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Después del proceso
Poco se habla de las luchas que al interior enfrentan las candidatas para cumplir sus objetivos: dentro de los partidos, con los equipos de trabajo, con las familias, con las personas más cercanas, o bien, consigo mismas.
Por Iraís Reyes
21 de octubre, 2021
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Las campañas se perciben como historias de éxito de líderes que salen a las calles a competir por un espacio de toma de decisión. La lucha que se observa desde el exterior se trata de una de fuerza, disciplina, constancia, trabajo e inteligencia para poner sobre la mesa soluciones a los problemas del entorno en que se vive. Aspiramos a vivir la historia de una Alexandria Ocasio-Cortes.

Sin embargo, poco se habla de las luchas que al interior enfrentan las candidaturas para cumplir sus objetivos: dentro de los partidos, con los equipos de trabajo, con las familias, con las personas más cercanas, o bien, consigo mismas.

Decidí contender para llegar al Congreso dieciocho años atrás. Me preparé y trabajé para obtener los méritos que me permitieran ser candidata y, sobre todo, una mejor servidora pública. Para los nuevos perfiles este primer paso es aún más extenuante.

Logré ser candidata a una diputación local en Nuevo León y ahora soy diputada en el Congreso. Cuando terminó el proceso y llegó el silencio post-electoral, y sin haber ganado la elección por mayoría de votos, me miré en el espejo y reconocí todo lo que había invertido en ese tiempo, incluso en contra de mí misma. Les comparto aquello que cualquier candidata y candidato no debe descuidar durante un proceso electoral y durante su vida política.

Salud física

Las jornadas electorales son físicamente invasivas para el cuerpo. Si no se pone especial atención a la alimentación llega la factura de las más de ocho horas caminando bajo el sol de la ciudad, entrevistas, juntas con vecinos, reuniones de planeación, entre otras actividades.

Tomé la decisión de que no descansaría ni un solo día del proceso electoral y eso tuvo consecuencias. En mi caso personal, la factura resultó en consultas médicas para atender problemas crónicos que yo misma ocasioné y que sigo atendiendo.

El descanso es elemental para cualquier carrera de tiempo completo. Si no conciliamos suficientes horas de sueño y una alimentación adecuada, por más beneficiosos que los resultados electorales sean, nuestro cuerpo pagará las consecuencias de aquello que hicimos o dejamos de hacer. La plena conciencia de que no somos máquinas, que somos personas y que nuestra energía es limitada, es el primer paso para elegir con más sabiduría en qué invertimos nuestro tiempo. El tiempo de descanso debe incluirse en esa inversión.

Salud mental

En campaña y, en general, cuando se toma la decisión de dedicarnos de tiempo completo a la política, el espacio propio se limita. Las campañas son cargas de estrés, de ansiedad. Peleamos por nuestro futuro personal y, al mismo tiempo, por el objetivo de transformar nuestro entorno. Las expectativas que otras y otros, así como nosotras mismas depositamos en nuestro trabajo son abrumadoras. El hecho de que la decisión final de las etapas electorales más importantes, como obtener una candidatura o los resultados del día de le elección, no dependan de nosotras, generan una sensación de impotencia y descontrol. Ese desequilibrio puede llevar a que nuestra forma de reaccionar a los problemas sea más arrebatadora y menos centrada. Las emociones se funden en el cuerpo y le mente resiente esa carga.

Un mes después de llevadas a cabo las elecciones recuerdo que durante una semana entera no pude escribir una sola oración que tuviera que ver con mi trabajo. Mi mente estaba fundida. Peor aún, cuando los resultados no te favorecen, se debe trabajar en construir una historia personal de un nuevo rumbo. Esa construcción y abandono temporal de un sueño es dolorosa.

Trabajar antes, durante y después del proceso electoral en atender esa carga de pensamientos y emociones es vital para asegurar nuestra propia estabilidad y la de aquellas personas que se encuentran más cerca de nosotros. Entre más en calma se encuentre la mente, mejores líderes seremos, ya que las decisiones serán meditadas en una mente ecuánime. Si decides entrarle a la política, encuentra aquello que calme tu mente. En mi caso, la terapia ayudó a poder reconstruirme, así como fortalecer los vínculos de apoyo con mi familia y mis amistades más cercanas.

Finanzas personales

Las campañas cuestan. Se piensa erróneamente que el financiamiento público significa que las personas candidatas no tenemos preocupaciones económicas. Más allá del financiamiento electoral, se encuentra el financiamiento personal. Para los mortales, tomar la decisión de contender de tiempo completo significa renunciar a la posibilidad de recibir ingresos. Dejamos de trabajar por meses entregando nuestro tiempo entero a una meta que no da espacio a dedicarnos ni brevemente a otra actividad. Las facturas se acumulan y los ingresos se revierten.

Contender es una decisión financieramente complicada, es un sacrificio personal que impactará durante muchos meses. Antes de decidir competir, vale la pena revisar las finanzas personales y asegurarnos que las consecuencias de suspender nuestro trabajo remunerado temporalmente no nos agraviarán en el futuro.

 Un equipo con visión

Asegúrate que quienes te acompañen compartan una visión de aquello en lo que buscas incidir. Cuando tu equipo de trabajo tiene valores comunes y comparten causas invierten su tiempo por amor y no por exigencia.

Arma un equipo en el que confíes y que puedan aconsejarte en los momentos difíciles. Aquellas personas que logren sacar la bola del cuadro, aún y sin tu supervisión. Escúchales. A veces estamos tan ensimismadas en cumplir con la jornada de la campaña que perdemos de vista sus propias necesidades. Los candidatos sufren, pero también su equipo.

Debemos sembrar en nuestros equipos internos la política que queremos construir en la ciudad, una más humana. Hoy mi equipo, lleno de jóvenes, me acompaña en el ejercicio de mi encargo.

Soñar con representar a la gente y lograr obtener un escaño para servir a los demás es, sin duda, una misión de vida hermosa.

Las campañas vienen y van, pero nuestro cuerpo, nuestra mente y quienes amamos permanecen con nosotras antes, durante y después de esa travesía.

El trabajo de servir es de una alta honorabilidad y responsabilidad que amerita una amplia inversión de tiempo y esfuerzo. Sin embargo, para ser mejores entes políticos debemos ser mejores seres humanos. El amor propio y el autocuidado deben ser los pilares que nos acompañen en todo proceso de reflexión y crecimiento. Estar bien está bien. Cuidarnos a nosotras mismas no solamente es válido, sino necesario. En la medida que tengamos más conciencia de aquello que necesitamos para nuestra propia estabilidad tendremos la aptitud para tomar decisiones que nos trascienden, que inciden en las vidas de los demás.

* Iraís Reyes es abogada por el Tecnológico de Monterrey y tiene una Maestría en Estado de Derecho y Desarrollo por la Universidad de Loyola Chicago. Actualmente es diputada del grupo legislativo de Movimiento Ciudadano en la LXXVI Legislatura del H. Congreso del Estado de Nuevo León. Co-fundó el colectivo Derecho a Gobernar.

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