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¿Por qué marchamos este 8M?
Si todo “va bien”, ¿por qué marchamos? Porque hemos tenido que exigir lo que siempre debió ser nuestro: nuestros derechos, y aún falta mucho camino que recorrer.
Por Dafne Pimentel Corona
8 de marzo, 2022
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Los feminismos en México han logrado importantes victorias recientemente. Por mencionar algunas, en 2016 se publicó la NOM-046 que establece las obligaciones de las instituciones públicas y privadas de prevenir y atender la violencia sexual. En 2017 el INE publicó el protocolo para garantizar a las personas trans sus derechos políticos. En 2019 entró en vigencia la reforma que establece la paridad en los tres niveles de gobierno. En 2020 el Senado aprobó por unanimidad la Ley Olimpia nacional, reconociendo el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia en el plano digital. Ese mismo año el pleno de la Cámara de Diputados reconoció de forma unánime el derecho al cuidado y la corresponsabilidad del Estado en garantizarlo. En 2021 la Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoció como inconstitucional la criminalización del aborto de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Entonces, si todo “va bien”, ¿por qué marchamos?

Los derechos de las mujeres y personas de la diversidad sexual y de género han sido reconocidos como producto de procesos de lucha y movilización. Al no haber sido contempladas en el canon de la ciudadanía, hemos tenido que exigir lo que siempre debió ser nuestro: nuestros derechos. No obstante, a pesar de los avances en el reconocimiento formal de esos derechos, la brecha con la realidad sigue siendo muy amplia y amenaza con aumentar. Frente a esa constante amenaza a nuestros derechos, sigue siendo necesario defenderlos.

Marchamos porque todavía hay mucho camino que recorrer para garantizar efectivamente los derechos de las víctimas de violencia sexual. Porque en el acceso a servicios y justicia, así como en los medios de comunicación, se les sigue revictimizando. 1 Marchamos porque los discursos de odio siguen proliferando. Porque exigimos que todas las personas tengan autonomía sobre sus cuerpos e identidades. Marchamos porque la distribución del poder no es paritaria, basta con voltear a ver la integración de las Juntas de Coordinación Política y la reciente reforma aprobada por el Congreso de Nuevo León, que tendrá como efecto un retroceso en el ejercicio de los derechos políticos de las mujeres. Porque las feministas no sólo necesitamos más mujeres en puestos de poder, sino más mujeres que representen nuestra agenda.

Marchamos porque aunque se han reconocido diversos tipos de violencia de género, éstos se han tratado de forma punitiva y no preventiva. Marchamos porque exigimos el fin de la militarización de nuestro país. Marchamos por la urgencia de acciones climáticas con perspectiva de género. Marchamos en contra de los impedimentos al Sistema Nacional de Cuidados. Porque a pesar de los esfuerzos legislativos de las feministas, aquí también vamos en retroceso, como lo pone en evidencia la reciente eliminación del programa Escuelas de Tiempo Completo. Marchamos por nuestros derechos económicos. Porque no basta con que las mujeres entren al mercado laboral, sino que –al realizar la mayoría del trabajo no remunerado– se requieren medidas para su permanencia y crecimiento dentro de éste. 2

Marchamos porque, a pesar de la existencia de abortos seguros al margen de la ley, tenemos derecho a que éstos sean legales, gratuitos y no se limiten a las primeras doce semanas. Marchamos por las que no pueden marchar: por el aumento de las mujeres privadas de libertad que no han recibido sentencia y no tienen garantizados sus Derechos Humanos, por las desaparecidas y las mujeres y niñas víctimas de feminicidio. 3 Marchamos porque es nuestro derecho y, a pesar de ello, se sigue criminalizando nuestra protesta. Marchamos para escucharnos, acuerparnos, e inspirarnos. Porque nuestra lucha es diaria y el 8M salimos a las calles a hacerla visible y colectiva. Pero no sólo marcharemos, seguiremos ocupando los espacios públicos mediante esta plataforma que identifica, capacita y acompaña liderazgos de mujeres comprometidas con nuestra agenda. Porque lo público también es nuestro.

* Dafne Pimentel Corona es egresada de la licenciatura en Relaciones Internacionales por el Colegio de México. Actualmente coordina el capítulo Ciudad de México de Aúna (@AunaMexico).

 

 

1 Como ejemplo de esta revictimización véase la declaración del alcalde de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro, quien en el taller para la Implementación de Unidades de Policías Municipales Especializadas en Género llevado a cabo este año afirmó que “la mujer misma propicia que le hagan daño porque no hace caso a las recomendaciones”.

2 Al respecto, el Instituto Mexicano para la Competitividad midió las condiciones laborales en los estados a partir de 18 indicadores. En promedio, los estados obtuvieron calificaciones por debajo de la mitad.

3 Sobre el incremento en el número de mujeres privadas de libertad sin sentencia, véase aquí.

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