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Dilemas democráticos
Por José Pablo Abreu y Juan Jesús Garza Onofre coordinadores
Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más ... Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más allá del reto administrativo que representa su organización y las preferencias ideológicas que existen, consideramos relevante hacer un análisis del estado de la democracia mexicana, inmersa en un complejo contexto social, económico y político, que se ve influida por una dinámica global no más sencilla. En pocas palabras, intentaremos problematizar y analizar nuestros dilemas democráticos más allá de la coyuntura. Coordinan el blog José Pablo Abreu Sacramento y Juan Jesús Garza Onofre. (Leer más)
El periodismo electoral y la responsabilidad democrática. Rumbo al 2024
Nuestro deber es informar y transparentar, que la sociedad se adentre a estas decisiones que siempre creyeron que no les competían. Las y los periodistas no somos jueces, no somos verdugos ni tenemos la verdad absoluta, nos corresponde informar los hechos verificados y sin exageraciones.
Por Jannet López Ponce
1 de mayo, 2021
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Decía Kapuscinski que “el deber de un periodista es informar. Pero informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro. Las guerras siempre empiezan mucho antes de que se oiga el primer disparo, comienza con un cambio del vocabulario en los medios”.

Ese ideal del deber de los y las periodistas no podría ser más preciso para la compleja cobertura que ha implicado el proceso electoral en curso al que aún le faltan los meses más críticos y reñidos.

El proceso electoral, que hemos escuchado infinidad de veces que es el más grande de la historia y el más complejo porque además está en medio de una pandemia sanitaria, también ha demostrado ya que es el más judicializado, el más peleado, el de mayores resistencias y el más sucio. Y es que para el tradicional nivel de política mexicana, no podría ser para menos. Nos encontramos en la antesala del cambio presidencial.

Al fondo del 6 de junio se alcanza a distinguir el brillo de la anhelada silla presidencial que mientras unos esperan mantener, otros anhelan arrebatar.

Va quedando clara la maquinaria que se prepara para el 2024 y lo que será apenas el comienzo de lo que se viene en los próximos tres años donde Palacio Nacional es territorio de disputa. Y es por eso que ahora más que nunca la cobertura electoral se ha vuelto indispensable y se impuso en la agenda de los medios de comunicación y de la ciudadanía misma.

La fuente electoral resulta parecer aburrida, compleja y sin mucho de dónde cortar. Yo misma lo pensaba cuando hace ocho meses me asignaron la cobertura.

¿Pero en qué me voy a entretener ahí? ¿Qué es JDC? ¿Eso es malo? ¿Pero por qué yo? ¿Quién tiene el teléfono de ese magistrado? Claro, venía de una dinámica presidencial donde todos los días hay muchas notas, trabajo por montón y grilla de sobra.

Lo cierto es que todo funciona mejor si tomamos el periodismo desde los zapatos de los ciudadanos. Si comprendemos que esas notas que se solían copiar y pegar con términos técnicos que no comprendía ni la persona que los escribía, era el primer error a vencer. Que la clave está en dejar de lado el lenguaje que sólo entienden las y los expertos y que en automático aleja a las y los ciudadanos por su complejidad.

Hoy estoy convencida que en realidad los propios medios de comunicación le hemos dado “el poder” a esa fuente de ser opaca, omisa, de puertas cerradas y hasta cierto punto un misterio incomprensible que por mucho tiempo fue mejor ni entender. Que su rigidez nos impide acercarnos y lo aceptamos sin más. Que sabemos que las y los magistrados son celosos de su función y se los permitimos. Que por años creyeron que ejercían desde una especie de púlpito intocable en el que sentenciaban con la última palabra, sin que nadie replicara ni una coma ni cuestionara las incongruencias de sus decisiones.

Hoy como nunca antes, están sometidos al escrutinio público y a la rendición de cuentas, nos hemos plantado de frente a cuestionar sus intereses, sus decisiones y sus omisiones.

Y no, no es sencillo. Hay infinidad de trabas.

Hay consejeras y consejeros que sólo hablan con los periodistas más reconocidos o aquellos con los que consideran tener más cercanía, que responden con un “no gracias”, aunque pregonen que su deber es la transparencia. Y ni hablar de las y los magistrados que para llegar a ellos hay que pasar hasta por cinco personas y a veces sólo llegas al número tres.

Los medios de comunicación además, estamos sujetos a nuevas normas que siempre debieron ser, pero que ante falta de cumplimiento hoy son leyes y no peticiones a oídos sordos. Pero que en los hechos no es tan sencillo de cumplir.

Por ejemplo, las nuevas reformas electorales obligan a los medios de comunicación a dar una cobertura pareja sin favorecer más a unos que a otros en cuanto a espacios. Lo que en honor a la sinceridad, es misión imposible. La coyuntura siempre va por delante y hay partidos que simplemente no pintan. No recuerdo una sola nota relevante que haya dado, por ejemplo, el Partido Verde Ecologista de México que rara vez aparece en las comisiones del INE.

Hay quienes dicen que los medios están obsesionados con Morena y se enfocan sólo en las críticas hacia ese partido. Pero quizá es que son los que cometen más errores o los que simplemente saben dar de qué hablar.

Otro ejemplo: seguramente si a usted le preguntan por Redes Sociales Progresistas y sus campañas se le ocurrirá Alfredo Adame. Y no por sus propuestas sino porque todas sus apariciones en los medios son lamentables y vergonzosas. ¿Y eso es culpa de la prensa?

Pero probablemente no sepa quién dirige Fuerza Por México o quizá un ciudadano de a pie ni siquiera se haya enterado que el PES ahora es PES, igualito pero pasaron de ser “sociales” a “solidarios”. Que no es lo mismo pero es igual.

Los conflictos de Morena y la inexplicable coalición “Va por México” en cambio, han arrebatado los pocos espacios que los medios impresos asignan a la fuente electoral. Entre escándalos y disputas, la extraña coalición y el partido en el poder acaparan la agenda informativa y el interés social.

Una clara muestra son las sesiones en que se definieron las pérdidas de registro de las candidaturas de Guerrero y Michoacán. La primera sesión del INE del 26 de febrero que se dio luego de que les revelara en MILENIO que Morena tenía cinco candidaturas en riesgo de perder su registro, fue vista por más de 25 mil personas cuando una sesión de Consejo General en promedio la ven tres mil.

Cuando el asunto llegó a la Sala Superior se conectaron 23 mil personas cuando generalmente sus números no llegan ni a mil vistas. El 13 de abril, cuando el INE debía tomar una nueva determinación, se volvió una locura: 93 mil personas vieron la sesión en YouTube y en Twitter registraron más de 71 mil espectadores.

La última reunión del TEPJF donde se cancelaron las candidaturas de Félix Salgado Macedonio y Raúl Morón de manera definitiva registró 33 mil visualizaciones.

La ciudadanía está atenta de la elección. Hoy sabe que sí le debe importar porque le puede afectar. Porque un presunto violador puede llegar a gobernar, porque es importante que detecten quiénes son los que viven de brincar de partido en partido en una obsesión permanente por vivir del erario sin una ideología o convicción clara; porque es importante que luego del 6 de junio no pierdan de vista a quienes desde antes de llegar a las urnas ya ejercían prácticas opacas.

Eso ha venido a cambiar la dinámica de los propios consejeros, consejeras, magistrados y magistradas que hoy se saben vistos y analizados, cuestionados y replicados.

Aunque vivo convencida de que de este lado también hay excesos.

Nuestro deber es informar y transparentar, que la sociedad se adentre a estas decisiones que siempre creyeron que no les competían. Las y los periodistas no somos jueces, no somos verdugos ni tenemos la verdad absoluta, nos corresponde informar los hechos verificados y sin exageraciones, sin que el amarillismo reine porque eso da clicks. No coincido con la bajeza de poner apodos en una cabeza porque así resulta más atractivo.

Nuestro papel debe centrarse en señalar e informar, con responsabilidad periodística y democrática, porque somos parte de este país, porque lo que pase no sólo nos da nota, también nos impacta porque no dejamos de ser parte de la ciudadanía.

La cobertura electoral no se termina el 6 de junio. Ésta será la contienda más peleada y debatida en tribunales, la que tendrá mucho por contar antes, durante y después. Y ahí estaremos, para contárselas. Con la convicción de contribuir a una sociedad más informada, más interesada y más exigente.

* Jannet López Ponce (@Jannet_LP) es periodista.

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