¿Qué sigue para las candidaturas independientes en México?
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Dilemas democráticos
Por José Pablo Abreu y Juan Jesús Garza Onofre coordinadores
Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más ... Estamos frente al proceso electoral más grande en la historia contemporánea de México y, más allá del reto administrativo que representa su organización y las preferencias ideológicas que existen, consideramos relevante hacer un análisis del estado de la democracia mexicana, inmersa en un complejo contexto social, económico y político, que se ve influida por una dinámica global no más sencilla. En pocas palabras, intentaremos problematizar y analizar nuestros dilemas democráticos más allá de la coyuntura. Coordinan el blog José Pablo Abreu Sacramento y Juan Jesús Garza Onofre. (Leer más)
¿Qué sigue para las candidaturas independientes en México?
Todavía queda un largo trecho que recorrer para lograr que las candidaturas independientes sean una opción verdaderamente atractiva para que la ciudadanía pueda participar en las elecciones y que no implique condiciones de desventaja desproporcional.
Por Pedro Kumamoto y Cristóbal Álvarez
10 de julio, 2021
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En los últimos meses se ha oído mucho que las candidaturas independientes podrían estar “perdiendo fuerza” o que la figura podría quedar en desuso. Sin embargo, consideramos que existen elementos para pensar lo opuesto. En las siguientes líneas presentamos un breve análisis de lo sucedido en las últimas elecciones. Posteriormente argumentamos por qué dichas figuras, a pesar de enfrentarse a retos importantes, seguirán siendo utilizadas, y lanzamos algunas ideas sobre qué puede seguir para estas candidaturas en nuestro país.

Los resultados del proceso electoral 2021 muestran una realidad compleja para las candidaturas independientes en México. La figura que en otro momento se consideró una herramienta indispensable para superar la crisis de representatividad de nuestro país, ahora expone sus debilidades y los enormes retos que tiene para ganar elecciones en un sistema dominado por los partidos políticos. A pesar de haber 20,000 cargos en disputa el último proceso electoral, solo fueron 647 las aspiraciones por una candidatura independiente. De las cuales triunfaron sólo 24 el día de la elección.

Una de las impresiones que podría concluirse a bote pronto es que ya “ha pasado el momento de las candidaturas independientes”, que pasaron de moda o que su “boom” fue hace ya un par de ciclos electorales; lo cierto es que estos resultados fueron similares a las otras dos contiendas en las que se permitieron estas candidaturas. En 2018 únicamente 18 candidaturas independientes ganaron las elecciones en las que participaron, también todas para ayuntamientos; y en 2015, el primer proceso electoral en el que existió esta figura, fueron apenas seis las que triunfaron. En aquella ya lejana primera ocasión, se eligieron por única vez hasta ahora, candidaturas independientes para cargos distintos a los munícipes: una diputación local en Jalisco, una diputación federal de Sinaloa y la gubernatura de Nuevo León.

Ciertamente, hoy las candidaturas independientes se enfrentan a un contexto político muy distinto al del 2015. La narrativa de hartazgo con los partidos políticos —que dio pie a la aparición de las candidaturas independientes— quedó superada y en su lugar se implantaron unas distintas. En 2021 se vivió un escenario de polarización y de elección plebiscitaria. La mayor parte de los proyectos políticos se enmarcaron en una lógica de apoyo u oposición al gobierno federal. Pocas expresiones surgieron fuera de dicha confrontación, y eso llevó a que fueran pocas las candidaturas que no se alinearon con el bloque pro-AMLO o en la oposición. Resulta interesante que los triunfos de las candidaturas independientes hayan sido justo en las elecciones municipales, más lejanas a la narrativa de la polarización que las elecciones legislativas.

Otro elemento que explica los resultados de las candidaturas independientes es que, en esta elección, existió una amplia oferta de partidos que significan más opciones para participar políticamente por esa vía. En este proceso contendieron diez partidos políticos nacionales, seis de ellos aglutinados en dos coaliciones, más cuatro partidos en lo individual, a lo que se suman los partidos políticos locales, presentes en la mayor parte de los estados de la república. Se podría argumentar que este es prácticamente el mismo número de partidos que la elección del 2018 (nueve contra diez); sin embargo, al identificar las coaliciones existentes en ese proceso, se puede encontrar que en ese proceso solo existieron tres opciones reales en la boleta (Juntos Haremos Historia, Por México al Frente y Todos por México).

Este aumento en la cantidad de alternativas para participar puede explicar  que haya existido menos candidaturas independientes (en 2018 hubo cuatro veces más manifestaciones de intención que las que hubo en 2021 para candidaturas a diputación federal), bajo el supuesto de que los nuevos partidos abren nuevos espacios de participación para que las personas que quieren participar puedan hacerlo. El costo de participar políticamente es muy alto y los partidos pueden costearlo más fácilmente que las candidaturas independientes.

No se trata únicamente del costo financiero, sino también de los equipos encargados de la fiscalización, las estructuras políticas en el territorio, los esfuerzos de comunicación y un largo etcétera que vuelve más sencilla la participación electoral por la vía partidista. Un ejemplo de ello es Héctor Hernández, aspirante a diputado federal por el distrito 7 de Hidalgo,  quien terminó por renunciar a su candidatura a pesar de haber logrado los requisitos legales para contender, exponiendo que era imposible competir contra los recursos que los partidos políticos poderosos gastan en un proceso electoral.

En otras democracias podemos encontrar que esta vía de representación juega un rol importante que hoy no tienen en México. Sobresale el caso de Chile, que pasó de elegir a 9 independientes en 2017, a 48 para la Convención Constitucional en 2021. Incluso, en modelos políticos en los que el acceso a cargos de representación legislativa es muy complejo, como en Estados Unidos, las candidaturas independientes son un mecanismo útil para disputar el poder en las autoridades municipales.

Las candidaturas independientes son de gran importancia porque son un vehículo para que participen personas o colectivos que buscan transmitir o visibilizar causas que no se identifican con el programa o los acuerdos de la oferta política partidista, o que no encuentran espacio en los partidos porque sus dirigencias les han cerrado el paso. Permiten que participen personas que de otra forma no lo harían. La pregunta que debemos hacernos ahora es cómo emparejar la cancha y facilitarles enfrentarse a los aparatos partidistas poderosos.

Todavía queda un largo trecho que recorrer para lograr que las candidaturas independientes sean una opción verdaderamente atractiva para que la ciudadanía pueda participar en las elecciones y que no implique condiciones de desventaja desproporcional. Necesitamos seguir empujando por la democratización de los partidos como figura por excelencia para la participación política, así como fortalecer los partidos políticos locales, que pueden representar luchas regionales o locales muy importantes.

Permitirles integrar listas de representación proporcional, otorgarles mayores y más provechosos recursos para hacer campaña y reducir las exigencias legales para su participación, son algunas de las ideas que han rondado la discusión respecto a las candidaturas independientes. Asimismo, será fundamental encontrar formas de darles a estas  facilidades para articularse en colectivo o abrirles la posibilidad de vincularse con partidos. Sin duda, es tarea de la academia, de la clase política y de la ciudadanía retomar este debate para hacer los ajustes necesarios y que las candidaturas independientes puedan convertirse en lo que siempre debieron ser: una herramienta para que las personas tomen la política en sus manos.

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