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Diversas y juntas
Por Aúna
Aúna es una plataforma que impulsa nuevas representaciones políticas con liderazgos de mujeres,... Aúna es una plataforma que impulsa nuevas representaciones políticas con liderazgos de mujeres, para alcanzar mayores resultados en bienestar, justicia y protección del medio ambiente. (Leer más)
Ser política
En Aúna somos políticas: quienes se lanzan a la búsqueda de un puesto de representación pública a través de los mecanismos electorales conocidos, y quienes impulsamos a que lo logren para después seguir juntas recordando, actualizando, empujando, vigilando las agendas que nos han hecho coincidir.
Por Mariana Linares Cruz
26 de octubre, 2021
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Es otoño del 2021 y, como título de novela de Gabriel García Márquez, en México, el patriarca sigue allí. Y seguirá. Hasta que las estructuras se renueven. El patriarca sigue allí se traduce en la vida cotidiana con frases así: “Qué ganas que termine el sexenio”. Decimos, pensamos, leemos, intuimos. Y luego, cuando eso suceda, y llegue otro otoño, nos aferraremos a la posibilidad de que el sexenio termine otra vez. Una ola de esperanza y atrás viene la del desencanto, una de posibilidad antes que la alcance otra de frustración.

Nuestro relato colectivo está caduco: seguimos esperando la llegada al Palacio de un “príncipe azul” que arregle todo con el movimiento de una ceja; pero nos engañamos, de nuevo, y lo sabemos. Sabemos, hace cientos de años, que lo del “príncipe azul” ha sido un cuentito manipulador y muy útil para establecer la relación entre el personaje que gobierna y las  personas que nos sentimos gobernadas (repito: nos “sentimos” gobernadas; la política también es sentimiento). Pero sabemos, hace cientos de años, que eso no funciona: el príncipe azul que una y otra vez llega a Palacio se hace sapo muy rápido y el territorio extenso que le toca gobernar se vuelve estanque: breve, cerrado, agua que no circula, ideas que se van atrofiando, una burbuja en su cabeza mientras todo, afuera, sigue creciendo cual manglar. Pero romper con los relatos que han formado cultura toma tiempo, mucho empeño, imaginación, voluntad y disciplina: eso, sobre todo, porque el sapo siempre quiere regresar.

Ser política es una herramienta eficiente para ahuyentar a los sapos o, si se dejan, entablar un diálogo que permita encontrarles una labor fuera del estanque; ser política es una herramienta creativa para cambiar el color, el oficio y hasta el título nobiliario del príncipe: que se haga útil, conozca o recuerde quién anda fuera del Palacio y ponga sus funciones al servicio de las y los ciudadanos. Ser política es una herramienta colectiva para tejer otros relatos. Estamos cansadas, indignadas, hartas de los mismos cuentitos con final previsible.  Ser política como remedio profundo contra las enfermedades crónicas que han sido mal diagnosticadas y, por consecuencia, aún incorrectamente tratadas. Una herramienta de sanación que mira más profundo que la radiografía siempre en blanco y negro. Ser política, que se distingue de hacer política porque se trata de habitar distintos contextos, tiempos, comunidades, intereses, y no solo accionar en ellos para luego partir porque se terminaron los plazos o los sexenios. Ser política, como una postura que exige constantemente ver y verse, más allá de un cargo público, mucho más allá de un partido político, incluso más lejos  que un solo territorio llamado “país”. Ser política es la posibilidad continua de imaginar otro futuro y llevarlo a cabo hasta que se  haga presente a través de lo personal, lo circundante, lo colectivo.

En Aúna somos políticas: quienes se lanzan a la búsqueda de un puesto de representación pública a través de los mecanismos electorales conocidos, y quienes impulsamos a que lo logren para después seguir juntas recordando, actualizando, empujando, vigilando las agendas que nos han hecho coincidir. Somos políticas diversas y juntas que representamos muchas minorías que se encuentran en objetivos comunes. Imaginarlo parece imposible, pero serlo ha sido aleccionador: hemos entendido, con la propia experiencia de más de un  año de trabajo y con los saberes compartidos de otras compañeras, colectivas, organizaciones, que el concepto de “mayoría” ya no es al que nos aferramos cuando hablamos de construir en democracia. Hemos aprendido, en muy poco tiempo aunque siempre hace falta tiempo, que son las diferencias las que logran encontrar caminos más justos y representativos, y por lo tanto más duraderos. Somos políticas en Aúna las que hoy son diputadas, concejalas o regidoras, lo somos también quienes nos dedicamos al periodismo, las leyes, la educación, las finanzas, el diseño, la cultura, la defensa del medio ambiente, la ciencia, el cuidado de otras personas, la procuración de fondos, el entendimiento de la mente, las negociaciones, las empresas, los sindicatos, el valor de la imagen, la empatía de la comunicación, las crisis políticas, sociales y económicas. Aúnas somos diversas y juntas más de cien mujeres, a  las que cada día se suman, que no trabajamos en los congresos ni en los partidos, sino que encontramos en otros territorios la urgencia de ser políticas para mover la indignación que nos provocan los cuentos repetidos de sapos y príncipes.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebró su Asamblea General el pasado 21 de septiembre. Antonio Gutérres, Secretario General, mencionó en su discurso que la humanidad presentaba los peores índices de desigualdad en la historia. La frase resulta evidente si pensamos en los índices naturales: económicos, educativos, de salud, alimentación o el ejercicio de los derechos humanos. Hay otro índice sobre la desigualdad que normalmente no es parte de los relatos que escuchamos, vemos o vivimos: la participación de las mujeres en la política de representatividad institucional. Desigualdad de participación en la ONU, en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en las Secretarías y Ministerios nacionales, en los gabinetes presidenciales, en las gubernaturas de los estados. Ser política todavía no es suficiente para hacer política en las tribunas tradicionales. Y tenemos que llegar a serlo, a hacerlo. No será en la soledad de un partido ni con las reglas y cuotas que van exigiendo presencia, pero aún no logran que tengamos incidencia en las decisiones. No será recorriendo los caminos que príncipes y sapos ya han acaparado y allanado hasta estancarlos. Será, de nuevo, desde la imaginación y la pericia, desde la colectividad y la diversidad, desde el ejercicio permanente de la escucha activa. Ser política, entonces, también es un reclamo, una resistencia, mucha  persistencia y millones de horas de trabajo.

¡Qué dicha cambiar los relatos! Hacerse responsable de una misma para buscar otros caminos lejos del Palacio. Invertir el tiempo, el talento, la energía en habitar otros espacios sin siglas partidistas, ni lados del cerebro, ni llenos de etiquetas como en las cajitas de cereal. Encontrarse con otras personas, igual de únicas, sin mayorías, que reconozcan la herramienta de ser políticas para transformar el futuro hasta que se haga presente. En Aúna somos políticas, diversas y juntas.

* Mariana Linares Cruz (@mlinarescruz) es periodista y productora.

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