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Demócratas Deliberados
Por Democracia Deliberada
Los demócratas deliberados son los integrantes de un grupo de ciudadanos, profesionistas, acadé... Los demócratas deliberados son los integrantes de un grupo de ciudadanos, profesionistas, académicos y activistas de la sociedad civil organizada que utilizan la deliberación abierta para construir posiciones colectivas sobre asuntos públicos específicos. Esta corriente de opinión, deliberadamente de izquierda, ha buscado sistemáticamente transformar la agenda, e influir en la acción política, de las izquierdas partidistas mediante acciones deliberativas y legales. El objetivo ha sido y sigue siendo darles a estos partidos un rumbo más igualitario, más sustentable y más abierto a la sociedad. En este foro los demócratas deliberados reproducen todas sus posiciones colectivas y algunas reflexiones de sus miembros a título personal. (Leer más)
El país de la política exterior de fantasía
Usar la política exterior de México para hacernos creer que todo está bien en temas de derechos humanos es peligroso, ya que el Estado mexicano no sólo quiere proyectar un país de fantasía, también seguirá negándose a cumplir con las recomendaciones de derechos humanos que tanto hace falta que sean realidad.
Por Democracia Deliberada
14 de abril, 2016
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Desde hace algunos años la política exterior de México vive en la ilusión de que este país es pacífico y justo. La fantasía que promueven los diplomáticos mexicanos no sólo publicita a México como un paraíso turístico, también como un país solidario y congruente con sus compromisos en el mundo. Sin embargo, en los años de Enrique Peña Nieto, la cancillería ya no sólo ha sido acorralada como una agencia turística, también es el pináculo del combate frontal a la realidad. La alarmante campaña del gobierno mexicano contra los organismos internacionales de derechos humanos es sumamente preocupante y peligrosa.

El combate a la realidad sobre los derechos humanos en México es inaudita. Las peleas que tiene la Secretaría de Relaciones Exteriores con el relator sobre la tortura de la ONU, Juan Méndez; con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA; con el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes para el Caso Ayotzinapa, y el desdén contra los relatores de derechos humanos de la ONU en general, muestra que este gobierno tiene un severo problema con aceptar las críticas externas. Usar la política exterior de México para hacernos creer que todo está bien en temas de derechos humanos es peligroso, ya que el Estado mexicano no sólo quiere proyectar un país de fantasía, también seguirá negándose a cumplir con las recomendaciones de derechos humanos que tanto hace falta que sean realidad.

La cruda realidad es que México es el país donde la tortura es práctica cotidiana para obtener confesiones, donde hay casos de secuestro institucionalizado como ciertos arraigos, donde policías y militares están involucrados en casos de desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales, donde las investigaciones judiciales van contra las víctimas de las violaciones de derechos humanos, donde los periodistas son asesinados por ejercer su profesión y donde los migrantes centroamericanos son secuestrados y asesinados. Esa es la crisis de derechos humanos que la ONU y la OEA insisten que México reconozca. Ese es el país que vivimos todos los mexicanos.

Aunque este grado de negación de la realidad es un fenómeno relativamente nuevo, tiene que ver con otro fenómeno mucho más acentuado en nuestra política exterior: ser candil de la calle y obscuridad de la casa. Los diplomáticos mexicanos –siempre profesionales– salen a los foros internacionales a promover las agendas más nobles: el fin del régimen de prohibición de drogas, los tratados de armas, la promoción de los objetivos de desarrollo sostenible, de gobierno abierto, desarrollo urbano sostenible o las conferencias de cambio climático y diversidad biológica. No obstante, en el sigilo de la obscuridad de nuestra casa, seguimos dejando que las armas ilegales entren a nuestro país por las fronteras, reprimimos comunidades indígenas que defienden su territorio contra los megaproyectos, destruimos manglares y, en plena contingencia ambiental, promovemos el auto. Mientras los diplomáticos pasean como candiles por Ginebra, Nueva York y Washington, los políticos se ocultan en las sombras de su obcecación.

Merece especial mención, en este contexto de violaciones de derechos humanos, que el jefe de Estado de uno de los países promotores de la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU para el problema mundial de las drogas (UNGASS 2016) no asista a dicha conferencia internacional. El anuncio de Enrique Peña Nieto preocupa porque México renuncia a su liderazgo en uno de los foros que más nos incumbe por los catastróficos daños que ha tenido la guerra contra las drogas en la sociedad mexicana. El país que ha llevado hasta sus últimas consecuencias el régimen de prohibición de drogas no hablará en el foro que precisamente promovió para terminarlo. Es una vergüenza que el presidente Peña Nieto sea incapaz de tener una posición clara sobre el tema de las drogas y de la violencia que vive nuestro país.

La incongruencia y la frivolidad son los signos de la política exterior de esta administración. No sólo por el incumplimiento de los tratados y recomendaciones internacionales en materia de derechos humanos, también por una serie de nombramientos preocupantes de quienes se encargan de representar a México en el mundo. La lista de nombramientos cuestionables incluye a personajes como Claudia Ruíz Massieu como secretaria de relaciones exteriores después de haber dirigido turismo, como Paulo Carreño King como subsecretario para América del Norte después de haber sido el publicista de la marca país de la presidencia, de Andrés Roemer como representante ante la UNESCO después de haber atendido sus asuntos empresariales por sobre su responsabilidad como cónsul en San Francisco y de Fidel Herrera Beltrán como cónsul en Barcelona. Estos personajes son muestra del amiguismo, frivolidad y superficialidad que ha impuesto el gobierno del PRI a nuestra diplomacia.

En Democracia Deliberada creemos que si México quiere tener legitimidad en el ámbito global para defender sus intereses debe ser congruente en sus compromisos internacionales y debe tener una estrategia sustantiva en lugar de sólo retórica y promocional. Es urgente que México acepte las recomendaciones de derechos humanos que han hecho la OEA y la ONU en voz de sus comisiones y relatores. No sólo debe aceptarlas, debe de una buena vez implementarlas para detener la crisis de derechos humanos en la que nos encontramos. Entre esas acciones están la aprobación de las leyes en materia de desaparición forzada y de tortura. Demandamos que se respete el trabajo del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes para el Caso Ayotzinapa y que se permita la visita de Juan Méndez a nuestro país.

En especial, es tiempo de ser congruentes con los numerosos tratados e instrumentos que tenemos en todos los campos, cambio climático, tráfico de armas, derechos humanos, corrupción, entre otros. Pero, sobre todo, es imperativo que México adopte una posición de liderazgo en UNGASS 2016, de voz del presidente Peña Nieto, contra el régimen internacional de prohibición de drogas y que el presidente regrese a nuestro país para proponer el fin del régimen nacional de prohibición de drogas. La raíz de nuestra actual crisis de derechos humanos es la guerra contra las drogas y hay que terminarla.

Finalmente, creemos que la diplomacia de México debe ser liderada por los miembros del Servicio Exterior Mexicano, uno de los pocos cuerpos profesionales del Estado mexicano. No más improvisados, amigos y publicistas. Ellos deben ser quienes armen la estrategia integral para defender los intereses de México en el exterior.

Por lo antes dicho declaramos que, quienes nieguen la realidad de México en materia de derechos humanos, quienes no cumplan con las recomendaciones y tratados a los que México está obligado a cumplir, quienes se nieguen a que México tome el liderazgo para poner fin a la guerra mundial contra las drogas y quienes privilegien el amiguismo y la retórica a la política exterior profesional y estratégica, serán nuestros adversarios políticos.

 

@ddeliberada

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