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Defensores de la Democracia
Por Defensores de la Democracia
México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo. Desde 2000 ... México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo. Desde 2000 a 2019, según las cifras más conservadoras, han asesinado 111 reporteros en el país. Ante esta crisis, los trabajos de los periodistas --en su mayoría de medios locales-- corrían el riesgo de desaparecer. Desde Defensores de la Democracia encontramos y resguardamos estos trabajos en un archivo viviente; también creamos Voces Silenciadas, un podcast documental donde contamos sus historias. Aquí ampliamos el análisis y el debate sobre la construcción de memoria y las fallas estructurales que amenazan la libertad de expresión en México. (Leer más)
Hablemos de periodistas asesinados… otra vez
México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo; no es noticia para nadie. Por ello queremos rescatar el legado de quienes murieron ejerciendo la labor periodística, ofrecer herramientas para conocer esa memoria histórica y riqueza cualitativa, y ofrecer nuevas narrativas para contar y entender la violencia contra los periodistas en el país.
Por Alejandra Ibarra Chaoul
13 de marzo, 2020
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Este blog, como todo el trabajo que actualmente realiza Defensores de la Democracia, versará sobre violencia contra periodistas en México. Podría parecer que, por ser un tema conocido, éste será contenido repetitivo. Me atrevo a prometer, de antemano, que no es así. Explico por qué.

México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo; no es noticia para nadie. Desde que el Comité de Protección para Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) empezó a llevar la cuenta de los asesinatos en 1994, hasta la fecha son 120 reporteros y trabajadores de medios que han muerto por homicidio en el país. Antes del año 2000, la cifra era relativamente baja: nueve periodistas asesinados en seis años.

Paradójicamente, una vez que el país dejó de ser un régimen de partido hegemónico y se convirtió oficialmente en una democracia, el número de reporteros asesinados empezó a aumentar. El sexenio de Vicente Fox registró nueve asesinatos de periodistas, pero fue a partir del sexenio de Felipe Calderón cuando vinieron años (como el 2010) en el que mataron a 10 periodistas durante solo 12 meses; una frecuencia de casi uno al mes. El problema no se detuvo después de esa administración; con Enrique Peña Nieto mataron a 38 reporteros. De manera que, desde el año 2000 los periodistas asesinados hasta 2019, según el CPJ, son 111. De esos, 10 han muerto durante lo que va de la presente administración.

Ésas son solo las cifras más conservadoras. Según datos de Artículo 19, por ejemplo, el número de 2000 a la fecha, asciende a 131 reporteros asesinados. Cada organización presenta cifras diferentes porque cada metodología tiene consideraciones distintas para decidir quién es considerado periodista y quién no. Llevar la cuenta es una de las valiosísimas labores que se han realizado en México alrededor de la violencia contra la prensa.

Durante los últimos años, otras organizaciones de la sociedad civil además del CPJ, como Reporteros Sin Fronteras (RSF), Artículo 19, Periodistas de a Pie y Propuesta Cívica han abonado al llevar la cuenta de los ataques, manteniendo activo el registro del creciente número de incidentes. Además, se han dedicado a ofrecer capacitaciones para periodistas en terreno hostil; monitorear y luchar contra las legislaciones que amenazan la libertad de expresión; dar acompañamiento a las víctimas indirectas, e impulsar el seguimiento legal de los casos ante las fiscalías que de otra manera podrían terminar traspapelados como tantos otros en el país. Apenas el 27 de febrero de 20201, en Culiacán se dictó sentencia por 14 años a uno de los asesinos materiales del periodista sinaloense Javier Valdez. Este es un avance; a pesar de lo marginal y lo agridulce, es movimiento.

Colectivos como Reporteras en Guardia, con la plataforma No Matar a Nadie, y Nuestra Aparente Rendición, con el portal y libro Tú y yo coincidimos en la noche terrible, se han encargado de registrar –mediante memoriales– aspectos de la vida de los periodistas asesinados y las circunstancias que aparentemente desembocaron en sus homicidios. Aquí digo “aparentemente” porque para todo el país en los últimos 20 años solo se ha identificado un probable asesino intelectual de periodistas, aunque no se ha sentenciado todavía2. No se ha logrado establecer el motivo en uno solo de los casos y las condenas para asesinos materiales siguen siendo escasas. No se castiga intencionalidad. En Veracruz –el estado con más periodistas asesinados en el país–, por poner un ejemplo extremo, solo se han identificado asesinos materiales en tres de los homicidios. En uno de ellos, los presos por el crimen son de responsabilidad moral tan nimia como el policía del pueblo que se hizo de la vista gorda al ver un convoy de sicarios pasar.

El trabajo que diversos actores en México han realizado alrededor de la violencia contra la prensa es crucial, diverso, complementario e invaluable; pero, como en cualquier situación de crisis como lo es ésta, han quedado algunos espacios desatendidos. Puntualmente, tres de ellos son: i) rescatar el legado de quienes murieron ejerciendo la labor periodística, ii) ofrecer herramientas para conocer esa memoria histórica y riqueza cualitativa, y iii) ofrecer nuevas narrativas para contar y entender la violencia contra los periodistas en el país. Desde Defensores de la Democracia, con periodismo e investigación, buscamos llenar estos vacíos para generar un impacto y contribuir al cambio de este indignante estatus quo. Vamos por partes.

Cuando una persona es víctima de violencia, pasa algo terrible además del acto mismo que es perpetrado en su contra. Su memoria se redefine; la razón por la cual recordamos a esas personas se tergiversa. En vez de que su legado sea eso a lo que dedicaron toda su vida, su legado se convierte en eso que alguien más les hizo en el último momento de su existencia. Veinte, 30 o 50 años son reemplazados por unos cuantos minutos. Los recordamos no por lo que eligieron hacer, sin por lo que alguien más les hizo a ellos. Muchos periodistas asesinados en México se recuerdan por eso mismo: porque los mataron. Ésta es, desde como lo vemos en Defensores de la Democracia, la primera arista de la tragedia en estos homicidios, la individual.

Después viene la arista social. A diferencia de otras víctimas de asesinato, los periodistas ejercían una labor social y un rol indispensable para el fortalecimiento de la democracia. De ahí el nombre de este proyecto. Gracias a la información que publicaban –desde notas diarias hasta investigaciones largas—los ciudadanos que consumían estos trabajos tenían más elementos para tomar decisiones desde las cotidianas (en qué lugar está más barata la verdura), pasando por las de participación política (cuál de sus representantes está cumpliendo o no con su trabajo), hasta las de sobrevivencia (qué caminos evadir para evitar terminar en un fuego cruzado). Cuando matan a un periodista se pierde una voz crítica y fuente de información que permite a los ciudadanos tomar todo tipo de decisiones: individuales, sociales y políticas.

Finalmente está la tercera dimensión de la gravedad de estos casos: la histórica. La gran mayoría de los periodistas asesinados en el país trabajaban en medios pequeños, locales, con escasos recursos; algunos laboraban en radios comunitarias dando voz por primera vez a poblaciones históricamente excluidas; muchos tenían portales en internet o medios basados en redes sociales; otros incluso llevaban empresas familiares u operaciones caseras como imprimir panfletos informativos o hacer de pregoneros. Toda esa documentación de la realidad –como mosaicos únicos– contada y registrada desde los municipios intermedios del país, representa una especie de collage que cuenta la historia de lo que ha estado pasando en el país durante los últimos 30 años. Ahí están parte de las claves que pueden explicar cómo nos convertimos en el país de las más de 2 mil fosas3; el de las más de 61 mil desapariciones forzadas4, y los más de 215 mil homicidios en los últimos 20 años5.

Sin embargo, precisamente por ser reportajes de medios locales, pequeños y de escasos recursos, muchos de esos trabajos están desapareciendo. Aún para los periodistas cuyo trabajo está resguardado en medios nacionales, como podría ser el caso de Miroslava Breach y Javier Valdez, antes de Defensores de la Democracia no existía una colección hemerográfica que agregara los trabajos de periodistas asesinados. Para atender ese primer punto, el del recuperar los legados de periodistas asesinados, construimos un archivo viviente, público y en línea que rescata y resguarda estos trabajos. Este espacio existe para consultar, releer, revisitar, recordar, estudiar, analizar e incluso retomar esas obras. Hasta ahora, hemos logrado recuperar trabajos de 40 periodistas asesinados en México desde el año 2000.

Pero ante la falta de sentencias, la infinidad de preguntas y la ausencia total de respuestas, no nos podíamos quedar en ser una hemeroteca virtual. Por eso construimos también una base de datos con indicadores sociopolíticos y económicos que permitan pintar una idea del contexto donde los periodistas trabajaban. ¿A qué retos se enfrentaban? ¿Qué fuerzas o poderes estaban presentes donde reporteaban? Rápidamente nos dimos cuenta que no era lo mismo leer una nota sobre abigeato en un vacío contextual, que leerla sabiendo qué cárteles estaban presentes en la región ese año, cuál era la tasa de homicidio, quién era el alcalde y a qué partido político pertenecía, así como el gobernador. Queríamos entender el poder adquisitivo de los pobladores del municipio, así como su nivel de educación para entender cómo era el lugar y el momento del reportaje. Así, cruzamos cada entrada en el archivo de los trabajos periodísticos con la base de indicadores contextuales y creamos una plataforma que arroja esta información para cada uno de los artículos, videos, programas de radio y fotografías publicadas por periodistas asesinados. De esta manera proponemos atender el segundo punto: ofrecer una herramienta para conocer esa memoria histórica y riqueza cualitativa con datos de contexto sociopolítico y económico. La base de datos es descargable en nuestro sitio, disponible aquí.

Esta herramienta, novedosa e innovadora en el cruce de información que ofrece, existe para que académicos, activistas y periodistas puedan buscar respuestas y proponer soluciones ante un problema viejo y complicado. Las mismas notas de los periodistas, con información del contexto, pueden ofrecer pistas para resolver sus propios asesinatos. Esta herramienta también existe para tener más elementos con los cuales contar o investigar esas historias de manera distinta y creativa. Esta es la tercera apuesta de Defensores de la Democracia. Por eso creamos el podcast Voces Silenciadas, la salida narrativa del proyecto. Ya dijimos que la crisis de violencia contra periodistas en México no es nueva. Una de las consecuencias de la longevidad de esta crisis es que mucha gente se ha vuelto apática ante el tema. La cantidad de crímenes aparentemente indistinguibles y la falta de soluciones para los mismos termina, para muchos, en hastío.

Desde Defensores de la Democracia creemos que parte del problema es que estas historias se han contado de la misma manera demasiadas veces durante muchos años. A través de nuestro podcast documental, abordamos las trayectorias profesionales de los reporteros, resaltando qué tipo de trabajo hacían, pero también ahondamos en los retos y riesgos para ejercer el periodismo en el país. Usamos esos datos de contexto para intentar entender y poder explicar las violencias estructurales y las fallas institucionales a las que se enfrentan los reporteros en sus particulares realidades. Ultimadamente buscamos responder y comunicar: ¿por qué matan periodistas en México? y ¿qué les permite seguir haciéndolo?

A lo largo de las siguientes entradas de este blog narraremos cómo hemos construido esta memoria histórica, traeremos análisis que emane de la información contenida en la plataforma, y explicaremos detalles o reflexiones sobre los episodios del podcast que trasciendan el formato auditivo del mismo. En Defensores de la Democracia estamos convencidas de que esta memoria es de y para todos. Si conoces un caso de algún periodista asesinado que quisieras que contáramos en el podcast o tienes los trabajos de uno de estos reporteros y te gustaría que los conserváramos, escríbenos a [email protected]

Mientras no se resuelvan los casos pendientes y no se detengan los ataques contra periodistas en México ­–de la mano de las organizaciones cuya labor ha sido y es indispensable ante esta crisis–, desde Defensores de la Democracia estaremos abonando con la creación de memoria, producción de herramientas y propuesta de nuevas narrativas para generar un impacto que detone en soluciones. Seguimos.

* Alejandra Ibarra Chaoul es Periodista, autora de El Chapo Guzmán. El Juicio del Siglo. Fundadora y directora de @DDLD_MX.

 

 

1 Disponible aquí.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí.

4 El subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, dio a conocer que 61 mil 637 personas han sido reportadas como desaparecidas.

5 Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

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