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La política electoral necesita feministas
Le escribo a las feministas jóvenes y no tan jóvenes que comenzaron a plantearse ser #FeministasOcupandoLaPolítica, por la experiencia de las nominadas de Aúna que, como yo, logramos ser candidatas en las elecciones 2021.
Por Angélica Maldonado
18 de agosto, 2021
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En enero del 2020 decidí emprender un proyecto político electoral feminista. Después de diez años haciendo política por la paz y la igualdad, mi proceso político me llevó a tomar esa decisión de vida. Hay quienes lamentan ver en mí a una política, pues esperaban que fuera siempre activista. Hoy les escribo a esas personas: activistas, periodistas, profesoras, amistades, colegas y familiares que lo lamentan tanto, pero, sobre todo, le escribo a las feministas jóvenes y no tan jóvenes que comenzaron a plantearse ser #FeministasOcupandoLaPolítica, por la experiencia de las nominadas de Aúna que, como yo, logramos ser candidatas en las elecciones 2021.

Ser candidata a diputada federal suplente en Monterrey y quedar en tercer lugar fue una experiencia que me permitió crecer mucho en poco tiempo. Me dejó muchísimas reflexiones, aprendizajes y convicciones. Seleccioné cuidadosamente algunas para compartirlas aquí.

Resignificar la política

¿Qué es la política? Aún más importante: ¿para qué es la política? Me gusta la visión de Beatriz Beatriz Della Costa que considera que “la política es una conversación sobre el futuro“. Conversamos sobre el futuro en las aulas, en reuniones familiares, en foros, en protestas, en festivales, en nuestros trabajos. Eso significa que muchas personas comunes hacen política desde muchos espacios. Eso no significa que todas las personas hagan política con la misma fuerza, tampoco desde todos los espacios. Precisamente, uno de los espacios en el que considero que las activistas de base no estamos haciendo política con suficiente fuerza es la arena electoral. Esto responde, por un lado, a la creencia de que la política electoral es oscura y que quienes participan directamente en ella se corrompen; por otro lado, responde al hecho de que es un espacio dominado por hombres que, regularmente, son de clase alta o aspiran a serlo, y que no se han preocupado, menos ocupado, de que en ese espacio haya diversidad en las voces que dialogan sobre el futuro de todas las personas y el Planeta, y no solo el futuro de ellos.

La política incide en el futuro, pero el futuro no existe, existe solo el eterno presente. Eso me lleva a plantear que preguntar “¿para qué es la política?” es preguntarse “¿qué eterno presente queremos?”. En estos días, en un restaurante de mariscos muy popular en Baja California Sur leí una frase que responde particularmente esta pregunta: “que el camino que escojas te lleve siempre a la felicidad”. La política es para que el camino y el fin sean siempre la felicidad. En todos los espacios donde se hace política y todas las personas que hacen política deberían tener esto claro, pero no es así.

Reconocer la falta de comprensión generalizada sobre qué y para qué es la política, es un acto de humildad necesario que permite voltear a ver al feminismo y entender lo mucho que lo necesitamos, no para resignificar la política, sino para que recupere su razón de ser. ¿Por qué el feminismo? Porque el feminismo realmente es imaginación para crear otras formas y otros mundos, como tantas han dicho. Estoy convencida de que el feminismo es el movimiento social, político, intelectual y, me atrevo a decir, espiritual que nos va a permitir diseñar un mejor eterno presente donde todas las voces dialoguen desde la paz y la igualdad.

Hacer política electoral feminista o cómo ser una idealista práctica

¿Cómo entrar al diálogo sobre el eterno presente en la arena electoral de manera feminista? Cada historia tendrá sus particularidades y retos, pero me parece sano alimentar la discusión sobre algunos principios que identifico.

Primero, tener claridad de la agenda o las causas justas que te mueven y que quieres subrayar en la conversación sobre el eterno presente; sobre las realidades que impiden que todas las personas sean felices. La causa que a mí me llevó a hacer política electoral feminista es la de “todos los derechos para todas las personas”. Puntualmente, trabajar por cero feminicidios, seguridad sin guerra, movilidad urbana sostenible y trabajo digno en el campo y la ciudad. Esta agenda no es limitativa, pero es la que responde a mi historia y a cómo estas causas me han hecho quien soy. Cuando la política electoral se ha puesto ruda, he tenido que recordar con fuerza que esta agenda es la que le da sentido a mi participación.

Segundo, participar consciente de que tienes limitaciones y que algunas de esas todavía las desconoces. En mi corta carrera política he cometido –y seguiré cometiendo– errores, admitirlos me hace diferente a muchos políticos, pero aprender de ellos es lo que me hace bien a mí y al proyecto político que emprendí.

Tercero, comprometerse con que el espacio de la política electoral sea un espacio libre de violencias. ¿Cómo? Empieza por revisar tus propias violencias, ocúpate de tu salud, mental y física; trabaja por tu propia paz interior. Una política que no trabaja en sí misma es una mala política. No puedes trabajar por la felicidad de la humanidad si no estás en paz contigo misma. Además, es importante que asumas la responsabilidad de denunciar las violencias políticas que vivas y puedas denunciar (no siempre es seguro denunciar). Y, por supuesto, solidarízate con las compañeras que denuncian las violencias políticas que viven.

Cuarto y último, comenzar a participar en esta arena sabiendo que es una apuesta a largo plazo. Esto es fundamental porque te permitirá comprender por qué la política feminista es incompatible con el “mesianismo” que caracteriza a la política actualmente. El planeta ya no aguanta el mito de que una sola persona (normalmente un hombre) vendrá a salvarnos (o a destruirnos). Sea AMLO, Jesús o cualquiera. Si recuperar la razón de ser de la política tomará tiempo, está claro que no puede depender de una sola persona. Esto más bien es colectivo y, aún más allá, de relevos de colectividades. Pero, esos relevos no llegarán, hay que construirlos. Por esto, es tan importante que las mujeres en política compartamos nuestros aprendizajes y que como sociedad celebremos plataformas como Aúna o colectivas como La fortaleza que tienen el objetivo de acompañar y formar los relevos que hagan viable hacer política feminista.

Estoy convencida de que formo parte de una nueva generación de políticas feministas que apenas nos estamos encontrando. Que estamos dispuestas a aprender de quienes ya recorrieron un largo camino haciendo política feminista, como Patricia Mercado o Martha Tagle. Que estamos agradecidas con todas las mujeres que soñaron y trabajaron para que ocupemos este espacio y que lo hemos tomado para hacer un mundo más justo, pacífico e igualitario.

* Angélica Maldonado es feminista ocupando la política. Cofundadora de “La Fortaleza”. Integrante del colectivo “Todos somos Jorge y Javier” y la colectiva “No somos medias naranjas”.

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