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Demócratas Deliberados
Por Democracia Deliberada
Los demócratas deliberados son los integrantes de un grupo de ciudadanos, profesionistas, acadé... Los demócratas deliberados son los integrantes de un grupo de ciudadanos, profesionistas, académicos y activistas de la sociedad civil organizada que utilizan la deliberación abierta para construir posiciones colectivas sobre asuntos públicos específicos. Esta corriente de opinión, deliberadamente de izquierda, ha buscado sistemáticamente transformar la agenda, e influir en la acción política, de las izquierdas partidistas mediante acciones deliberativas y legales. El objetivo ha sido y sigue siendo darles a estos partidos un rumbo más igualitario, más sustentable y más abierto a la sociedad. En este foro los demócratas deliberados reproducen todas sus posiciones colectivas y algunas reflexiones de sus miembros a título personal. (Leer más)
Mientras la riqueza no paga, Pemex se queda con nada
Nos prometieron que la reforma energética resolvería los problemas de Pemex, pero parece que sólo los hizo más profundos.
Por Democracia Deliberada
9 de marzo, 2016
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El desplome de los precios del petróleo y la remoción del ahora ex director de Pemex, Emilio Lozoya, y su reemplazo por José Antonio González Anaya, ha traído de vuelta a la discusión ¿qué hacer con Pemex  y con las finanzas públicas que tanto han dependido de la paraestatal?

El gobierno nos explica que todos los problemas de Pemex vienen de afuera, pero en realidad hay muchos más problemas derivados de la estructura y funcionamiento propios de la empresa. Si bien los bajos precios del petróleo son una realidad que aparentemente permanecerá en el mediano plazo, este suceso no era imprevisible. Durante los últimos 150 años los precios del petróleo rara vez habían sido tan elevados; y cuando lo han sido nunca han durado así mucho tiempo. Además, la caída en la producción de Pemex, que hoy por hoy se ubica por debajo de los 2.3 millones de barriles diarios, es producto de la sobreexplotación de los yacimientos petroleros durante el gobierno del ex presidente Vicente Fox.

A esto se suma la acumulación de una deuda que supera a los $100 mil millones de dólares, una pérdida anual de $164 mil millones de pesos, un pasivo pensionario creciente y una nueva serie de recortes en la capacidad para invertir de Pemex. Nos prometieron que la reforma energética resolvería estos problemas, pero parece que sólo los hizo más profundos.

Pemex, a diferencia de otras compañías petroleras de propiedad estatal en el mundo, tiene una carga fiscal del 71%, mientras que las otras petroleras estatales tienen cargas entre el 30% y 40%. Esta carga es desproporcionada y de acuerdo a los reportes de calificación crediticia de Fitch Ratings la empresa entrega al fisco el 52.6% de sus ventas o equivalentemente el 108.4% de sus utilidades antes de impuestos, intereses y depreciación. Adicionalmente a la carga fiscal, la mínima recuperación de costos que la ley le permite hacer a Pemex ha causado que la empresa tenga pérdidas durante 9 de los últimos 11 años.

Además, durante los últimos 3 ejercicios fiscales, a Pemex se le han recortado recursos que suman más de $200 mil millones de pesos de inversión, el 75% de ese monto para actividades exploración y producción. Un Pemex que enfrenta condiciones fiscales tan pesadas y que no puede invertir para aumentar su producción, para adquirir o, mejor aún, desarrollar tecnología, es un Pemex que no puede competir y que por tanto no le sirve al país. ¿Así lo queremos mantener?

Como consecuencia de esta difícil situación, las finanzas públicas se encuentran en aprietos. Hasta antes de la caída en los precios del petróleo, Pemex solía aportar más del 30% de los recursos para el presupuesto de egresos de la federación, la caída en los precios, junto al ligero incremento en la recaudación producto de la reforma fiscal de 2013, ha hecho que este porcentaje caiga al 20%, sin embargo, a pesar de ser menor, sigue representando una carga excesiva para la empresa y muestra la debilidad de nuestro presupuesto público. A pesar de la caída de los ingresos por los precios bajos, lo cierto es que aún no se ha “despetrolizado” lo suficiente el gasto público.

Frente a esta problemática hay tres alternativas para el gobierno: hacer recortes en lo que se ha vuelto un estado permanente de ajustes al gasto público; incrementar la deuda, con la problemática que esto puede tener en el futuro, o incrementar la recaudación fiscal. El gobierno ha optado por la primera sin mucho éxito: aunque más que recortar de forma estricta, ha reasignado el gasto público del no programado al programado e incluso aumentó en cerca de 200 mil millones de pesos cuando su objetivo era disminuirlo.  La segunda opción, la deuda, no es una estrategia viable de largo plazo y en un clima internacional tan volátil no es la mejor opción.

En Democracia Deliberada, en reiteradas ocasiones, hemos advertido sobre los riesgos que podían traer la reforma fiscal y la reforma energética sobre Pemex y sobre las finanzas públicas del país. La reforma energética no dotó a Pemex de la capacidad para reaccionar frente a circunstancias adversas en el mercado petrolero, ni creó los mecanismos para aprovechar su riqueza de la forma más adecuada. Lejos de ello, perpetuó los mecanismos por los cuales se ha convertido en una carga para las finanzas públicas que soportan en gran parte al gigante energético. Nuevamente, se desaprovechó la renta que dio, cuando esa debería ser la prioridad. Asimismo, la reforma fiscal ha sido insuficiente, no sólo para contener el problema de los bajos precios del petróleo, sino también para redistribuir mejor. Aunque lo intentaron, no nos rebasaron por la izquierda.

Por lo anterior creemos que, esta vez, estamos en la coyuntura correcta para aumentar la recaudación, a través de impuestos progresivos que permitan revertir la desigualdad y mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población. Hoy, como nunca, hace falta recaudar más y recaudar progresivo. Eso es, sin duda, una forma más inteligente, y sostenible, de contribuir al crecimiento económico de largo plazo en oposición a las finanzas públicas que dependen, en buena medida, del fluctuante precio de los hidrocarburos.

Una mayor recaudación fiscal por medio de impuestos dirigidos a quienes tienen la mayor parte de la distribución del ingreso, sumado a otros tipos de tributación, como pueden ser los impuestos a la riqueza, a las herencias y un mejor uso de impuestos como el predial y la tenencia pueden permitir resolver los problemas crónicos de debilidad fiscal del país. Que contribuyan quienes más reciben de la riqueza del país.

Sr. Luis Videgaray, usted sabe que es así. Y usted sabe que un impuesto a la herencia, en línea con el impuesto que implementó a las ganancias de capital, es un impuesto que hoy hace más falta que nunca. Uno que permitiría a PEMEX rescatarlo de verdad, en el largo plazo no el corto; un impuesto que permitiría que se vuelva a capitalizar con sus propios ingresos. Pemex ha demostrado que cuando se invierte en ella puede aumentar su producción y estar entre las empresas más eficientes de su industria. No le quite el futuro a una paraestatal que tanto ha dado y que aún tiene potencial.

Obtener recursos fiscales adicionales permitirá liberar a Pemex para sanearlo y dejar que pueda invertir en sí mismo, adquirir y desarrollar tecnología y contribuir al país a través de un fondo soberano bien diseñado, que a diferencia del Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo pueda usar sus recursos para transformar la riqueza petrolera del presente en riqueza permanente para las generaciones futuras, no sólo estabilizar las finanzas públicas. A su vez, al decidir transitar a un modelo de mayor tributación se abre la posibilidad de desarrollar industrias para el futuro, apostando por la adopción de energías limpias y renovables como base del desarrollo para el país.

Una mayor tributación progresiva también permitiría disminuir la profunda desigualdad de ingresos y riqueza que existe en el país. Adicionalmente, si redistribuímos mejor, quizá comencemos a crecer de forma más sostenida, disminuyamos el riego de mayor inestabilidad y echemos a andar un mercado interno más dinámico.

Estamos de acuerdo en que, en el presente, quizá algunos recortes son necesarios. No lo negamos. Seguro hay que realizar ajustes al gasto público dado el nivel de despilfarro que ocurre en la administración pública en forma de gastos de comunicación social, gastos en servicios personales y otros. No obstante, en el mediano y largo plazo una reforma fiscal progresiva es la única alternativa viable para construir un país que sea capaz de dotar a su población de la infraestructura productiva y social necesaria para alcanzar mayores niveles de desarrollo.

No deberíamos desaprovechar esta gran oportunidad en la coyuntura económica actual para realizar transformaciones que nos permitan superar la trampa de crecimiento en la que se encuentra el país y para construir finanzas públicas sólidas, favorables a un nuevo modelo de desarrollo. El Pemex que México necesita es uno sólido, sustentable financieramente productivo e innovador que contribuya al desarrollo del país, sin ser una carga a sus finanzas públicas y que sirva como una plataforma para transitar a un nuevo paradigma energético.

Por ello, declaramos que todos aquellos que quieran seguir con el modelo petrolizado de las finanzas públicas, que quieran un Pemex inútil y descapitalizado, que eviten la transición a energías limpias, que se opongan a mejorar la recaudación de los impuestos progresivos, serán nuestros adversarios políticos.

 

@ddeliberada

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