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2024: Por una mayoría feminista
¿Cómo haremos para llegar a 2024 con una agenda feminista que sea electoralmente competitiva y narrativamente poderosa? ¿Qué hacemos desde hoy para que 2024 sea sobre las respuestas que el feminismo brinda frente a la violencia, la desigualdad e incluso, la defensa del territorio y la crisis climática?
Por Susana Ochoa
12 de agosto, 2021
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Es difícil no repetir sobre lo que muchas mujeres feministas han plasmado en esta columna de Aúna, y otros medios de comunicación, sobre el proceso electoral. Muchos de sus piensos me representan. Por lo que en este espacio solo quiero redactar algunas ideas luego de vivir mi segundo proceso electoral como candidata y el primero a través de un partido político.

Recuerdo las movilizaciones feministas de 2020. Creo que nunca antes me había sentido tan esperanzada sobre lo que las mujeres salieron a las calles a demostrar y demandar. Supe de su potencia porque ya no solo éramos las mismas marchando y gritando y coreando las consignas entre nosotras. La convocatoria a movilizarse cruzó edades y contextos sociales. Convencí a muchos escépticos “de que las demostraciones violentas” de pintar paredes o romper vidrios no eran comparables con la violencia y desesperación que viven las víctimas de este país. Me sentí profundamente inspirada de ver salir a marchar a mi mamá y a algunas de sus hermanas de más de 70 años (muchas de ellas que habían pasado por colegios de monjas). Verlas vestidas de morado, con pañuelos verdes improvisados y un video de mi mamá sumándose a una de las pintas en las calles de Chihuahua, me conmovió profundamente. “El movimiento feminista está construyendo una mayoría social”, pensaba.

Luego llegó la pandemia y fue como si toda esa potencia se hubiera encapsulado, pero permeando lo suficiente para visibilizar la violencia de género que incrementó durante la pandemia y las discusiones públicas sobre quienes cuidan en este país. Pasaron los meses donde los gobiernos estatales, municipales y el federal hicieron poco para que las familias pudieran sortear la crisis y se acercaba ya el inicio del proceso electoral.

El proceso electoral se antojaba adverso. Veníamos de una pandemia que nos descolocó y aumento las brechas que ya existían, parecía (desde mi ilusa perspectiva) un escenario perfecto para colocar la agenda feminista y de cuidados. “Todas y todos se sentirán interpelados con la agenda de cuidados”, pensaba. Pero no fue así, la narrativa “continuar con la 4T” o “Defendamonos de la 4T” eclipsaron las demanda feministas, y también las de la crisis climática, la desigualdad y construcción de paz.

Mucho se ha dicho sobre que el movimiento feminista es uno de los que ha logrado hacerle contrapeso al Gobierno Federal, pero no estoy tan segura de que nuestras demandas impregnen lo suficiente para evitar que candidatos como Macedonio sean competitivos o para construir una narrativa frente a la polarización, que por cierto casi siempre protagonizan los hombres de este país.

¿Cómo haremos para llegar a 2024 con una agenda feminista que sea electoralmente competitiva y narrativamente poderosa? ¿Qué hacemos desde hoy para que 2024 sea sobre las respuestas que el feminismo brinda frente a la violencia, la desigualdad e incluso, la defensa del territorio y la crisis climática?

De entrada pienso en las mujeres electas en las gubernaturas, congresos y alcaldías. Pienso en el Congreso local de Jalisco que tendrá una mayoría de mujeres diputadas y que podrán ser ellas quienes marquen un antes y un después hacia una política menos patriarcal, violenta y opaca. Pienso en el potencial que tiene este Congreso de sacar todas aquellas agendas que han sido frenadas y que, con valentía y generosidad, podrán sacar adelante.

Nunca he sido alguien que romantiza la participación política de las mujeres, pero lo que sí creo, porque lo he visto en cada brigada y actividad en el territorio, es que las mujeres de este país sostienen el tejido social y los vínculos afectivos que son tan necesarios en un país desigual que vive un conflicto armado. Y ahí creo que está la otra tarea, los partidos políticos debemos salir de los esquemas tradicionales de militancia, hacer de aquellas líderes natas que cuidan de otras y de otros, mujeres que compitan y que sean ellas quienes reemplacen a los mirreyes que hoy ocupan curules en los ayuntamientos, congresos (y ahora en una gobernatura).

Me queda claro también que los grandes partidos no tendrán incentivos para realizar ese trabajo comunitario, no lo necesitan porque los números les dan para colocar y seguir colocando hombres con recursos en espacios competitivos, hombres que generalmente vienen de espacios de privilegios. Pero habremos muchas que lucharemos porque eso suceda, y para que más mujeres con liderazgos (que ya quisieran varios señores que hoy quedaron electos) sean las que lleguen a cimbrar nuestro sistema político.

* Susana Ochoa es política feminista. Consejera y fundadora de Futuro, partido político local en Jalisco Integrante de la Red de Innovación política de América latina. Conduce #HilandoFino, podcast feminista.

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