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Cosas que deberías saber antes de lanzarte a la representación pública
Necesitamos representación proporcional y contrapesos en los poderes, pero la forma como hoy se negocian esos puestos y cómo en algunos casos se ocultan a la ciudadanía es muy ruin y definitivamente no es democrático.
Por Bita Aranda
22 de junio, 2021
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Fui candidata a uno de los más de 20,000 puestos de elección pública en 2021, y aunque sigo creyendo fervientemente que deberíamos de ocupar esos espacios reconozco que la trayectoria política no es para todas las personas. Para mí en particular no será la plataforma desde donde me comprometa a incidir, pero al menos creo que hay una responsabilidad en compartir las reflexiones que varias amigas y compañeras de lucha vivimos desde adentro, para que si tú quieres ir a ocupar un espacio político sepas exactamente a qué juego estás entrando, porque el silencio beneficia a quien mantiene el poder. Además, si llegas a un espacio de representación puedes saber cuáles son las reglas del juego que se tienen que cambiar para que verdaderamente podamos hacer de este sistema político mexicano una democracia.

1. ¿Partido político o equipo de fútbol?

Los procesos de selección internos del partido son una farsa. El periodo de precandidatura es como una negociación de equipos de futbol, donde las jugadoras se mueven según el beneficio que le puedan traer al partido.

No hay competencia durante la precampaña. Hay negociación e intereses mutuos. Los motivos son variados, por ejemplo: partidos interesados en atraer a quien pueda levantar sus campañas con recursos propios, o tal vez quien tenga redes vecinales sólidas que vayan a movilizar el voto. Por otro lado, hay muchos casos de quien negocia puestos plurinominales, secretarías, concejalías, asesorías o coordinaciones internas por seguridad laboral o desarrollo profesional y no necesariamente por vocación.

Este año perdimos en el proceso de preselección a grandes personas que jamás habían hecho una negociación así y los partidos se aprovecharon de ello. Votamos a personas candidatas que más bien estaban en un proceso de selección laboral basado en el echaleganismo.

Desde el día del registro hasta el día de resolución de las Asambleas Electivas, las negociaciones internas son el primer juego donde si no tienes las piezas correctas pierdes la oportunidad de continuar al proceso democrático de votación de la población en general.

2. Hitler y Malala se registraron en el mismo partido

Los partidos peligran al comportarse como franquicias. Los dirigentes estatales toman decisiones estratégicas para mantener el poder, alcanzar el registro u obtener más asientos de representación proporcional. Los objetivos son distintos, por lo tanto, los partidos se convierten en casas de hospedaje de personajes tan diferentes que pueden llegar a tener a Hitler y a Malala bajo la misma marca.

Dependerá de dónde quedarán ese Hitler y esa Malala, pero la omisión de un piso único ideológico del partido lleva a grandes incongruencias que pueden evitarse. ¿De qué sirve que representantes de un partido abanderen la lucha contra la violencia de género y si otros representantes del mismo partido promueven la castración química? ¿De qué importan sus firmas de compromiso hacia la protección de los animales en Puebla, si la bancada nacional impulsará el Tren Maya? ¿Qué bien puede hacer que un mismo partido sea represor en un estado y progresista en otro? Un partido verdaderamente comprometido con la democracia y con su proyecto político, debería ser congruente con la selección de sus perfiles.

La realidad es que en el periodo electoral los partidos se preocupan poco por la integración de voces que representen su ideología y visión política, su interés es el voto que tanto Hitler como Malala pueden jalar.

3. ¿Estoy lista para qué, carajo?

Nos dijeron “¿Qué es lo opuesto a un viejito, machista, terco y nacionalista? Pues una morra joven tatuada, feminista y activista”. El periodo electoral se convierte en una “batalla de la percepción”, centrada más en símbolos que en contenidos, y eso significa tener que jugar un juego donde para ser conocida tienes que recurrir a acciones donde solamente los elementos como el color, la marca y un slogan serán el centro durante el periodo electoral.

Dar 60 días para recorrer territorios tan extensos hace que los mensajes sean limitados y carentes de contenido. Además, la brecha de recursos es inmensa entre un candidato de partido mayoritario y una candidata independiente. Las campañas deberían ser completamente repensadas para que todas las candidaturas tengan la misma posibilidad de ser escuchadas y para que podamos aprender sobre sus trayectorias, sus objetivos, sus propuestas y la forma en que rendirán cuentas si son electas.

Además de carecer de contenido, estas prácticas propagandísticas lo único que generan es contaminación visual, auditiva y de residuos. Yo me rehusé a colgar una donación de pósters donde portaba orgullosamente unas alas y decía “ESTOY LISTA”. ¿Estoy lista para qué, carajo? ¿Para generar más basura electoral que no dice absolutamente nada y solo me genera paranoia? No. Me duele que mi alcaldía se haya convertido en el basurero de la cara de un candidato que ni ganó, así que estoy lista para reconocer que la propaganda electoral sin ningún tipo de contenido debería ser prohibida.

4. ¡Quiero agarrar un paraguas y salir a marchar!

Cuando pienso en las plurinominales, no puedo evitar pensar en el caso de Hong Kong, donde el partido Comunista selecciona una lista de perfiles que la isla puede votar. Este ejercicio de democracia falsa te permite votar solo perfiles pre-aprobados y alineados con la ideología en China continental.

En el caso mexicano, el partido se encargó de seleccionar a sus fichas ganadoras y sus caras consentidas, aunque fueran impresentables. Al menos en Hong Kong votas a la persona que entra a la gestión, pero acá la representación proporcional te puede meter a una fichita que puede ni ser competente para el puesto o un gobernador fantasma (y violador).

Entiendo que necesitamos representación proporcional y contrapesos en los poderes, pero me parece que la forma como hoy se negocian esos puestos y cómo en algunos casos se ocultan a la ciudadanía es muy ruin y definitivamente no es democrático. Ni hablar de las Juanitas a gubernaturas. Tal vez sea momento de agarrar nuestros paraguas e iniciar, como en Hong Kong, un movimiento que replantee el proceso de elección popular, porque hoy la representación proporcional no es justa para las nuevas representaciones que son utilizadas por los partidos para alcanzar una proporción del voto.

5. ¿Qué nos enseña la cruda?

La cruda electoral se siente como esa cruda de peda donde te “canastearon”. Tú creías que ibas por una chela tranquila, un voto y ya está, y de pronto amaneciste en el lado de la Derecha de la Ciudad. Los resultados, por mucho, fueron inesperados y le costaron mucho a México. Sobre todo, porque una vez más la ciudadanía no se siente representada. Y resultados como las elecciones de 2021 pueden sumar al sentimiento ya generalizado de que salir a votar “no cambia nada”.

La línea mínima para considerar una democracia no debería ser el llamado al voto. Debería ser la posibilidad de representación, la transparencia democrática de los procesos de elección, el acceso a información con contenido y por supuesto, un proceso electoral sin violencia. Hasta cumplir con estos elementos podremos verdaderamente celebrar la fiesta de la democracia.

Después de este agotador periodo electoral, y reconociendo que el juego está hecho solo para unos cuantos, debemos de acuerpar y acompañar a quienes desde esos espacios estarán abanderando las causas. Yo no lo vuelvo a hacer, pero definitivamente acompañaré a quienes decidan contender para los siguientes congresos locales y puestos de representación, porque ya nos toca ocupar esos espacios.

Para terminar quisiera dejar algo muy claro: para contribuir a la construcción de un México más justo, la elección popular no es el único camino, sobretodo porque el tiempo se acaba y hay urgencia en tomar acción. Por lo tanto, la representación popular no debería ser la meta. La meta debería ser atreverse a multiplicar el alcance de acciones que puedan garantizar vida digna a todas las personas que habitan y transitan un territorio, y eso se puede hacer desde cualquier trinchera.

* Bita Aranda es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de las Américas Puebla. Desde 2016 ha colaborado en varios programas de desarrollo de habilidades de liderazgo para niñas adolescentes y hoy es defensora del derecho a la participación de las infancias y las juventudes en el espacio de toma de decisión. En 2021 contendió en el periodo electoral para buscar llegar al gobierno local de la Ciudad de México.

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