Los claroscuros del 8M
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Diversas y juntas
Por Aúna
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Los claroscuros del 8M
La marcha del 8M es para mí un espacio de libertad, de autonomía para poder ser la persona que quiero ser. También es un espacio para gritar y reír estruendosamente, mientras escuchas una batucada que te mueve todo por dentro, y posteriormente te hace soltar el llanto mientras compartes con tus hermanas la violencia que has vivido, y añoras los espacios que te gustarían fueran seguros, empáticos y compasivos, contigo y con todas las mujeres.
Por Macarena Velázquez López
15 de marzo, 2022
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Me llena de orgullo pertenecer a la enorme mancha morada y verde que se sobrepuso a la narrativa de las amenazas de violencia. Caminar, observar, gritar, sudar, brincar deja un sabor dulce por la esperanza inevitable que produce ver a más niñas y mujeres convencidas de alzar la voz, ya sea con flores, carteles hermosos, canciones, bailes y música como escenario de una exigencia que no va a parar y que se fortalece con cada una de nosotras, y con las que se aúnan.

Como cada año y como cada día, este 8 de marzo no sólo se marchó, se LUCHÓ. Incluso muchas de las mujeres que no pudieron acudir a la marcha estuvieron, como cada día, luchando bajo un sistema que no les reconoce la labor de cuidados que realizan, que les paga menos por trabajo igual, y que las retrata como objetos que pueden ser acosados, abusados y ultrajados por el hombre.

Si algo me ha quedado claro con los años es que cada mujer mantiene la lucha desde su trinchera. Ojalá muchas lo pudieran dejar de hacer en silencio y tuvieran la oportunidad de alzar la voz, pero ese es un privilegio que no todas tienen.

A veces pareciera que esas diferencias de experiencia, perspectiva y vida son las que nos separan, las que generan conflictos y debates, o desacuerdos en las agendas, banderas y sentires. Cuando realmente es esa diversidad y pluralidad la que nos debería hacer más fuertes. ¿Es la marcha un lugar para dialogar estas diferencias? No lo sé.

La marcha del 8M es para mí un espacio de libertad, de autonomía para poder ser la persona que quiero ser. También es un espacio para gritar y reír estruendosamente, mientras escuchas una batucada que te mueve todo por dentro, y posteriormente te hace soltar el llanto mientras compartes con tus hermanas la violencia que has vivido, y añoras los espacios que te gustarían fueran seguros, empáticos y compasivos, contigo y con todas las mujeres.

En los días previos a esta marcha, el propio Estado promovió una nube de miedo, condenando a las feministas, haciendo referencia a la identificación de grupos violentos de mujeres que iban a ir “armadas”, a causar terror, e instalaron vallas de metal. Se desplegó toda la fuerza del Estado (policías y ejército) amplificando  este relato de miedo y violencia. Su propósito: crear un ambiente que inhibiera la libre manifestación, estereotipar, señalar y tratar de dividir feministas buenas vs malas, mujeres policías vs activistas. Quizás para que olvidáramos que todas somos mujeres y que es la lucha de todas.

No obstante, hubo una gran llamarada de esperanza cuando el 7 de marzo tomamos el cielo. Nos despertamos viendo en el cielo un gran mensaje “Ninguna en el olvido”, fue el aliento que nos dio la fuerza para sentirnos invencibles. El 8M más de 75 mil mujeres tomamos las calles y las pintamos de colores, arte y emociones. Cada una a su manera, cada una desde su vivencia, experiencia y también dolor. Porque nos duelen las que ya no están, nos enrabia que ya no estén con nosotras por el simple hecho de ser mujeres y nos rompe el corazón que haya quienes se burlen de eso, lo minimicen o lo ignoren.

Algunas llevaban cañones de humo de colores -que autoridades confiscaron-, otras llevaban pintura para decorar las calles de la ciudad y plasmar nuestro sentir; también carteles que te estremecen con sus mensajes y con las fotos de mujeres que les arrebataron la vida, nombres e historias de violadores, feminicidas y abusadores, otras llevaban martillos para tratar de derribar esas vallas de metal, para liberarnos de ese corral de hierro.

Otras llevamos flores para dejar en cada cruz que cruzaba mi camino, como una forma de humanizar cada uno de esos nombres que me encontraba, pues pensaba: no sólo es un nombre, no es una más, es una mujer, una vida y merece ser vista y honrada. Otras se las di a mujeres con uniforme de policía que estaban formadas cerca del Zócalo, las vi a los ojos y les dije: “esto también es por ustedes, sí las vemos”, y aunque sé que esto genera polémica políticamente, humanamente y con toda mi libertad, yo decidí y decido ver al ser humano detrás del uniforme, de no sumarme a la polarización que viene desde la silla más alta del gobierno y que nos dice “estás de mi lado o estás contra mí”, decido ver que atrás de un uniforme también hay historias de violencia y dolor igual que las que yo y muchas más hemos vivido.

Las flores y abrazos entre policías y “civiles” no hizo la marcha más o menos pacífica. Esa supuesta “paz” en la marcha que se atribuyen las autoridades no existió, no puede existir cuando en un uso excesivo del poder se lanza a las mujeres toda la fuerza del Estado, cuando hubo un uso ilegítimo y excesivo del poder contra muchas de nuestras compañeras, cuando se inhibió y sembró odio desde el discurso y se reprimió en la calle. Tampoco cuando después de la marcha con un dejo de autoritarismo se agradece a la Sedena, Marina y demás fuerzas armadas su presencia en la marcha. Cuando polarizas, cuando nos haces enfrentarnos unas a las otras.

Lo que me queda es que, pese a todo lo anterior, en nuestro contingente de Aúna Ciudad de México, además de marchar juntas y diversas y convocar a más de 290 mujeres ansiosas de un México mejor y más justo, alzamos la voz con la esperanza que pronto esa voz se traduzca en políticas, presupuestos, instituciones, en igualdad y justicia. Después del 8M, como el resto de los días, seguiremos promoviendo y fomentando la representación política de mujeres para lograr una representación más fuerte, diversa, activa y nutrida. ¡Aúnate a nuestra lucha!

* Macarena Velázquez López (@MacaIntensa) es codirectora del Capítulo Ciudad de México de Aúna. Es abogada por el CIDE y maestra por la LSE. Feminista, activista e intensa. Profesionalmente su carrera se ha desarrollado en torno a la promoción y defensa de los derechos humanos. Actualmente es consultora en género y derechos humanos del MESECVI.

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