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Dilemas democráticos
Por José Pablo Abreu y Juan Jesús Garza Onofre coordinadores
Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más ... Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más allá del reto administrativo que representa su organización y las preferencias ideológicas que existen, consideramos relevante hacer un análisis del estado de la democracia mexicana, inmersa en un complejo contexto social, económico y político, que se ve influida por una dinámica global no más sencilla. En pocas palabras, intentaremos problematizar y analizar nuestros dilemas democráticos más allá de la coyuntura. Coordinan el blog José Pablo Abreu Sacramento y Juan Jesús Garza Onofre. (Leer más)
Encuestas, elecciones y democracia en México
Uno de los mayores riesgos que hay para las encuestas es el impulso que tiene la clase política de usar un instrumento de medición estadística para sustituir a las elecciones, donde tratan de tomar los resultados de los estudios demoscópicos para dirimir discusiones electorales. Si bien las encuestas nos ayudan a dar certeza a los resultados electorales, nada sustituye a la elección en sí.
Por Francisco J. Parra
15 de mayo, 2021
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En democracia, hablar de elecciones es hablar de encuestas. Lo hacen los partidos, los medios, las y los candidatos, consultores y electores. Usan las encuestas como termómetro, brújula y hasta como elemento de propaganda. Las encuestas abonan a la democracia en la medida que nos permite conocer, con una estimación estadística, lo que piensa una población específica.

Las encuestas ayudan en el proceso democrático al dar un grado de certidumbre sobre los resultados electorales. En una autocracia el resultado electoral (si hay elecciones) es conocido, no hay necesidad de conocer preferencias electorales. Sin embargo, en democracia hay una incertidumbre electoral ex ante, ahí es donde las encuestas electorales juegan un rol importante para vislumbrar un posible escenario (sujeto a electorados cambiantes y modelos estadísticos).

La posibilidad de tener encuestas en democracia nos permite conocer más sobre el proceso electoral: los cambios de opinión del electorado y sus preferencias políticas. Por ejemplo, si múltiples encuestas dan como amplio ganador a X opción, lo esperado sería que ganara esa opción. Un resultado distinto podría levantar sospechas sobre el proceso. Esta evaluación del proceso sólo es posible gracias a las encuestas, sin ellas el resultado del día de la elección sería definitivo.

Para esta entrada en Dilemas Democráticos abordaré 4 puntos respecto al rol de las encuestas en nuestra democracia.

Temporada de encuestas

“Vamos arriba en las encuestas” es la frase más escuchada durante las elecciones por los políticos. Normalmente es mentira, y no necesariamente porque los políticos mientan (aunque ese es otro tema). ¿Por qué dicen esto? ¿Se engañan o nos quieren engañar? Un poco de todo.

Las encuestas juegan un papel importantísimo para las campañas políticas. Gracias a ellas se puede conocer qué piensan las y los electores para definir la elección de candidatas y candidatos, opinión sobre temas específicos o preferencias de mensajes de comunicación política.

Quienes participan en el juego electoral suelen decir que van “arriba en las encuestas” porque nadie quiere decir que va a perder, al contrario, quieren generar un bandwagon effect, sentir que van en el carro ganador. Otra aproximación es un efecto de psicología social explorado en “Are public opinion polls self-fulfilling prophecies?” (Rothchild y Mahora, 2014).

Los políticos suelen gritar a los cuatro vientos cuando una encuesta le da un resultado favorable y desconocerla cuando es negativa, un fenómeno conocido como cherry-picking polls donde, obviamente, Trump ha tenido uno de las mejores entregas como muestra  The Art Of Cherry-Picking Polls.

El ejemplo anterior también nos habla de la importancia de que las encuestas sean un ámbito muy competitivo. Si sólo existiera una encuesta los riesgos son enormes. En la elección presidencial de 2018 vimos en la industria demoscópica la aparición de las encuestas de Pop Group donde sus resultados le daban al candidato priista Meade un desempeño superior al que el resto de la industria le daba. En una búsqueda en Google vemos también cómo las encuestas son usadas por diversos medios para posicionar un mensaje. Por más que Pop Group decía que Meade estaba en segundo lugar, las y los electores lo votaron en tercer lugar, como apuntaban la gran mayoría de las encuestas.

Aquí es importantísimo destacar la utilidad de las encuestas públicas y los medios de comunicación. Durante las elecciones las campañas políticas buscan promocionar los resultados (positivos) de sus encuestas privadas. Las y los electores merecemos saber quién paga la encuesta y quién la hace, para tomar los resultados conociendo mejor la fuente.

En México el trabajo de Reforma, El Financiero o El Universal han sido un pilar para la demoscopia, financiando encuestas públicas que recogen las opiniones e intención de voto de las y los electores. En un país de 127 millones de habitantes sólo un puñado de medios han invertido en estudios demoscópicos y reputación.

Precisión de las encuestas

Las encuestas no predicen resultados electorales, pero sí buscan hacerlo. Es común escuchar sobre la utilidad de las encuestas para predecir resultados; hay quienes dicen que son fotografías de un momento, pero la elección cambia, y quienes reconocen que se trata de acertar a un blanco móvil (Moreno, 2018). Lo anterior suele pasar más en elecciones con niveles de volatilidad alta y competencia intensa.

Como escribe Moreno en El cambio electoral: “la volatilidad de las preferencias puede ser un riesgo para la precisión de las encuestas, pero la experiencia de la elección mexiquense de 2017 demuestra que los sondeos pueden hacer un gran trabajo de estimación aun ante tal nivel de volatilidad. Por supuesto el caso de Nuevo León (2015) ilustra que los sondeos también pueden quedar perfectamente en ridículo”.

Los resultados de las encuestas tienen la suerte del portero en el fútbol: cuando hay yerros son culpables, pero cuando aciertan nadie dice nada. Los resultados de las encuestas pueden ser medidos, comparados y calificados contra el resultado de la elección. En 2018 este fue la evaluación de las encuestas:

 

Le dejo al lector evaluar los resultados anteriores, para que la próxima vez que vea un dato de encuesta recuerde el récord público de las casas encuestadoras. Para analizar los resultados de las encuestas se debe considerar su metodología, temporalidad, patrocinio y sobre todo ‘se toman de quien vienen’. George Gallup creía que las encuestas -como el béisbol- debían ser evaluadas por varias temporadas, no por un solo juego (The Pulse of Democracy, 1940).

Libertad de publicación

Hemos hablado de la importancia de tener una industria demoscópica competida, que nos permita comparar y sobretodo crear reputación y credibilidad en los resultados. Esto no quiere decir que sólo las empresas tradicionales puedan competir; los nuevos jugadores con sus resultados e innovaciones irán ganando esa reputación, se darán a conocer en medios tradicionales o en internet.

La elaboración y publicación de sus resultados debe estar acompañada de un código de ética que fortalezca a la industria para que los datos que se publiquen puedan gozar de la confianza de las y los ciudadanos.

Sin embargo, además de la responsabilidad electoral también es importante destacar que las encuestas tienen un reto de libertad de publicación. En México tenemos un bloqueo en la publicación de encuestas durante la veda electoral, el llamado ‘periodo de reflexión’ donde la ley electoral decidió que debemos estar sin ningún estímulo de información tres días antes de la elección. La ley trata a los electores como menores de edad que pueden ser manipulados.

Cabe aclarar que este fenómeno no es exclusivo de México y que incluso en forma comparada no estamos mal: si bien hay países donde no hay ningún bloqueo, el promedio de apagón es de 4.5 días. La libertad para publicar es tema importante en la demoscopia global; WAPOR realiza un estudio para monitorear el estado global de la libertad para publicar, el reporte de 2017 pueden consultarse aquí.

Encuesta no es elección

Uno de los mayores riesgos que hay para las encuestas es el impulso que tiene la clase política de usar un instrumento de medición estadística para sustituir a las elecciones, donde tratan de tomar los resultados de los estudios demoscópicos para dirimir discusiones electorales. Si bien las encuestas nos ayudan a dar certeza a los resultados electorales, nada sustituye a la elección en sí.

En una encuesta participa una muestra que trata de aproximarse lo más posible a un universo específico; las mejores casas encuestadoras lo estiman con modelos de votante probable. En una elección participa ese universo al que la encuesta trata de aproximarse. Las encuestas nos ayudan a conocer lo que piensan las y los electores, pero literalmente en la encuesta no participan todas y todos, eso sólo sucede en la elección.

Hace unos meses el presidente López Obrador sugirió que la polémica de Salgado Macedonio y Morón se definiera con una encuesta. La sugerencia presidencial era un arma de doble filo:

1) Un talante democrático de abrir una discusión a la población general, aunque aquí viene una complicación: los problemas jurídicos se resuelven en los juzgados.

2) Que sólo una parte del electorado (quienes participan en la encuesta) elijan el resultado final. Esa exclusión no es muy democrática.

Las encuestas nos pueden ayudar a conocer qué prefiere un grupo de ciudadanos sobre una política pública y tomar decisiones a partir de los resultados. Pero cuando se trata de elecciones no puedes usar un mecanismo donde se excluyen, por la naturaleza de las encuestas, a ciertos participantes.

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Hace tiempo Fernanda Caso escribió que “Lo que hoy está sucediendo en Morena es lo que deberíamos exigir de todos los partidos: elecciones por encuesta”. Creo que Caso se equivocó; hoy sabemos que la elección por encuesta de Morena salió mal para todos: mal para Morena, mal para el INE y mal para Las Encuestas.

Las elecciones no sustituyen a las encuestas. La encuesta que realizó el INE para renovar la dirigencia de Morena fue criticada por morenistas que sintieron la exclusión del proceso, le cargó negativos a la autoridad electoral y Las Encuestas quedaron en la discusión como el arma del delito.

Lo anterior no quiere decir que los partidos no realicen encuestas para renovar su dirigencia, pero deben ser los mismos militantes quienes acuerden este método. Pero si realizan encuestas deben tener un mayor grado de escrutinio; si usan un método de investigación deben apegarse a buenas prácticas. Morena decidió reservar los datos de las encuestas que realizó para elegir candidatos; en lugar de generar certezas creó dudas.

Las encuestas son un instrumento valioso para la democracia. Conocer mejor al electorado mexicano nos permite conocer mejor a nuestro país. El uso de las encuestas, los cambios en metodología, los agregadores de resultados, la publicación de encuestas y las nuevas tecnologías de recolección de información son algunos de los retos que tiene la Opinión Pública.  Por eso es importante pensar, discutir, publicar y trabajar más en la demoscopia de nuestro país.

La historia e importancia de las encuestas y opinión pública en México es relativamente reciente (comparada con Estados Unidos). Si bien hay registros de encuestas públicas en México en los años 40, es hasta la década de los 80 que hay un resurgimiento de las encuestas a la par del aumento de la competencia político electoral. Quienes quieran conocer más sobre las encuestas, los votantes y en México no duden en leer “El cambio electoral. Votantes, encuestas y democracia en México” (Moreno, 2018). Queden estas ideas para seguir trabajando en la demoscopia electoral mexicana.

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