Reflexiones en el mes de la diversidad
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Diversas y juntas
Por Aúna
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Reflexiones en el mes de la diversidad
En la mayoría de las instancias, el país falla en visibilizar la lucha contra todo tipo de prácticas y leyes que discriminan, criminalizan o vulneran a la comunidad LGBTTTIQ+ y en reconocer las victorias que establecen precedentes.
Por Andrea Terminel Lembert
29 de junio, 2022
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El mes del orgullo LGBTTTIQ+ señala una buena ocasión para visibilizar y unificar los esfuerzos que el resto del año parecen aislados. En junio se conjugan luchas personales con aquellas que son colectivas o institucionales y, juntas, salen a marchar. A resistir. A gozar. El mes y las marchas también son momentos que permiten subrayar los logros del último año y orientar el foco hacia lo que falta por hacer, los elementos más urgentes en el continuo de la lucha.

En los últimos años, México, como otros países del mundo, ha presenciado la visibilización masiva de la comunidad trans y, a la par, el surgimiento o resurgimiento de la transfobia desde las plataformas menos esperadas, como algunas facciones feministas radicales. En el 2019, a lo ancho y largo del país, el activismo de un sinnúmero de líderes de opinión LGBTTTIQ+, defensoras de derechos humanos y representantes en diversos estados lograron visibilizar a nivel masivo las Ecosig (Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género), también conocidas como terapias de conversión. En julio de 2020, se celebró la primera victoria en esta vía específica de la enorme constelación LGBTTTIQ+: se prohibieron las terapias de conversión en la Ciudad de México. En marzo de 2021 entró en vigor una reforma al Código Penal del Estado de México, luego Baja California Sur aprobó la reforma el 28 de junio de 2021, Día Internacional del Orgullo LGBTTTIQ+. El 25 de agosto, en la misma sesión extraordinaria, Yucatán prohibió las Ecosig y también aprobó el matrimonio igualitario. Para octubre del 2021 ya eran siete los estados que prohibían las Ecosig, sumándose Colima, Tlaxcala y Zacatecas. En lo que va del 2022, Baja California y Puebla también las han prohibido.

En la mayoría de las instancias, el país falla en visibilizar la lucha contra todo tipo de prácticas y leyes que discriminan, criminalizan o vulneran a la comunidad LGBTTTIQ+ y en reconocer las victorias que establecen precedentes. El ejemplo de las Ecosig es especialmente pertinente porque aunque atentan directamente contra los derechos humanos y la salud —en Estados Unidos en el 2021, la tasa de suicidio de la juventud LGBTTTIQ+ expuesta o sometida a terapias de conversión fue más del doble (27%) que la tasa en el mismo grupo sin esta experiencia (11%)— falta mucho para erradicarlas. Es común que las autoridades encargadas de atender a víctimas LGBTTTIQ+ de violencia (incluidas las terapias de conversión), no cuenten con protocolos especializados ni personal sensibilizado para evitar que se les revictimice o malgenerice. El mes del orgullo muestra que, a pesar del aislamiento y soledad que pueden padecer las luchas personales y cotidianas (como la difícil decisión de hacer una denuncia o corregir una instancia de malgenerizacion), cada lucha alimenta el caudal que desemboca en la consecución de derechos, el reconocimiento político, institucional y social. Y todas convergen en la celebración masiva del orgullo colectivo LGBTTTIQ+.

A las pequeñas victorias se suman las mayores y trascendentales, como la del 2015 cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró inconstitucionales las leyes locales que impiden u obstaculizan el matrimonio igualitario. El pasado 2 de junio Veracruz se unió a las entidades de la república que han aprobado y codificado el matrimonio igualitario, sumando 27 estados. Los estados ausentes de la lista —y los más urgentes en el continuo de la lucha—  son Tamaulipas, Durango, Guerrero, Estado de México y Tabasco.

El matrimonio igualitario significa equidad en materias que incluyen beneficios fiscales, de propiedad, de solidaridad, migratorios para cónyuges extranjeros, toma subrogada de decisiones médicas, por causa de muerte y en el registro de hijes, para nombrar algunos. El carácter fundamental de este derecho se visibiliza cuando reconocemos la amplitud de las áreas de vida afectadas por el reconocimiento o no del matrimonio igualitario, y las repercusiones que esto tiene en los proyectos individuales de vida y familia. No olvidemos que fue apenas en 2014 cuando el IMSS, gracias a un dictamen de la SCJN, comenzó a brindar cobertura equitativa y seguro social a las parejas LGBTTTIQ+ en todo el país, de acuerdo a la pauta que ya habían marcado organismos como el ISSSTE y el Infonavit.

Estas son las grandes victorias, las que abren la puerta a que más organizaciones cumplan sus compromisos de inclusión y que marcan la evolución de la sociedad, a partir de la constelación de luchas de todos los tamaños. Previo al fallo de la SCJN de 2014, empresas y personas empleadoras que quisieran otorgar beneficios equitativos en materia de seguro y cobertura médica podían hacerlo exclusivamente por la vía privada, en donde también podían encontrar obstáculos como la falta de vehículos y productos apropiados. Notando la ausencia de mecanismos para brindar beneficios médicos a trabajadores y trabajadoras trans, en el 2019 la empresa IBM negoció con aseguradoras para convertirse en la primera empresa privada en México con un ofrecimiento de beneficios médicos específicamente diseñado para personas trans. Al poco tiempo le siguió Accenture, y comenzaron a brotar más y más iniciativas privadas enfocadas en las personas trans y su acceso a beneficios diseñados para responder a sus necesidades y vivencias particulares. Más allá del impacto que puedan tener estas medidas en los casos particulares de colaboradores y colaboradoras trans en las empresas, también visibilizan al talento trans y reafirman a las personas trans en todos los espacios. Para personas trans más jóvenes quizás significa un aliento y la confirmación de que los esperarán prospectos laborales dignos, competitivos y vanguardistas en el futuro.

Para seguir innovando hacia la equidad y superar lo que se avecina en el contexto mexicano, tres puntos sobresalen por su urgencia e inmediatez:

1. Acompañamiento

Como dicen compañeras integrantes de Aúna, es muy importante que ante retos de la magnitud de una campaña o el llevar a cabo una denuncia, “te acompañen en el coche” y sientas el respaldo que se traduce en la seguridad y fortaleza de abanderar las causas y participar en los procesos. Hay que aplaudir la labor de quienes ya están brindando este acompañamiento y, si tenemos la posibilidad, crear nuestros propios mecanismos de acompañamiento, especialmente si tenemos el privilegio de crearlos desde una posición de influencia organizacional.

2. Liderazgos inclusivos

Toda organización, pública o privada, debe identificar a las personas que están dispuestas a disponer de su capital político u organizacional en pro de los derechos y la inclusión de la comunidad LGBTTTIQ+ y amplificar sus plataformas para aumentar su visibilidad. Al interior de las empresas, estas personas son las que no solo participan o acuden a encuentros, sino que destinan recursos, movilizan grupos y ejercen presión ante todo el ecosistema —la red de proveeduría, la clientela y las personas que ocupan cargos altos o internacionales. En el ámbito público, son representantes locales y nacionales que promueven reformas en pro del matrimonio y los beneficios igualitarios, en contra de las Ecosig, y ahora, a favor del reconocimiento de la identidad de género, con lo que consolidan la equidad y mueven los engranajes más obsoletos y caducos de nuestro sistema.

3. Unión con visibilización plural

Las marchas Pride surgen a partir de las Stonewall Riots de 1969, que fueron enfrentamientos violentos entre elementos de la policía neoyorquina tras la redada del Stonewall Inn, establecimiento reconocido por albergar a la comunidad LGBTTTIQ+. Las líderes de estos enfrentamientos fueron las mujeres trans y de color Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, respectivamente, opacadas en un movimiento que por varios años fue protagonizado por hombres gay, en su mayoría caucásicos y cisgénero. La visibilización es clave para Pride, pero no siempre ha sido igualitaria; por esto se deben promover enfoques diversos que centren a cada grupo, sus intereses y necesidades, especialmente cuando no coincidan con los de la homosexualidad cisgénero y masculina. También se debe continuar destinando recursos y energía a visibilizar modelos diversos para las juventudes LGBTTTIQ+ y el diseño responsivo a cada grupo, pero de una forma unificada y claramente articulada.

Aunque los diálogos y el hetero-centrismo promuevan la visión de que corresponde a la “mayoría” hetero y cis abrir los espacios y las representaciones, es la comunidad LGBTTTIQ+ la que con su singular valentía, resistencia y multitudinosas formas de expresión, innovan y nos mueven a todes hacia la libertad y la pluralidad sustantiva. Algunas veces el cambio significa brindar acceso a personas LGBTTTIQ+ a aquello que se suponía territorio exclusivo de las personas cis-heterosexuales, pero el cambio tiene infinitamente más matices y ya no basta con ampliar el acceso a los sistemas y al mundo diseñado por y para el cis-heteropatriarcado. No se trata solo de que todes se puedan casar sino de repensar los vínculos afectivos y la forma en que planteamos las relaciones sexo-afectivas, para expandir las posibilidades. Así nos lo enseñan la pansexualidad, el poliamor y todas las formas de expresar la sexualidad, el afecto y/o el amor que por años carecieron de reconocimiento y legitimación. Una gran parte de la labor colectiva corresponde a diseñar desde cero y crear desde la particularidad para que no vivamos en el mismo mundo, pero un poco más diverso, sino que en un mundo repensado y diseñado a partir de la diversidad.

* Andrea Terminel Lembert es miembra del capítulo Ciudad de México en Aúna y trabaja como Coordinadora de Tecnología para Hace La Fuerza, una comunidad de mentoría para mujeres profesionales de Latinoamérica. Por varios años se desempeñó como especialista en Diversidad e Inclusión, enfocándose en áreas como Equidad de Género, Inclusión LGBTTTIQ+, Maternidad y Paternidad, y Personas con Discapacidad. Es Maestra en Política Pública por la Universidad de Oxford, y actualmente desarrolla proyectos de emprendimiento social. Editó: Georgina Rodríguez.

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