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Pan, circo y el precipicio de cristal
Salir de la crisis democrática por la que atraviesa América Latina implica combatir el autoritarismo mediante el balance de poder entre las muchas minorías que conformamos la región.
Por Angélica Maldonado
20 de abril, 2022
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Un martes de agosto del 2021 participé en la grabación del especial “Crisis de la democracia”, de Pan y Circo de Diego Luna. En el momento de la grabación ya había tenido mi primera experiencia como empleada pública, pero no como funcionaria pública; estaba convencida de la necesidad de plataformas políticas como Aúna en el sistema político mexicano, y recién había compartido algunas de mis reflexiones a partir de mi decisión de emprender un proyecto electoral y de sentirme parte de una nueva generación de políticas feministas.

Ocho meses después de haber compartido la mesa de Pan y Circo con Jesús Silva-Herzog, Álvaro Mena y Citlali Hernández, una de las principales cosas que han cambiado en mi vida es que he acumulado mis primeros seis meses de experiencia como funcionaria pública municipal. Primero, como directora del Instituto de las Mujeres del Municipio de Monterrey, siendo la directora más joven que ha tenido esta dependencia. Luego, como directora general de las direcciones de prevención primaria y de prevención terciaria de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de Monterrey, siendo, por un lado, la primera mujer que logró un puesto de alta jerarquía en esta Secretaría y, por otro lado, la persona más joven en un puesto por debajo solo del Secretario de Seguridad en la historia de esta dependencia.

Desde esta perspectiva, una tan poco común en México, me senté a escribir sobre la crisis democrática y su relación con el precipicio de cristal. Para ello, retomo una idea central de la mesa de discusión del especial en que participé: salir de la crisis democrática por la que atraviesa América Latina implica combatir el autoritarismo mediante el balance de poder entre las muchas minorías que conformamos la región.

En busca de ese balance de poder, en la región se han impulsado reformas como las cuotas electorales y de gobierno en favor de grupos históricamente oprimidos, por ejemplo, mujeres, personas de los pueblos originarios, personas de las poblaciones lgbtq+ y personas con discapacidad. El resultado de la implementación de esas reformas es que mujeres jóvenes como yo estamos ocupando puestos de toma de decisión que nunca antes personas con nuestras características habían ocupado. En principio, esto es muy positivo, sin embargo, quiero subrayar que existen retos particulares para la participación política de las mujeres en el contexto de la crisis democrática.

Que las mujeres estemos comenzando a tener poder político formal en un momento de crisis democrática significa una menor probabilidad de éxito en nuestra gestión. En países de otras regiones del mundo donde tienen más años con mujeres al frente de grandes empresas y de gobiernos, esto ya ha sido estudiado y es conocido como “precipicio de cristal. Resulta que se ha identificado la tendencia de que las empresas y las democracias las dirige una mujer solo hasta que están ante una crisis derivada de años de malas gestiones de hombres en el poder. Es decir, las mujeres que tomamos el poder en medio de una crisis enfrentamos un injusto escenario en el que ya no hay margen de error. La buena noticia es que la sociedad tiene el poder de romper con el precipicio de cristal, les propongo tres mantras para lograrlo:

#1 Las transformaciones toman tiempo y requieren de una amplia participación social

No esperemos que en poco tiempo las mujeres corrijamos años de malas gestiones de los hombres políticos y no olvidemos que los principales responsables de la crisis democrática en América Latina son los hombres en política, quienes durante décadas tuvieron completo dominio del poder político de las sociedades modernas y tuvieron gestiones reprobables. Además, rompamos con el mesianismo político y participemos activamente en favor de las transformaciones que deseamos ver.

#2 Acabemos con la subordinación histórica de las mujeres en el ámbito político

Las mujeres estamos tomando el poder como resultado de la paridad, pero todavía subordinadas a líderes políticos hombres. Hoy por hoy no hay prácticamente ninguna mujer en política que no tenga un jefe político hombre. Algunas tenemos suerte de tener jefes políticos más progresistas e igualitarios, pero hay demasiadas cadenas estructurales que hacen que romper con la subordinación histórica de las mujeres en el ámbito político sea todavía una tarea pendiente. De manera que, la capacidad de agencia de las mujeres, aún en puestos de toma de decisión de primer nivel, está en gran medida supeditada al liderazgo de los hombres y las formas de ellos de hacer política. Con esto no estoy diciendo que no tengamos capacidad de agencia y que no nos puedan pedir rendición de cuentas a las políticas, pero sí que estemos conscientes como sociedad que la agencia de las mujeres políticas no ha alcanzado su plenitud todavía y que tenemos tarea por hacer como sociedad en esta materia.

#3 La exigencia de rendición de cuentas debe ser para todas las personas en el poder, no solo para las mujeres

Las mujeres en política significamos esperanza para muchas personas y, por tanto, se tienen grandes expectativas de nuestra gestión política y hay más ojos vigilantes sobre nuestro desempeño que sobre los hombres en política, de quienes normalmente no se espera que sean innovadores políticos, ni que respalden las grandes causas sociales con las que se está en deuda con la sociedad.

Cierro compartiendo que ahora que formo parte del gobierno municipal que se ha planteado la visión de ser el más humano e innovador de México, las palabras de la admirada Elisa Loncon en entrevista para Pan y Circo me resuenan con más fuerza: “Para gobernar estamos obligados a ponernos de acuerdo, a escucharnos, al respeto del otro, estamos obligados a confrontar cosas, pero para llegar a una solución y eso no se da cuando la mayoría decide sobre la minoría”. Nuestras democracias dejarán de ser solo “pan y circo” cuando logren superar  retos como los que suponen el precipicio de cristal porque significaría que son democracias más incluyentes y más pacíficas.

* Angélica Maldonado es feminista ocupando la política. Cofundadora de “La Fortaleza”. Integrante del colectivo “Todos somos Jorge y Javier” y la colectiva “No somos medias naranjas”. Actualmente es Inspectora General de Justicia Cívica, Prevención del Delito y Protección a la Ciudadanía del Gobierno de Monterrey.

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