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Demócratas Deliberados
Por Democracia Deliberada
Los demócratas deliberados son los integrantes de un grupo de ciudadanos, profesionistas, acadé... Los demócratas deliberados son los integrantes de un grupo de ciudadanos, profesionistas, académicos y activistas de la sociedad civil organizada que utilizan la deliberación abierta para construir posiciones colectivas sobre asuntos públicos específicos. Esta corriente de opinión, deliberadamente de izquierda, ha buscado sistemáticamente transformar la agenda, e influir en la acción política, de las izquierdas partidistas mediante acciones deliberativas y legales. El objetivo ha sido y sigue siendo darles a estos partidos un rumbo más igualitario, más sustentable y más abierto a la sociedad. En este foro los demócratas deliberados reproducen todas sus posiciones colectivas y algunas reflexiones de sus miembros a título personal. (Leer más)
¡A votar sin esperanza, a votar castigando!
Esta es una elección en la que debemos preguntarnos ¿queremos que el gobierno actual siga teniendo poder total sobre el legislativo? Creemos que ya no más. Creemos que esta es una situación de emergencia. Creemos que ahora es más importante la protesta contra el gobierno que contra el sistema de partidos.
Por Democracia Deliberada
21 de mayo, 2015
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Esta legislatura la recordaremos por la disolución de la oposición en las cámaras. Mucho tuvo que ver la mayoría que formaron el PRI y sus aliados, pero también ese mecanismo político llamado el Pacto por México. La participación de la izquierda fue particularmente desdichada pues quedó anulada, particularmente por su miedo a ser interpretada como la izquierda contestataria, rijosa, opositora.

Ante este contexto, es fácil decir que todos son iguales. Todos en el Pacto se dejaron ver como una voz unificada y no como una suma de voces plurales. Por eso se entiende que el hartazgo no sea menor y se entiende que haya movilizaciones para anular el voto o para boicotear la elección. Anular es siempre una buena reflexión y una protesta profundamente democrática. Pero el voto nulo no es siempre la mejor forma de protesta, depende del contexto.

Vale la pena pensar en los escenarios y consecuencias de nuestro voto. No sólo como un papel que rellena una urna, sino como su capacidad no sólo para premiar a quien no se lo merece, sino para castigar.

¿Qué pasaría si el PRI continuara dominando el poder legislativo? ¿Qué podría pasar si tuviéramos un congreso de oposición al gobierno federal?

El regreso del PRI a los Pinos nos ha traído una economía que sigue sin crecer, no es claro que las reformas lo vayan a provocar, la corrupción es rampante e intolerable, su agenda no prioriza lo suficiente a los pobres o la construcción de un estado de derecho que pueda controlarlos a ellos mismos, y como si fuera un búmeran del infierno, la inseguridad y la tortura están de regreso. La continuidad sería un error y pavimentaría el camino del PRI para volver a ganar en la elección del 2018. Además, el PRI ha dado muestras de que con una mayoría estaría dispuesto a cambiar las reglas que han permitido la existencia de cierta oposición, esto sería desastroso. Su intento de consulta popular para disminuir la representación proporcional así lo dejó ver.

Por otro lado, un congreso de oposición tendría que deliberar mejor, pensar mejor sus contenidos. Volver a priorizar lo importante. Sería una ventaja tener un congreso vigilante de leyes y de casas blancas. Un congreso que dé mejores explicaciones a sus electores. Uno que pida más cuentas al gobierno.

Para que eso ocurriera, los números de la oposición fragmentada tendrían que ser lo suficientemente grandes para contar con un poder de atracción suficiente para formar una coalición. Ahora el conjunto de los partidos de izquierda tiene una intención de voto similar, pero menor, a la del PRI. Pero en la traducción de votos en escaños, lo que se espera es que la coalición PRI-PVEM-PANAL vuelva a tener la mayoría en la cámara baja. Sería una tragedia democrática que cuando hay tal ánimo de castigo (y razones para hacerlo), la consecuencia del voto sea la hegemonía del PRI en el legislativo, una vez más. Si la oposición no lo logra, ni siquiera la oposición dudosa del PAN y del PRD alcanzarían para ser fieles de la balanza.

Mientras mejoremos el polo de atracción de aquellos que hayan demostrado auténtica vocación opositora, podemos esperar un mejor desempeño en el Congreso. Un desempeño que pida las cuentas a un gobierno que se niega a darlas e imponga una agenda distinta a la actual.

Si la coalición del PRI está más cerca de ser la mayoría, el PRD, dado su comportamiento reciente, les saldría muy barato y conveniente aliarse con ellos. En cambio si la coalición más grande es la de PT-MC, Morena o, incluso, en ciertos temas, el PAN, otro escenario se puede vislumbrar.

Por eso, a pesar de la desesperanza reinante, por lo menos en el caso del Congreso Federal, llamamos a los ciudadanos a emitir no un voto nulo, sino un voto de castigo. Uno que castigue al pésimo gobierno del PRI y dificulte su control sobre la Cámara, contrapeso principal cuya composición actual ya no nos sirve. Debemos dar un giro hacia la oposición, una verdadera oposición, una que no aplauda.

Esta es una elección en la que debemos preguntarnos ¿queremos que el gobierno actual siga teniendo poder total sobre el legislativo? Creemos que ya no más. Creemos que esta es una situación de emergencia. Creemos que ahora es más importante la protesta contra el gobierno que contra el sistema de partidos.

Reconocemos que los horrores como en el caso de los Abarca en Iguala, imponen la reflexión de considerar el voto nulo en esta elección. Creemos que esa reflexión debe existir en todas y cada una de las elecciones estatales y municipales. Si todos los candidatos son Abarcas, incluidos los independientes disponibles en la boleta, no voten por nadie, anulen. Pero a nivel federal, no podemos dejarle el Congreso al PRI.

Algunos de nosotros hemos promovido el voto nulo en ocasiones anteriores, pero esta vez no. Esta vez hacemos un llamado a que hagamos de esta elección un referéndum al gobierno de Peña Nieto. Necesitamos de regreso el Congreso de la Unión. Debemos quitárselos. Hagamos de la idea del referéndum un tema en todas nuestras mesas y sobremesas. La elección es muy pronto, aún nada está escrito. No más Congreso Federal para el PRI.

Por último, hay una verdad amarga pero innegable. Haríamos mal en no verla. La democracia no siempre se puede dar el lujo del premio y de la esperanza. Esta es una de esas ocasiones. Pero, a veces, votar sin esperanza no debe ser visto como patético. Votar sin esperanza es votar castigando y castigar, castigar duro, también es profundamente democrático. Hagámoslo. Castiguemos al PRI y llevemos a la oposición a ganar en las elecciones federales. Castiguemos a los partidos donde haya que hacerlo, en lo local, pero también castiguemos al gobierno y al Congreso Federal.

Porque aplaudir no es de todos,

 

@ddeliberada

 

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