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Dilemas democráticos
Por José Pablo Abreu y Juan Jesús Garza Onofre coordinadores
Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más ... Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más allá del reto administrativo que representa su organización y las preferencias ideológicas que existen, consideramos relevante hacer un análisis del estado de la democracia mexicana, inmersa en un complejo contexto social, económico y político, que se ve influida por una dinámica global no más sencilla. En pocas palabras, intentaremos problematizar y analizar nuestros dilemas democráticos más allá de la coyuntura. Coordinan el blog José Pablo Abreu Sacramento y Juan Jesús Garza Onofre. (Leer más)
Dilemas democráticos: más allá de la coyuntura
Los invitamos a leer este espacio que hoy se inaugura para acompañar el debate que generarán las elecciones venideras y sus resultados, revisando algunos aspectos de nuestro sistema jurídico-político que impactan en esta realidad y que, en definitiva, marcarán eventualmente el rumbo de nuestra democracia.
Por José Pablo Abreu Sacramento y Juan Jesús Garza Onofre
20 de febrero, 2021
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En una época en la que es difícil alcanzar consensos, en la que desconfiar se torna más sencillo que confiar, creemos que pocas personas negarían que México vive tiempos complejos, momentos de crisis franqueados por una trágica e inesperada pandemia, una incesante desigualdad social, una economía duramente afectada y una fuerte polarización ideológica.

Y en ese contexto tan adverso, nos encontramos inmersos en el proceso electoral más grande de nuestra historia contemporánea —durante el próximo mes de junio elegiremos qué personas ocuparán más de 21 mil cargos públicos—, el cual, seguramente, redefinirá el destino de muchas de las políticas públicas impulsadas por la actual administración federal.

Esta coyuntura nos preocupa, pero de ella se están ocupando otras columnas de análisis. Por eso, más allá de las candidaturas que se perfilan, las preferencias que las encuestas reflejan, las campañas que arrancarán en unas semanas, o el bombardeo de spots con sus respectivas propuestas, quisiéramos invitarles a leer este espacio que hoy se inaugura —y que se mantendrá activo de manera catorcenal hasta el mes de octubre—, para acompañar el debate que generarán las elecciones venideras y sus resultados, revisando algunos aspectos de nuestro sistema jurídico-político que impactan en esta realidad y que, en definitiva, marcarán eventualmente el rumbo de nuestra democracia.

Y es que llevamos ya varias décadas hablando de una crisis de representación de los partidos y de una absoluta desorientación respecto a sus ideales e identidades, como si el cortoplacismo y el pragmatismo primara sobre el futuro y la congruencia, tal parece que cualquier proyecto político aspira a ganar a costa de lo que sea y a negociar una salida medianamente digna que ignore las responsabilidades de sus actuaciones en el pasado. Por eso, bien vale la pena preguntarnos: ¿qué hemos hecho como país para superarla? ¿Qué acciones se han podido concretar de forma colectiva para idear mejores escenarios? O bien, ¿en dónde radican las soluciones para que quienes nos representan rindan cuentas de manera efectiva más allá de la coyuntura electoral?

Hagamos un breve repaso por distintos temas que surgen y resurgen cada cierto tiempo tratando solventar múltiples falencias de la democracia en México pero que, al final, tristemente, antes que servir como remedios atemporales de cierta utilidad, se vuelven a enturbiar para convertirse en problemas mucho mayores.

Un claro ejemplo de esto son las afamadas candidaturas independientes, que en un inicio fueron pensadas como un camino representativo alterno y cuya efervescencia alcanzó su cúspide hace seis años —cuando incluso un candidato conquistó la gubernatura de Nuevo León a través de esta vía—, pero que, al día de hoy, enfrentan múltiples problemas respecto a su posición en el juego democrático frente a los partidos, esto sin mencionar las barreras estructurales que les impide competir en condiciones de equidad y contar con posibilidades reales de un proyecto que trascienda un mandato específico.

En ese orden de ideas, las cúpulas partidistas buscan constantemente la forma de sortear la paridad de género —obligatoria por mandato constitucional y por un reclamo social e imperativo ético—, por lo que las mujeres deben litigar elección tras elección su derecho a aparecer en las boletas y ocupar más espacios para la toma de decisiones públicas —así ocurrió en meses pasados para asegurar candidatas para las gubernaturas y ni qué decir ahora sobre el caso de un candidato a gobernador con varias denuncias de violación en su contra—.

Lo mismo ocurre con los pueblos y comunidades indígenas, que se encuentran subrepresentados y continúan sin la posibilidad de ejercer su derecho a la consulta previa frente a políticas públicas que afectan tanto su dinámica comunitaria, como su visión del mundo.

Por otro lado, el peculiar estilo de nuestro Presidente lo coloca como una de las fuertes figuras globales del populismo. En ese sentido, más allá de las filias y fobias que genera, deberíamos considerar las experiencias —de izquierda y derecha— que otros países han acumulado y anotar las lecciones aprendidas. Por señalar un par de los cuestionamientos frecuentes, valdría la pena preguntarse si los mecanismos de democracia participativa son una vía para “democratizar” el modelo representativo o si éstos pueden representar una amenaza a los derechos de las personas, bajo gobiernos de este corte; o qué habría que decir respecto a los discursos y las narrativas enarboladas desde las mayores tribunas del país para comunicar o moldear las consciencias colectivas.

No nos cabe la menor duda de que la democracia implica diversidad y pluralismo, pero ellas han dificultado el debate público, así como afectado la tolerancia hacia la otredad. Entonces, ¿cómo podemos aproximarnos a un mejor modelo de deliberación y diálogo electoral? ¿Qué grado de responsabilidad tienen los medios de comunicación en la actual polarización? ¿Cómo aprovechar las redes sociales para expandir la libertad de expresión sin destrozar a quien disiente? ¿Qué estrategias se pueden disponer para tener una mejor cultura cívica?

La desconfianza que existe en la arena política nos ha llevado a construir un sistema electoral que si bien garantiza resultados confiables y es referencia internacional, ha generado una estructura robusta y costosa, que no deja de ser cuestionada por algunas de sus decisiones administrativas y judiciales. Además, el presupuesto que anualmente se destina a los partidos políticos sigue siendo duramente criticado desde la ciudadanía; mientras que el proceso para fiscalizarlos, aún cuando se ha tecnificado, no impide el flujo paralelo de recursos en efectivo.

En ese sentido, bien vale hacer énfasis en el rol que están ejerciendo los árbitros electorales en la contienda, tanto el Instituto Nacional Electoral (INE) como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) son actores cruciales que ya no se limitan solo a colocar urnas y validar sus resultados… La complejidad y ampliación de sus funciones, así como distintas particularidades en sus diseños y la disposición —y, tristemente, muchas veces, subordinación— de algunos de sus principales funcionarios hacia el poder público, ha llevado a que muchas personas comprendan a estas instituciones como trabas de la propia democracia que se encargan de vigilar.

La promesa de una mejor sociedad organizada por medio de reglas emanadas de manera democrática sigue latente, pero parece que las divergencias sobre el cómo llegaremos a estructurar dichas reglas nos complican realizarla a plenitud. En este camino, consideramos necesario un mejor entendimiento de los procesos políticos en México y de las problemáticas por las que atravesamos.

Este espacio busca, precisamente, eso, fortalecer el civismo y la ética, construir una ciudadanía responsable y, por lo tanto, activa y comprometida. Consideramos que nuestra democracia no se fortalecerá sin participación de todas las personas que formamos parte de una misma comunidad, que la calidad democrática se reduce a falta de una opinión pública informada y que el esquema representativo se pervierte ante la ausencia de control y exigencia sociales.

No pretendemos agotar el debate, sino nutrirlo. Disipar el ruido de las promesas mediáticas de campaña e identificar las ideas que podrían reorientar nuestros dilemas democráticos.

El filósofo Daniel Innerarity recuerda que los problemas políticos deben encontrar soluciones en la colectividad, por lo que te invitamos a dialogar sobre ellas. Hoy más que nunca, la democracia implica diversidad de opiniones, ideologías y visiones. Aquí presentaremos algunas de ellas, en espera de tu réplica o comentario.

* José Pablo Abreu Sacramento (@jpeabreu) y Juan Jesús Garza Onofre (@garza_onofre) son, respectivamente, Director Regional del Departamento de Derecho del Tecnológico de Monterrey, en la Ciudad de México, e investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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