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El primer día sin violencia contra las mujeres
¿Qué podemos hacer las mujeres que estamos dentro o fuera de las instituciones? Debemos tener en claro que nada va a avanzar si no llevamos la estafeta más lejos del punto donde la recibimos.
Por Aúna
25 de noviembre, 2021
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¿Cuándo llegará el día en que las mujeres dejemos de vivir violencia por el simple hecho de ser mujeres? Quisiera poder decir que estamos muy cerca de alcanzar ese horizonte anhelado, pero la realidad es que estamos tan lejos, que resulta aún difícil imaginar cómo sería un mundo como ese.

Conscientes de que falta mucho camino por andar, a las mujeres de hoy nos toca trabajar para que la herencia de derechos que dejemos a las siguientes generaciones sea mejor que la que recibimos. Porque la lucha por nuestros derechos es como una estafeta que va pasando de generación en generación, de la mano de mujeres que, sin conocerse, se reconocen como parte de una misma historia.

Esa misión en común, que a través de los siglos ha ido sembrando nuestros derechos y libertades, tiene un origen tan remoto que podríamos decir que el movimiento de las mujeres es la revolución más antigua y duradera de la historia (una revolución que, como todas, ha sido lugar de distintas miradas e incluso de debates internos).

Ahora bien, respecto a la eliminación de la violencia contra las mujeres, ¿cuál es el contexto que nos toca enfrentar en la actualidad?

La pandemia producida por el COVID-19 acentuó la crisis de violencia y falta de acceso a la justicia que ya vivían las mujeres en todo el mundo. El informe anual de ONU Mujeres 2019-2020 señaló que 2 de cada 3 mujeres de todos los países han sufrido violencia o conocen a otra mujer que la ha padecido, sin embargo, solo una de cada 10 de ellas mencionaron que enfrentarían un proceso legal para denunciar ante las autoridades. También este informe apunta que diariamente 137 mujeres son asesinadas por alguien de su propia familia en todo el mundo.

En el caso de nuestro país, las llamadas al 911 para reportar violencia de género se incrementaron en 22.3% desde marzo de 2020. Además, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, a septiembre de 2021 se ha asesinado a 2840 mujeres, más de 10 mujeres al día. Y aunque de esas mujeres víctimas, solo se reconocen 736 casos como feminicidio, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) ha señalado que en más del 50 % de los casos de homicidios dolosos se identifican características feminicidas, sin embargo no se investigan o acreditan como tal. De acuerdo a este mismo organismo, en el país no se investiga ni el 30% de los crímenes en contra de las mujeres (OCNF, 2021).

Frente al incremento de casos de violencia, las acciones gubernamentales para frenar esta problemática continúan siendo muy limitadas ante el nivel de la emergencia. A pesar de que se pueden identificar algunas iniciativas específicas encaminadas a la prevención y a la atención de casos de violencia (especialmente a escala local), la realidad es que el tema está muy lejos de ser una prioridad política a nivel nacional. En cambio, lo que tenemos son expresiones que minimizan, niega e invisibilizan el aumento de la violencia por razón de género por parte de distintas autoridades.

Es difícil de creer que, teniendo las pruebas para determinar que las mujeres corren peligro hasta en sus propias casas, este problema no cuente con una respuesta institucional, profunda y coordinada que aborde éste como un asunto estructural que se debe enfrentar de raíz y con todas las herramientas que se tienen al alcance. Es decir, con la participación de todas las dependencias de los tres niveles de gobierno.

En estos términos, buscar la paz y la justicia para las mujeres y niñas (para todas, tomando en cuenta la diversidad de nuestras edades, contextos, orientaciones, y cuerpos) requiere de una visión que contemple diversos factores que de manera diferenciada nos ponen en mayores condiciones de vulnerabilidad:

  • Desigualdad económica y pobreza.
  • Discriminación por motivos de raza, lengua, discapacidad, orientación sexual, entre otros.
  • Falta de equipamiento y personal capacitado con perspectiva de género y derechos humanos en instituciones de seguridad pública, procuración e impartición de justicia.
  • Legislaciones y presupuestos sin perspectiva de género.
  • Acceso a: educación, vivienda, servicios de salud pública (incluida la salud mental), derechos reproductivos y sexuales, menstruación digna y segura, transporte público seguro y asequible.
  • Brecha salarial.
  • Ausencia de políticas públicas ante la distribución inequitativa del trabajo de cuidados no remunerado.
  • Estereotipos de género
  • Residencia en periferias urbanas o fuera de las ciudades.
  • Contextos de vulnerabilidad en los que se desarrolla el trabajo sexual.
  • Efectos de la crisis climática y del deterioro ambiental.
  • Trata de mujeres o niñas (para explotación, trabajo forzado o sexual).
  • Migración y desplazamiento forzado.
  • Entre otros.

¿Qué podemos hacer las mujeres que estamos dentro o fuera de las instituciones? Debemos tener en claro que nada va a avanzar si no llevamos la estafeta más lejos del punto donde la recibimos.

En este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres, convirtamos el coraje y la frustración en fuerza para organizarnos, para dialogar y para ocupar esos espacios que fueron cerrados para nuestras predecesoras.  Por las siguientes generaciones, no dejemos que nada nos detenga, que tarde o temprano llegará el primer día sin violencias contra las mujeres.

* Susana De la Rosa es diputada de Jalisco e impulsora de la iniciativa por el aborto legal seguro y gratuito. Es psicóloga, pedagoga y maestra en Ciencias Sociomédicas por la Universidad de Guadalajara. Redes sociales: Twitter, Facebook e Instagram.

 

 

Referencia:

Informe sobre violencia contra las mujeres (Incidencia delictiva y llamadas de emergencia 9-1-1), septiembre 2021 del Secretariado. Disponible aquí.

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