.

Como un espectador consciente, Valdez hizo de su columna un recuento de esta ciudad y de sus habitantes, testimonios silenciosos de todo lo que acontecía. Y he aquí la pregunta ¿Cuántos de nosotros nos detenemos a observar nuestras calles? ¿Cuántos nos damos cuenta de los cambios que vienen a través de los años? De los edificios nuevos, de los espacios ganados y perdidos por los nuevos medios de transporte, del ambiente que se vive en nuestras calles cuando se instala un nuevo restaurante o un centro nocturno. La mayoría de nosotros descubriremos que solo somos caminantes ciegos que no miran, que no aprecian y que no reconocen el espectáculo que se encuentra ante nosotros. Absortos y perdidos en nuestros pensamientos, en nuestros compromisos, en llegar temprano y seguros a nuestro destino; y más atentos de los peligros que encontramos en las calles que en las maravillas e historias que podemos encontrar a nuestro alrededor.

Valdez hizo todo lo contrario, observó las calles de Culiacán, estudió los cambios que éstas vivían y reconoció aquello que para nosotros es tan común que se vuelve invisible. Tal es el caso de las que llama las mujeres de manos de tierra, refiriéndose a las mujeres que cuidan las jardineras de las calles de Culiacán, que se encargan día a día de regar las plantas, de recoger la basura que un despistado peatón deja al pasar y de cuidar lo más preciado para ellas: sus plantas.

En este encuentro con lo cotidiano, el columnista recupera una suerte de Historia desde abajo, relatos y vidas de aquellos que usualmente son ignorados por las grandes historias de la Historia y que son subestimados, algo que seguiría haciendo el resto de su carrera como cronista hasta su muerte. Valdez recupera el escenario y la visión de las calles de una ciudad que parece romántica, nostálgica y trágica en su columna. Incluso nos recomienda sitios para admirar y nos pinta una imagen de lo que se puede observar si uno se toma el tiempo. Nos recomienda por ejemplo sentarnos en las verdes bancas de la Plazuela Rosales, lugar que a pesar de la basura y los vasos desechables que merodean por el lugar pareciera digno de cualquier película, con estudiantes que pasan caminando, enamorados que buscan nido, niños corriendo y altas palmeras que decoran el lugar.

En sus columnas se pueden incluso leer las ausencias que vivían sus calles en fechas como los días posteriores a la Navidad,  como el 26 de diciembre, día en que Culiacán nació huérfano, sufriendo la ausencia de los vendedores de periódico habituales y las sombras humanas que esperaban el verde en los camellones. ¿Qué diría de la ciudad Valdez en estos días con la pandemia del COVID-19? ¿Cómo retrataría en su columna las calles vacías, los comercios cerrados, la ausencia de coches en las calles y en las avenidas y la inmensa desolación que invade las calles?

Como cronista de la ciudad, Valdez tal vez hablaría de las transformaciones. Mencionaría este silencio ensordecedor que llega a las calles por momentos, de la gente que ahora camina con cubrebocas, algunos con caretas y uno que otro incrédulo que camina sin ninguna de ellas. Retrataría también las historias de los dueños de comercios que tuvieron que cerrar por falta de clientes, de los vecinos que tuvieron que buscar otro lugar más barato donde vivir y de los vendedores ambulantes que han cambiado la venta de dulces y golosinas por cubrebocas, gel antibacterial y caretas.

Con su columna, Javier Valdez nos recuerda una de las tareas más importantes del periodismo y del investigador: observar. Él se fijaba en aquello que para nuestros ojos era invisible, buscaba historias en las personas comunes y los hacía protagonistas, al menos por unos momentos, de la historia de la ciudad.

Con sabor a asfalto es un magnífico legado escrito que nos dejó este periodista y que es digno de cualquier investigación. Recuperar estas letras, las historias que encierra y las imágenes citadinas que nos pinta fue un gran honor como historiadora. Caminar a través de sus columnas por las calles de Culiacán y conocer a sus habitantes, fue un gran deleite y una grata experiencia como investigadora. Pero aún falta más por hacer.

Recuperar sus columnas fue apenas el primer paso que dimos en Defensores de la Democracia para conocer a este periodista y para que su trabajo no se olvide. Falta aún que futuros historiadores y periodistas indaguen en su trabajo, se pierdan en sus letras y construyan nuevas historias a partir de sus relatos.

Y siendo aún más bondadoso, Valdez nos enseña una sabia lección: observar y mirar las calles de nuestra ciudad. Con sus columnas, nos invita a no perdernos el espectáculo de las calles, a contemplar aquello que parece invisible a los ojos y a disfrutar del folclor, la historia, la nostalgia y la belleza de todas las calles de nuestro México. Y, mientras descubrimos cómo hacerlo, Valdez nos recuerda: Por lo pronto, llovizna en el asfalto y en el plomo de esta ciudad.

* Monserrat Narváez (@monse_narvaezn) es historiadora por el Instituto de Investigaciones Dr. José Ma. Luis Mora, es maestra en Museología por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía y especialista en políticas públicas por la Universidad Autónoma de México. Es parte del equipo que construye el archivo viviente de DDLD.

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