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Diversas y juntas
Por Aúna
Aúna es una plataforma que impulsa nuevas representaciones políticas con liderazgos de mujeres,... Aúna es una plataforma que impulsa nuevas representaciones políticas con liderazgos de mujeres, para alcanzar mayores resultados en bienestar, justicia y protección del medio ambiente. (Leer más)
Diversas y juntas porque queremos vivir
Después de recibir la bomba de gas no miré hacia atrás. Sólo después de ver el video me di cuenta de la manera en la que unas morras, probablemente 20 años más jóvenes que yo, probablemente de un camino de vida totalmente distinto al mío y, sin conocerme, me acuerparon, me defendieron.
Por @Yatziri Zepeda
16 de marzo, 2021
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El 8 de marzo de 2021 logré terminar el trabajo a las 3 de la tarde. Me quité el suéter que he usado casi cada día durante esta pandemia, me puse mis botas, tomé mi pañuelo verde y corté buganvilias rojas y rosadas de mi jardín para llevarlas al “muro de la paz” como ofrenda a Fátima, a Ingrid, a Marisela, a las siete o diez mujeres y niñas que, de acuerdo con las estadísticas, podrían morir ese día- o cada día- y a las casi veintiún mil que están desaparecidas. Lo hice con esa energía vital preciosa que siento antes de juntarme con grupos -grandes o pequeños- de mujeres feministas. La misma energía que me motivó a ir, a pesar del riesgo del COVID, a pesar de tener que ir sola, a pesar del desgaste físico y emocional que la protesta nos implica, sobre todo a mis 42 años.

Cuando llegué al monumento a la Revolución eran ya casi a las 5pm. Corrí para integrarme al único contingente que pasaba a esa hora por Reforma, formado por mujeres con ropas blancas, pañoletas rojas atadas a la frente, tambores y copal. Las mujeres sabemos que en México es peligroso andar solas en la noche, en las marchas y, en general, en la vida, pero me sentí protegida por sus cantos que yo interpretaba más bien como rezos. A la altura de la 5 de Mayo nos separamos. Doblé hacia el Zócalo sola. Sentí temor porque las morras ya empezaban a derrumbar los cercos de metal y, como los sonidos que se generan son realmente estridentes, algunas personas en grupo corrían apresuradas tratando de alejarse de ahí. Otras mujeres caminaban tranquilas con sus hijas por ese mismo lugar. Decidí hacer lo mismo.

Al llegar al Zócalo fui directo al muro a poner mi ofrenda. A lo lejos vi que ahí también habían ya derrumbado algunas vallas en una zona específica, pero opté por no investigar mucho, confiar en mi intención y manifestarme, a mi manera, del otro lado. No averigüé lo que pasaba ahí porque en las protestas feministas las mujeres pueden manifestarse de muchas maneras y yo respeto todas, pues tan legítimo es el acto amoroso de ofrendar flores, bailes y música, como ejercer acción directa, que, aunque a algunos les pueda parecer agresiva, es muy distinta al vandalismo en donde se destruye por destruir. La acción directa busca visibilizar y dar solución a problemas graves ignorados y no resueltos. Nuestra protesta, en todas sus formas, es por el pacto patriarcal y lo que este implica para nuestras vidas: sólo el 19.8% de las personas poseedoras de tierra en ejidos y comunidades son mujeres; en general, ganamos 18.8% menos que los hombres por hacer el mismo trabajo -las que tenemos la suerte de haber accedido a educación superior y a un trabajo de tiempo completo ganamos 66% de lo que ganan los hombres; 1 de cada 4 mujeres sufre de violencia doméstica, y 4 de cada 10 ha sido víctima de acoso sexual, abuso o violación; las mujeres somos las que nos encargamos del cuidado de los hijos y de las personas mayores sin ser remuneradas o siquiera reconocidas por ese valioso y dificilísimo trabajo; básicamente, el sistema nos utiliza, nos desaparece y nos está matando.

Yo conozco estas cifras y mi protesta y su forma responde, en gran medida, a ellas y al contexto de privilegio en el que he podido vivir mi vida: nunca he sido violada, ninguna mujer de mi familia ha sido asesinada o desaparecida, he tenido un padre amoroso, igual que todas mis parejas. Sin embargo, entiendo que millones de mujeres mexicanas han crecido en un contexto de violencia extrema, entiendo que la protesta de muchas es, por lo tanto, más combativa que la mía, porque su dolor es vivencial y no estadístico.

Mientras ponía mis flores recibí en la cara algo que en ese momento pensé que era una bomba, pero me han dicho que era polvo de extintor, por parte de las personas que resguardaban Palacio Nacional. Me generó mucha ansiedad y me dificultó la respiración, más por la angustia que por el propio gas. Como hacemos casi siempre cuando somos violentadas, me alejé de ahí asustada, confundida, un poco avergonzada, sintiéndome culpable por algo que habían hecho otros, pero con la resiliencia suficiente para no darme por vencida: yo iba a dejar en ese espacio todas las flores de mi ofrenda. Me quedé cerca de un grupo de mujeres que cantaba repetidamente “en el centro de esta marcha brilla un colibrí”, saqué las flores que me quedaban, les arranqué los pétalos y, cuando terminaron de cantar, los aventé al cielo. Las mujeres sonrieron.

Dejé de compartir mi ubicación en tiempo real en un grupo de amigas ya de camino a casa. Llegué sana y salva, pero conmigo traje la zozobra de ese muro que el presidente que gobierna con símbolos decidió poner entre el feminismo y él hace tiempo. El mismo presidente por el que voté en 2018, esperanzada y sin duda alguna, se equivoca enormemente al invalidar al movimiento feminista argumentando que es una simulación, que son los conservadores, que es resultado de un golpeteo político en vísperas de las elecciones. Se equivoca también al despreciar la agenda ambiental y las amenazas del cambio climático -una agenda inseparable del movimiento feminista; se equivoca al eliminar (en vez de reformar) programas públicos que buscan eliminar la brecha de género y desigualdad en todos los sentidos, en seguir aplazando la reforma fiscal progresiva, porque las pobres de los pobres son mujeres; se equivoca al pensar que un gobierno es exitoso a partir de la intuición y la rectitud, pero despreciando la buena técnica y las políticas públicas basadas en la evidencia. Necesitamos ambas.

Se equivoca ese partido, cuyos recuadros marqué todos en 2018 sin siquiera leer los nombres de los representantes -porque votar por cualquier opción del pasado era simplemente inconcebible- al ignorar y menospreciar a sus militantes feministas y reafirmar como candidato a un presunto violador. Pero también se equivocan los otros. Muchas de nosotras somos suficientemente viejas como para recordar todas las atrocidades de las últimas dos décadas. Nuestro movimiento va por los derechos reproductivos, incluyendo el aborto libre, legal y seguro; nuestro movimiento va por el fin de la militarización que ellos empezaron. Unos y otros se equivocan al querer, una vez más, utilizarnos, ahora como carnada política.

Se equivoca el poder judicial, al negarnos acceso a la justicia; se equivoca el Congreso, al aprobar leyes que tienen efectos negativos desproporcionados en nosotras y al no aprobar nuestro derecho a decidir plenamente sobre nuestro cuerpo; se equivocan los hombres incapaces de romper el pacto patriarcal porque -a pesar de que tienen privilegios en absolutamente todos los espacios políticos, públicos y privados, desde el hogar hasta las más altas esferas de poder- ellos también seguirán sufriendo los efectos negativos del patriarcado, de una forma u otra porque todos estamos interconectados.

Después de recibir la bomba de gas no miré hacia atrás. Sólo después de ver el video me di cuenta de la manera en la que unas morras, probablemente 20 años más jóvenes que yo, probablemente de un camino de vida totalmente distinto al mío y, sin conocerme, me acuerparon, me defendieron. Me conmovió mucho. Gracias. Y así, diversas y juntas, estamos aprendiendo a hacer alianzas sororas, reconociendo nuestras diferencias, que son muchas, pero también nuestras coincidencias, que son más, porque necesitamos construir, para nosotras y para nuestras familias, una realidad distinta. Todavía no sabemos bien cómo, pero acordamos que no vamos a parar, porque en esto nos va la vida.

* Yatziri Zepeda es cofundadora de @AunaMexico.

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