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Dilemas democráticos
Por José Pablo Abreu y Juan Jesús Garza Onofre coordinadores
Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más ... Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más allá del reto administrativo que representa su organización y las preferencias ideológicas que existen, consideramos relevante hacer un análisis del estado de la democracia mexicana, inmersa en un complejo contexto social, económico y político, que se ve influida por una dinámica global no más sencilla. En pocas palabras, intentaremos problematizar y analizar nuestros dilemas democráticos más allá de la coyuntura. Coordinan el blog José Pablo Abreu Sacramento y Juan Jesús Garza Onofre. (Leer más)
Construcción de ciudadanía: una aspiración democrática
¿Es posible construir una ciudadanía que busque el bien común? ¿Cuál es el camino para llegar a esa ciudadanía a la que aspiramos en una democracia? ¿En dónde estamos parados en México?
Por Fernando Ojesto Martínez Manzur
18 de septiembre, 2021
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Comienzo este texto con una idea que parece obvia, pero que se ha perdido de vista: “La ciudadanía como centro de la democracia”. Esto significa que todo el sistema democrático, es decir el orden normativo, las autoridades electorales, los partidos políticos y demás elementos que lo integran deben de girar en torno a la ciudadanía. A partir de esta idea me surgen algunas preguntas que se analizarán en las siguientes líneas.

En primer lugar tenemos que responder ¿qué es la ciudadanía? Judith Shklar, profesora de la Universidad de Harvard, estableció que “no hay concepto más central en política que el de ciudadanía, sin embargo ninguno tan variable en la historia y debatido en la teoría”.i Aristóteles definió al ciudadano como aquella persona que siendo libre e igual a otras de su condición, podía participar en las decisiones de la ciudad. La ciudadanía implica un vínculo jurídico y predominantemente político que relaciona a un individuo con un Estado, permitiéndole participar en el proceso democrático.

Pero el ser ciudadano o ciudadana de un Estado va más allá de participar en los asuntos políticos, ello implica una serie de derechos y obligaciones que conllevan el tener el estatus ciudadano. Los derechos de la ciudadanía pasan por cuatro esferas distintas: la civil (libertades civiles); la política (derechos políticos); la social (derechos que proporcionan un mínimo de bienestar económico y seguridad) y la cultural (derechos de las minorías). Para poder contar con una ciudadanía integral es necesario que estos derechos se ejerzan en condiciones de igualdad, mientras que las obligaciones ciudadanas, más allá de las legales (como el pago de impuestos), las podemos ver como responsabilidades vinculadas con la búsqueda del bien común, el pleno respeto a los derechos humanos y la construcción de condiciones para una vida democrática.

Este concepto es interesante, pues pone a la ciudadanía como el motor de una sociedad democrática, tanto en el ejercicio de sus derechos como en el cumplimiento de sus responsabilidades ciudadanas en búsquedas del bien común.

Pero la siguiente pregunta a responder sería ¿las personas realmente están buscando el bien común?

Una primera respuesta tendría que ser que sí, ya que el bien común garantizaría una sociedad armónica en donde cada individuo pudiera ejercer de manera plena sus derechos. Sin embargo, me inclino más hacia un “depende”. Que la ciudadanía busque el bien común dependerá de diversos factores culturales, personales, económicos, políticos, entre otros, que hacen que las personas actúen de una u otra manera.

Es más, la cultura occidental de los derechos humanos tiene un fuerte grado de individualismo que podría confrontarse con este bien común. Y, por otro lado, los problemas de acción colectiva (como la tragedia de los comunes) plantean que las personas racionales tienden a ver por su interés y no por el colectivo, aunque esto les traiga consecuencias negativas personales a larga.

La siguiente pregunta que se plantea sería ¿es posible construir una ciudadanía que busque el bien común? Mi respuesta es un contundente SÍ. Sí es posible construir esa ciudadanía a la que aspiramos, que ejerza sus derechos de manera plena y que cumpla cabalmente con sus responsabilidades ciudadanas.

Pero ¿cuál es el camino para llegar a esa ciudadanía a la que aspiramos en una democracia? Es aquí cuando entra un concepto central y es el de la cultura cívica, entendida como el modo en el que deberían actuar las y los ciudadanos en una democracia y en un régimen político, esperando que el ciudadano democrático sea parte activa de la política y se sienta implicado en ella.

Podemos decir que la cultura cívica tiene dos grandes componentes: la participación política activa de las y los ciudadanos y la cultura de la legalidad, es decir el respeto a la ley. La cultura cívica no es un fin, sino es el medio para poder llegar a esa ciudadanía a la que aspiramos en una democracia y que implica la búsqueda del bien común.

Ahora bien, teniendo esto claro ¿en dónde estamos parados en México? Para responder hago referencia a un diagnóstico que en 2014 realizó el Instituto Nacional Electoral (INE) sobre estos temas, hablo del Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México. Dicho diagnóstico tuvo como propósito analizar la calidad de la ciudadanía en México.

La conclusión principal del informe fue que México se encuentra en un complejo proceso de construcción de ciudadanía que se caracteriza, en términos muy generales, por una desconfianza en el prójimo y en la autoridad, la desvinculación social en redes que vayan más allá de la familia, las y los vecinos y en general desencanto por los resultados que ha tenido la democracia.

Es decir, el panorama en 2014 no era alentador y podríamos decir que en 2021 las cosas no han cambiado mucho, así lo demuestran estudios como el Índice de Estado de Derecho en México 2020-2021 elaborado por el World Justice Project, dando una calificación media de 0.40/1 respecto a la calidad del Estado de Derecho en nuestro país, así como el Informe Latinobarómetro 2018, en donde se concluye que sólo el 38% de las y los mexicanos apoyan a la democracia. Lo anterior nos demuestra que en México aún no contamos con una ciudadanía de calidad, por lo que es necesario retomar el camino de la cultura cívica.

¿Quién se encarga de fomentar la cultura cívica? Las instituciones en el ámbito político-electoral, al ser responsables en buena medida de la consolidación democrática, tienen un rol en el desarrollo de acciones en el campo de la educación cívica. En México el INE lleva 30 años realizando esfuerzos institucionales para promover la cultura cívica en nuestro país.

Desde 1990 el entonces Instituto Federal Electoral tiene la encomienda de contribuir al desarrollo de la vida democrática y coadyuvar a la promoción y difusión de la cultura democrática. Esto lo ha realizado a través de distintas actividades que han buscado fortalecer los valores democráticos de la sociedad mexicana, desde campañas publicitarias para niñas y niños, hasta la elaboración de bibliografía enfocada a la educación cívica. En la actualidad se cuenta con la Estrategia Nacional de Cultura Cívica (ENCCÍVICA) 2017-2023 diseñada como una política pública de Estado pensada para el largo plazo.

¿Cuál es el rol de la ciudadanía en este camino? Si bien es cierto el INE y las instituciones públicas tienen facultades para promover la cultura cívica, también lo es que la ciudadanía misma debe de tener un papel preponderante en este camino. Vía las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) se ha logrado abonar a la construcción de ciudadanía, por mencionar un ejemplo la Organización Fuerza Ciudadana A.C. a través de su Observatorio de Programas de Educación Cívica y Fomento al Voto Joven en el Proceso Electoral Federal 2020-2021, ha dado seguimiento a los programas y actividades tendientes a la educación cívica dirigidas a la población juvenil, fomento al voto joven y construcción de ciudadanía.

Asimismo, desde el Centro de Análisis para la Investigación en Innovación A.C. (CAIINNO) se han trabajado diversos proyectos que buscan promover la educación cívica, tales como la plataforma “Informo y voto”, así como el “Banco de datos respecto al Estado General de la Educación en México”. En esencia, la ciudadanía organizada debe de tener un rol fundamental en el fomento de la cultura democrática en México.

Se han obtenido resultados favorables pues se ha logrado enriquecer la formación cívica, teniendo impacto en la sociedad mexicana; sin embargo, no podemos decir que nuestra cultura cívica es sólida y que se encuentra en los niveles a los que aspiramos, pues sigue existiendo una desconfianza en las instituciones y entre las personas, así como un desencanto con la democracia.

Por ello, quisiera plantear una última pregunta en este espacio ¿hacia dónde debemos de caminar para fortalecer la cultura cívica en México? Para responder esta pregunta es necesario establecer que el contar con una democracia formal consolidada (procesos electorales confiables) no garantiza que tengamos una ciudadanía de calidad. Por lo anterior y considerando el contexto actual de la democracia mexicana en donde se ha planteado una reforma electoral integral a nuestro sistema, una petición para las y los legisladores sería que, más allá de los cambios estructurales propuestos, sería mejor que las iniciativas y la discusión se centrarán hacia cómo construir ciudadanía de calidad a través de la educación cívica y el fomento a la cultura de la legalidad y, para ello, es necesario escuchar y trabajar en conjunto con las organizaciones de la sociedad civil.

Contamos con un sistema electoral saludable, en donde las instituciones, aún perfectibles, han dotado de confianza y certeza a los resultados electorales; sin embargo, es momento de caminar hacia una democracia sustantiva y aspirar a una ciudadanía de calidad, en donde todas y todas podamos ejercer de manera plena nuestros derechos y cumplir con nuestras obligaciones, poniendo a la ciudadanía como centro de la democracia.

* Fernando Ojesto Martínez Manzur (@FOjesto) es catedrático de la Facultad de Derecho de la UNAM y miembro del Centro de Análisis para la Investigación en Innovación (CAIINNO).

 

 

i Shklar Judith. Lecture: American Citizenship: The Quest for Inclusion impartida en la Universidad de Utah en mayo de 1989. Consultable aquí.

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